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VICISITUDES DE UN PAISAJE

Yo no busco.

Apartado ni siquiera
me despliego.

Tampoco huyo.

Un paisaje –como un perro-
mueve la cola
hasta olfatearme.
Huellas  persigue
acoplamientos de carne
y tiempo
escenario para instalarse
como una coreografía.

No es fácil para un paisaje
encontrar su propia memoria
un huésped dónde incrustarse
límites para reposar
sangre con la cual fundirse.


TERRITORIO DE SABANA

Me desplazo
sobre un territorio de sabana
áspero y marchito
por esta época del año.

También está dentro de mí
y cuando clavo la mirada
en cualquier árbol
sus ramas se bifurcan
hasta abrirse como flores
en mi carne.

Así florecido
lanzo mis gérmenes
al mundo
entonces el paisaje
cobra vida
y reverdece en las palabras
que ahora claman por la lluvia
y esperan la resurrección.


AÑORANZA DEL PAISAJE

Navego sobre un lago casi mar.

Vientos del este
sacuden la embarcación
hasta extraviarla.

Atroz
la claridad azota la superficie
convirtiendo a las nubes en veleros
que también surcan las aguas.

Una isla
y dos volcanes
podrían emerger de pronto frente a mí
segregados como imagen
por la intensidad misma  de la luz.

¿Acaso ya he venido antes aquí?

Y no sabiendo quién fui entonces
recurro a la añoranza del paisaje
pues no todo está fijado
en estas rutas
y llegar a puerto es todavía
un asunto de espejismos
y recuerdos.

PUNTO CIEGO

Las imágenes están aún
resplandecientes.

Acaban de pasar su prueba de fuego
su lucha por acontecer puras
sin los asedios del olvido.

Anuncian con certeza
lo que nunca hemos sido
y tampoco seremos
-es decir, la realidad-.

Pero más bien
una estampida presagian
un desgarro de vínculos
y ensueños
precipitándose despavoridos
por el punto ciego
de nuestras retinas.