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Buenas noches: Quiero agradecer al doctor Antenor Rosales, Presidente del Banco Central de Nicaragua, la generosa invitación que me ha hecho, para presentar en esta gratísima ocasión el libro de mi buen amigo y compañero, doctor Erick Blandón Guevara, Discursos transversales. La recepción de Rubén Darío en Nicaragua. Y también quiero agradecer la presencia de muchos colegas y amigos que han venido a acompañarnos  en esta noche en la que seguimos hablando de un tema inagotable: el de nuestro gran poeta Rubén Darío.
Hace algunos años, Eduardo Zepeda Henríquez señalaba la falta de profesionalidad y de carencia de método científico en la crítica nicaragüense, encerrada en los moldes tradicionales de la valoración impresionista, subjetiva, de la obra literaria. Por eso mismo, Zepeda Henríquez, con espíritu renovador en los años sesenta, se dio a la tarea de estudiar a Rubén Darío desde la aplicación de los principios metodológicos, aún en boga en lengua española, de la “estilística”, que consideraba el estudio y análisis de las obras literarias en sí mismas o, lo que Wellek y Warren denominaban el estudio intrínseco de la literatura distinguiéndolo como el más natural y adecuado. Sin embargo, mucha agua ha corrido desde entonces bajo los puentes y la crítica literaria actual en el mundo va por otros caminos sin restar importancia, por supuesto, a la comprensión estilística de la obra ni a sus aportes fundamentales aún vigentes.
No tengo tiempo ahora para señalar algunos de los nombres que en Nicaragua, desde hace algunos años, y casi siempre individualmente, sin ninguna ayuda oficial o de otra índole, han tratado de sustentar sus estudios críticos con evidentes métodos “objetivos”, “científicos” o llamados simplemente “modernos”, pero sí tengo tiempo para decir que los libros del doctor Erick Blandón, que constituyen en verdad una sola obra, en el sentido de la unidad que presuponen, Barroco descalzo (2003) y su continuación, Discursos tranversales. La recepción de Rubén Darío en Nicaragua (2011), son la otra cara de la moneda, la vuelta de tuerca al inmanentismo estilístico, y, sin lugar a dudas, marcan un nuevo modo de entender la cultura y la obra literaria en Nicaragua. No olvidemos que el doctor Blandón  ha forjado sus armas de  crítico literario, primero, en la Facultad de Ciencias de la Educación de la UNAN, Managua,  donde fue un excelente alumno y distinguido profesor reconocido además por sus compañeros y profesores como un auténtico poeta, narrador y militante  revolucionario y luego, como becario de élite y profesor también en  las universidades de Norte América, donde actualmente se enseñorean las famosas Escuelas que Harold Bloom llama del Resentimiento, feministas, marxistas, lacanianos, neohistocistas, descontruccionistas y semióticos. Como se sabe, estas tendencias han provocado discusiones acaloradas acerca del uso y valor de las normas literarias tradicionales. La atención que, desde hace algún tiempo, reciben ciertas clases de obras, desconcierta en la medida en que ponen en cuestión la “excelencia literaria” a cambio de su representatividad cultural. Se dice que la selección de textos para su lectura y  estudio no obedece ya a criterios específicamente literarios sino políticos, institucionales o de otra índole de tal manera que han trascendido el ámbito académico universitario hasta llegar incluso a los medios de comunicación de masas.
 Y es precisamente en este contexto donde debemos situar la personalidad crítica del doctor Blandón, que  aúna en las obras mencionadas su magnífica formación académica y su espíritu crítico en contra del sistema establecido y sus  engañosas verdades.
Para mí el principal mérito de la obra del doctor Blandón es su notable erudición, su ecléctico rigor metodológico, que lo salva de todo posible maniqueísmo, y su clara redacción expositiva y argumentativa, que lo hacen a todas luces convincente. Si ya en uno de los capítulos de Barroco descalzo nos había desvelizado cómo los vanguardistas con sus intereses creados, políticos e ideológicos, hicieron de Darío un icono, un símbolo de la cultura católica, mestiza, hispanohablante y conservadora, propia de la región del Pacífico, discriminando el protestantismo, las crónicas de indias, la literatura colonial y las literaturas orales y, en fin, todo aquello que oliera o discrepara con el proyecto nacionalista que ellos defendían, en Discursos transversales el doctor Blandón va todavía más allá.
En los cinco capítulos de que consta esta obra, verdaderos ensayos cada uno de ellos, realiza un repaso socio-histórico, acucioso, basado en fuentes fidedignas de primera mano de la valoración que se ha hecho de la excelsa figura de Rubén Darío, a partir de fines del siglo pasado hasta hoy, desde los circuitos del poder y de las clases dominantes locales. El resultado dialécticamente hablando no puede ser otro que el retrato de un poeta multifacético, heterogéneo, moderno, universalista, con claras dudas y contradicciones, que ve en Europa, principalmente en París, una superación del asfixiante provincianismo nacionalista que lo rodeaba. En efecto, ni la obra ni la personalidad de Darío se corresponden con la trazada por los estudiosos darianos nicaragüenses, especialmente de los vanguardistas. Estos vieron en nuestro poeta a un representante de la identidad nacional considerada dentro de la estrechez de  las fronteras patrias.
A mi juicio, los argumentos y razonamientos que erige el doctor Blandón en contra de los vanguardistas  constituyen lo más jugoso y exquisito de su obra. Y no es para menos. Ellos son los responsables de la visión que se tiene de Darío en la crítica nicaragüense, como un poeta apolítico, encerrado en su Torre de Marfil y ajeno a las circunstancias históricas, que sólo le preocupaban cuando quería expresar su acendrado hispanismo. Con aire polémico y fuego abrazador, el doctor Blandón desgrana cada una de estas ideas, que se han convertido en tópicos de la crítica de Darío en Nicaragua, y las va rebanando con su escalpelo hasta dejarlas desnudas y en puro hueso. No se le escapa nada. Se trata de leer entrelíneas para descubrir el sentido subyacente de los textos. Y si es necesario caer en la retórica, haciendo gala del poeta que lleva dentro, para decir lo que piensa no duda en utilizar la hipérbole y la aliteración: a Darío, afirma con fuerza, “lo han hecho devenir monumento monolítico de una inmutable identidad nacional.”
Ahora bien, Darío como todo gran poeta abarca la totalidad del mundo. De ahí que haya muchos caminos, lecturas, “vetas” para acercarse a él. El camino escogido por el doctor Blandón en su obra, donde se mezclan el historiador y el ideólogo, el crítico multiculturalista y el experto en la Teoría de la Recepción, no había sido transitado por los estudiosos darianos, por lo menos con tanto rigor y sabiduría que yo sepa. Es por eso que su obra es pionera y ejemplar, aunque también es probable que muchos no compartan algunos de sus postulados y conclusiones. El crítico que no se arriesga o no es crítico o le falta personalidad. No importa. La polémica está servida. Las voces que disientan pueden venir de los retardatarios, que tanto despreciaba Darío, o de los nostálgicos de las enseñanzas de los abuelos, o de los esteticistas. Con todo, el doctor Blandón ha cumplido con una de sus asignaturas pendientes, de la que tantas veces hemos conversado en nuestros encuentros: cuestionar con seriedad la herencia cultural que hemos recibido del Movimiento de Vanguardia, que aún perdura, y poner al día la crítica literaria nicaragüense desde las corrientes hermenéuticas, interpretativas y sociohistóricas actuales.
Muchas gracias.

* El doctor Antenor Rosales dejo de ser presidente del BCN, recientemente.

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