•  |
  •  |

I

En las noches profundas

pobladas de silencio,

desnuda de artificios

sale el alma transida

en busca de respuestas.

 

¿Quién vendrá al encuentro

de sus ansias de misterio?

¿Quién tiene la clave

de todos sus enigmas?

¡Sólo Tú, Señor, puedes brindarle

el bálsamo que calme

su inquietud de siglos!...

 

II

Siempre le he temido

a ese paréntesis de vida

-anticipo de muerte-

que es un sueño profundo

-breve negación del ser

corto paseo por la nada-.

¡Aborrezco el inconsciente!

-el alma corre desnuda por un túnel-.

Imagino que la muerte

es la progresión geométrica

de un sueño profundo

del cual sólo Cristo nos puede despertar...

 

III

Sería bello

acudir al encuentro definitivo

-desprovisto ya de cuerpo,

íngrima y desnuda el alma-

sin otro equipaje

que una rosa de amor

entre las manos.