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En la obra de teatro que es la vida, escenificada en el escenario del mundo, en la mayoría de casos los personajes van rotando en sus papeles.
2012: Homero Aridjis, uno de los más importantes poetas mexicanos de la actualidad, llega a Granada invitado a participar en el Festival Internacional de Poesía.
1981: la analepsis nos presenta al mismo personaje como el organizador del festival poético que han llamado “la convergencia de los astros”, pues logró contar con la presencia de Jorge Luis Borges, Pablo Antonio Cuadra, Octavio Paz y varios ganadores del Nobel de Literatura.
Gracias a su experiencia, Aridjis dijo con propiedad que los festivales de poesía tienen un momento histórico pero es difícil mantener el poder de convocatoria, y ese precisamente es uno de los grandes méritos de este festival de Granada, que ha mantenido el interés durante ocho años, “y eso no es fácil”.
Este escritor polifacético (poeta, narrador y expresidente del PEN Internacional) se mostró en los inicios de su obra como el poeta del amor y de la naturaleza, pero la realidad de su país hizo que volcara su mirada y su pluma hacia su mundo circundante.

¿Qué piensa de que Juan Rulfo dijera que su poesía no es erótica sino de amor?
“Juan Rulfo es muy especial, siempre tenía comentarios no convencionales. Le gustó mi libro y casi coincidió con Octavio Paz en que mi poesía tiene amor. Muchos vieron lo erótico pero no supieron descubrir que en ello estaba la esencia del amor.

¿Al leer su obra pude advertir que hay recurrencia en el uso de la figura de los pájaros, ¿a qué se debe?
“Ellos han sido muy importantes para mí. Crecí en un pueblo pequeño del centro del país. A mi madre le gustaban mucho los pájaros y había muchos en los árboles. Ella tenía pájaros en jaulas y los adoraba, así que desde niño lo primero que oía al iniciar el día eran pájaros y al finalizar también. A mis dos hijas les gustan. En México tenemos un jardincito pequeño  en casa y ahí les damos alpiste a los que vienen, aunque no hay muchos porque es en plena ciudad”.

¿Tienen algún significado especial?
“Sí claro. Me gustan mucho porque son los animales del aire, representan mucha libertad y belleza, porque hay pájaros bellísimos con una escala de colores que parecen pintados. El vuelo es hermoso y  la manera en que representamos a los ángeles me evoca la esencia de la comunión con las aves, porque significa que el hombre puede ponerse las alas de los pájaros y ser ángel”.

Háblenos un poco del misticismo en su obra
“He escrito un libro sobre ángeles pero creo que lo más representativo en esta temática es mi libro La leyenda de los soles. Está basado en que la mitología mexicana dice que el quinto sol que es el sol bajo el que estamos viviendo, va a terminar por terremotos. Los soles anteriores han terminado por agua, por inundaciones y vientos, pero el actual es el sol del movimiento, Ollin-Tonathiú, que acabará por terremoto en el 2027, que es cuando  termina un ciclo de tiempo en la  mitología mexicana azteca”.

¿Considera que inauguró las novelas que presentan la pandemia de violencia mexicana?
“Mi libro Sicario deviene de una experiencia que empecé a vivir cuando en 1997 fui elegido presidente del PEN Club Internacional, y en el grupo de los 100 estábamos en campaña oponiéndonos a la Mitsubishi de Japón y al gobierno que querían hacer una salinera en el santuario de la ballena azul en laguna San Ignacio. Además, en México había habido una reunión sobre los atentados contra la libertad de expresión, y fui uno de los que habló sobre las amenazas y hostigamientos a los periodistas en México. Todo esto me hizo objeto de amenazas de muerte. Me decían: “Te tenemos en la mira, te vamos a cortar las orejas”… De inmediato, levanté acta y un organismo de seguridad me puso guardaespaldas durante un año”.
“En ese tiempo hice una especie de diario de actividades acerca de cómo llegaban y qué hacían los guardaespaldas también, porque un amigo me dijo que no sabíamos si me los habían puesto para protegerme o para vigilarme, y paralelo a mi experiencia  recopilaba lo que estaba pasando en México y prácticamente así construí  la primera novela de ese género.”
“En cuanto a “Santa Muerte”, esa la escribí porque es un culto muy especial que no tiene nada que ver con el Día de Muertos, y es que la gente marginada de mi país ha hecho a la muerte una santa, así como veneran a la Virgen de Guadalupe homenajean a este esqueleto que le ponen peluca y la visten en altares. Le rezan prostitutas, narcotraficantes, secuestradores, ladrones de carros, policías, todos los que viven en una situación de riesgo y de peligro la veneran, y ahora se ha extendido tanto, que tiene como dos millones de seguidores”.

