•  |
  •  |

Lejos, muy lejos en el tiempo han quedado los días en que se decía que las enfermedades eran castigo que el Señor enviaba a las personas que se habían desviado de la fe.

El avance de la ciencia médica fue demostrando que muy por el contrario, el hombre suele ser quien causa sus propias enfermedades, desde lo individual (que no respeta su propio cuerpo en lo que respecta a su alimentación y cuidados, prefiriendo los malos hábitos como el alcohol y los cigarrillos, a la vida sana), hasta lo colectivo (las comunidades sociales contemporáneas destruyen el medio ambiente en el que viven, haciendo que la calidad de la vida humana descienda a niveles tan bajos como quizás nunca tuvo, y provocando todas las condiciones para el desarrollo de las enfermedades, desde la sicosomáticas a lo infectológico. Abandonar la idea de la enfermedad como castigo de Dios tiene un aspecto sumamente positivo, no hace falta decirlo. Sin embargo, en muchas ocasiones cuando alguien es atacado por alguna enfermedad, especialmente si esta resulta de cierta gravedad, la persona suele sentir que se trata, sino de un castigo en el viejo concepto de la idea, sí de una especie de justicia o de ensañamiento del Señor, al permitir que esa desgracia caiga sobre ella. ¿Por qué a mí?, se pregunta.

La enfermedad no es un castigo de Dios como se decía en la antigüedad, pero Dios sigue siendo el mejor de los médicos. Dicho de otro modo, sin la fe ninguna maravilla de la ciencia podrá hacer nada contra la enfermedad. Este es un hecho largamente comprobado por la medicina: la ciencia dispone de todos los medios para luchar y derrotar a la gran mayoría de las enfermedades contemporáneas, pero necesita como condición excluyente de la fe, la voluntad del enfermo, el deseo de curarse.

El médico no cura a quien él quiere sino a quien puede, y para ello necesita del aporte del paciente. Solo la fe, la voluntad, el deseo de conservar la salud, son los elementos que permiten que una terapia médica tenga buenos resultados.

Una actitud negativa pone en riesgo la vida

Son incontables los casos que suceden diariamente en el mundo, de pacientes que responden a determinado tratamiento mucho más allá de las expectativas de los médicos. Así como también suele verse con cierta frecuencia que un paciente que debe enfrentarse, por ejemplo a una cirugía simple, y su estado anímico es depresivo, padece durante la intervención de algún trastorno cardiológico que pone en riesgo su vida o directamente acaba con ella.

Pueden faltar los medicamentos y aún así el paciente puede luchar con buenas posibilidades, pero nunca debe estar ausente el poder de la fe en cualquiera de las formas. Una férrea voluntad y presencia del ánimo proceden del amor y el afecto con que puede contar el enfermo. Esos poderes son los que en última instancia, presentan la gran batalla a la enfermedad, y por tanto recurrir a Dios en estas circunstancias es, una vez más, la mejor de las decisiones.

Tome nota

Textos de estudio de PENELOPE.  Parapsicóloga.  (Código 95703, Profesional  School, 2002.) Terapias alternativas para tu control mental y mejorar tu calidad de vida.  Consejería en tus problemas laborales, de negocios y sentimentales.   Especialista en la interpretación del tarot y las cartas de los ángeles.   Atiende de lunes a sábado de 9 de la mañana a 5 de la tarde previa cita.  Teléfonos: 2255-3586 / 8688-5607. Managua.