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El 20 de agosto de 2009, por iniciativa del Departamento de Cultura de la UNAN-Managua y organizado por el Lic. Frank Martínez, se realizó un panel para recordar a nuestro Maestro Fidel Coloma González, a 14 años de su fallecimiento, cumplidos el 27 de marzo anterior.

Don Fidel, como yo lo llamaba, fue muchas cosas: Primero que nada, maestro nato, educador y conductor de varias generaciones de profesores de Letras. Además, filólogo, literato, autor de textos de enseñanza del Español, dariano eminente, traductor de obras importantes sobre Rubén Darío, fundador de instituciones académicas, promotor, asesor y colaborador de asociaciones y entidades magisteriales, culturales, estatales; bibliotecario entusiasta.

Varón probo, íntegro en conducta ciudadana, supo ganarse la ciudadanía nicaragüense con trabajo, estudio, profesionalismo, vocación pedagógica y sobre todo, con su identificación y amor por Nicaragua, a la que dio sus mejores esfuerzos y saberes en 40 años de vida (1955-1995), desde su llegada de Chile, país donde nació y se formó, hasta su muerte, dejándonos invaluable legado como maestro, erudito, humanista y persona.

El acto conmemorativo se realizó en el auditorio Carlos Martínez Rivas y cobró brillo especial con la participación de distinguidas personalidades del Magisterio y la Cultura: Profesor y Decano Emérito, Násere Habed López; Académico de la lengua, Lic. Francisco Arellano Oviedo; Rectora de la Universidad del Valle, profesora Socorro Bonilla Castellón (q.e.p.d); poeta y Maestro Pablo Centeno Gómez, Ex-Director de Cultura de la UNAN-Managua y mi persona.

El reconocido periodista Joaquín Absalón Pastora, invitado a participar, compensó su ausencia por motivo de viaje, con un artículo valorativo sobre el Maestro Coloma. El Director de la Escuela de Español, Msc. Roberto Aguilar, dio las palabras de bienvenida y resumió las intervenciones. El evento pasó un tanto desapercibido y he querido recordarlo como un reconocimiento a los participantes. Creo que vale la pena recoger esos aportes y divulgarlos tanto en algún medio escrito como en este espacio: la Cátedra Abierta Fidel Coloma que hoy inauguramos.

Las participaciones de los panelistas y con el sello propio de cada estilo, dieron paso al recuerdo cariñoso, la evocación valorativa, el justo reconocimiento que despierta la figura del profesor Coloma en quienes le conocimos, aprendimos y gozamos de su magisterio, conocimientos, compañerismo, amistad y calidad humana.

Cada uno de nosotros habíamos compartido algunos de los tramos de su fructífera trayectoria en esta siempre convulsionada nación, a la que supo aceptar con todos sus riesgos, amar y asumir plenamente, dándole lo mejor de su persona, hasta decidir que aquí descansaría para siempre, después de cumplir fervorosa y ardua tarea. Así fuimos repasando los diferentes aspectos y facetas de esa vida dedicada a la enseñanza y el estudio permanentes, con proyección en múltiples actividades, ya señaladas al inicio. Y todo ello sin estridencias publicitarias. Porque su actitud ante la vida fue siempre sabia y modesta, rigurosa en exigencia intelectual y digna por conciencia profesional y moral. Vida que se hizo trascendente como consecuencia natural del valer, saber y hacer.

Yo diría que esas tres virtudes: valer, saber y hacer, forjaron el espíritu que animó la creación de un proyecto educativo revolucionario en su época, que él, junto a su compañero de tantas jornadas pedagógicas, profesor Násare Habed López, idearon y compartieron con otros ilustres educadores: Profesor y poeta Guillermo Rothschuh Tablada (galardonado por la Fundación Luisa Mercado como mejor maestro de Nicaragua 2010). Doctor y profesor Pedro J. Quintanilla, Profesor Julio C. Hernández (estos dos últimos ya fallecidos). Contaron con el decidido apoyo del Rector Mariano Fiallos Gil.

Me refiero, por supuesto, a la fundación de la Escuela de Ciencias de la Educación, antecedente de la actual Facultad de Educación e Idiomas, la mayor de nuestra Alma Máter, que este año celebramos en el Cincuenta Aniversario de Ciencias de la Educación.

Hay razón entonces para otorgar medallas 50 Aniversario a esos fundadores, cuyos ideales, talentos y entusiasmo superaron toda limitación y desarrollaron un proyecto que significó la profesionalización del magisterio nacional y en consecuencia, el avance y modernización de la educación nicaragüense, en medio de los vaivenes marcados por nuestra convulsiva historia.