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Hoy estamos dando inicio a esta nueva columna. Será un espacio donde semana a semana podrán encontrar un tema referente al aspecto nutricional y al estilo de vida saludable.

Este es un tópico de interés común, ya que en los últimos 40 años se ha observado cómo se ha incrementado la obesidad y la frecuencia de muertes por enfermedades de origen cardiovascular (infartos cardiacos y cerebrales).

Se sabe que gracias al auge de la industria alimenticia hay una mayor oferta de comida procesada altamente calórica (exceso de grasas y azúcares) que combinada con una vida ajetreada, llena de compromisos, exceso de tiempo frente a cualquier pantalla, y menos posibilidad de hacer ejercicios, han hecho que nuestro organismo reciba una mayor cantidad de energía de la que gasta, y por tanto, la transforma en depósitos anormales de grasa. De esta manera se ha desarrollado la epidemia de obesidad y enfermedades de alto riesgo para nuestro sistema cardiovascular como son diabetes, hipertensión, alteraciones en el colesterol y triglicéridos, etc.

Todas estas enfermedades que mencioné previamente tienen un componente genético para su desarrollo, pero su aparición, prevención y además su control cuando ya están establecidas dependen en gran medida del estilo de vida que llevemos.

En 14 años de trabajar diariamente como médica diabetóloga y nutrióloga, he tenido la oportunidad de observar cómo todos tenemos a nuestro alcance importantes herramientas que permiten que nuestro organismo se desarrolle de forma normal: sano, física y mentalmente. Estas herramientas son los alimentos.

Desde pequeños hemos consumido los alimentos de forma natural, poco a poco fuimos adoptando las costumbres y adquiriendo la “cuchara” de cada una de nuestras familias. Sin embargo, estas costumbres en ocasiones tan arraigadas no son las más adecuadas y convenientes, en cuestión de salud para nuestro organismo.

Viendo cómo el sobrepeso, obesidad y enfermedades derivadas van deteriorando nuestra salud, nos vemos en la necesidad de aprender la forma de obtener el mayor beneficio de esta herramienta que les mencioné. Debemos ser más selectivos al escoger los alimentos, al ingerirlos, al prepararlos, hay que aprender que no se trata de comer por comer, realmente cada bocado de comida es fuente de vida y salud, somos los únicos responsables de cuidar nuestro cuerpo, esta responsabilidad nos hace estar anuentes a asumir un estilo de vida más saludable.

Solo quiero enfatizar que mi propósito no es enseñar a hacer “dietas”, sino poder transmitir cómo comer saludablemente, ingiriendo la cantidad, calidad y combinación adecuada de alimentos que nuestro organismo necesita.

Para esto, debemos conocer acerca de ellos, de sus beneficios y bondades, combinarlos en forma adecuada y sacarles el mejor provecho. Los invito pues a que me acompañen en este nuevo proyecto, y que asuman el reto junto con su familia de querer vivir mejor, vivir más sanos.