¿No teme por escribir este tipo de relatos?
“La mayoría de artículos y relatos los convierto en ficción porque no son crónicas periodísticas, pero están basadas en una experiencia personal y la ficción me permite disfrazar muchos hechos para que no sean trazables por algunas personas, porque de pronto pueden sentirse descubiertos”.

¿Hacia dónde cree que va México con el flagelo del narcotráfico?
“Es un problema mexicano, latinoamericano y global, el consumo es casi parte de la cultura norteamericana que genera enorme violencia en los países proveedores, que solo puede resolver una coalición de países porque se extiende... No sabemos cómo se va a salir”.

-¿Cómo ve la situación de los periodistas en su país?
“La situación del periodismo en México es compleja, y lo peor es que los medios a veces se aprovechan de jovencitos novatos a los que los mandan a cubrir los asesinatos o noticias ligadas con el narcotráfico, y sucede que los matan y talvez ni siquiera les pagaron porque no tienen ni contrato; en su primer trabajo los asesinan y pasan a ser un número: el periodista 67 asesinado en tal lugar. Hace dos domingos el PEN denunció esta situación y varios Nobel firmaron el documento en el que pedimos protección para los periodistas porque indigna que México sea un país mágico, donde hay asesinados pero no hay asesinos.

¿Cuál fue su principal aporte en el PEN?
“Cuando llegué al PEN me tocó modificarlo porque estaba muy obsoleto, era muy europeo, así que empecé a reformar sus estatutos y entre los cambios que encabecé destacan la autonomía de los centros y el español como tercera lengua.
Cuando entré al PEN tenía que hablar inglés, y aunque lo hago, me sentía en desventaja frente a los nativos. Había como una especie  de discriminación por idioma, porque además había poca representación latina, por eso impulsé que se usara el español. Los franceses se opusieron más porque se sentían amenazados; creían que el español podría desplazar al francés”.
De hablar pausado y noble trato, Homero Aridjis es una de las principales figuras que asistieron a la octava edición del Festival Internacional de Poesía de Granada. Al margen de su brillante literatura, su amor por la naturaleza, impregnado en cada uno de sus versos, lo ha llevado a convertirse en uno de los ambientalistas más sobresalientes de Latinoamérica, de ahí que uno de los méritos que lo consagran a la inmortalidad  es que es el fundador del Grupo de los Cien, una asociación de intelectuales prominentes que han enarbolado la verde bandera de la ecología. Y en esa línea dijo:
“Nicaragua debe defender su derecho al agua, su derecho en el Río San Juan, el agua es el oro azul y es el futuro no solo de la naturaleza sino también de su población entera”.

 

“Indigna que México sea un país mágico, donde hay asesinados pero no hay asesinos”

 

Poeta del amor
La poesía de Homero Aridjis es un símbolo del amor. Su obra es muy bella, sobre todo en el sentido de la expresión, que en él es muy original, muy nueva. Trata sus temas de una manera limpia. Debo aclarar que sus intenciones poéticas no son eróticas en el sentido que generalmente se da al erotismo, sino amorosas. Digo de Aridjis que es un poeta del amor, en el sentido más noble.

Juan Rulfo

 

Homero Aridjis
Homero Aridjis (Contepec, Michoacán, México; 6 de abril de 1940) es poeta, novelista, activista ambiental, periodista y diplomático. Ha publicado 41 libros de poesía y prosa. Entre sus múltiples reconocimientos se cuentan el Premio Xavier Villaurrutia 1964 al mejor libro del año por el poemario Mirándola dormir (el escritor más joven en recibirlo), y el Premio Literario Novedades y Diana 1987-1988 por Memorias del Nuevo Mundo.

 

 

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