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Se supone que todos nacemos sabiendo respirar, ya que de otra forma moriríamos inmediatamente después de salir del vientre de nuestra madre. En cierta forma, nacemos sabiendo, pero a medida que nos vamos convirtiendo en mayores olvidamos nuestra sabiduría inicial, o bien, vamos adquiriendo malos hábitos y dejamos de hacer las cosas como las hacíamos al principio.

Un recién nacido tiene más facilidad para sobrevivir si cae en una piscina que un adulto o un niño de tres años que no sepa nadar, ya que el bebé actúa sin temor y por instinto, mientras que el niño y el adulto ya tienen suficiente información como para espantarse por encontrarse de pronto bajo el agua.

Los peces saben respirar bajo el agua, pero los humanos, mientras la tecnología no ha dicho lo contrario, hemos tenido que tomar el aire de su fuente principal: la atmósfera; que lo hagamos correcta e incorrectamente ya es otra historia.

Para respirar mejor

Para respirar bien, o al menos respirar mejor de lo que respiramos habitualmente, podemos seguir los cuatro pasos de la respiración:

Tomar conciencia de que respiramos, despertar la mente al acto de respirar, sentir como si pasa el aire por nuestras narices, como pasa por nuestra garganta, cómo llega a los pulmones y cómo se distribuye, convertirlo en energía por todo nuestro cuerpo. Después de que haya recorrido nuestro organismo convertido en energía, hay que imaginarlo recogiendo las toxinas de nuestras células, acercándose de nuevo a los pulmones con su negra carga, y emergiendo por nuestra garganta para salir finalmente convertido en aire sucio por nuestra boca o la nariz. Por ello solo tenemos que relajarnos y pensar en el aire acompañándolo mentalmente por todo su trayecto, desde que entra hasta que sale en cada acto de inhalación y exhalación.

Inhalar pensando que este acto representa la creación, la generación, el principio de la vida que nos sustenta, porque inhalar inicia todos los procesos de nuestro organismo y pone en funcionamiento todas nuestras células. Inhalar nos ayuda a despertar la mente, porque el aire es vida y da energía a nuestro cerebro.

Retener el aire dentro de nuestro organismo, porque de esta manera estamos significando la preservación, la contención y el dominio sobre nuestra mente. No hay nada como retener el aire para que adquiramos conciencia de que estamos respirando, y de que en cierta forma al respirar tenemos dentro de nosotros el soplo divino.

Inhalar pensando que echamos fuera de nosotros todos los tóxicos internos, al mismo tiempo que liberamos una materia necesaria para otros seres vivos. Soltar el aire es análogo a desprendernos de cualquier otro peso, significando la disolución, la generosidad y la liberación.

 

Notas de estudio de la profesora Magnolia. Parapsicóloga. Te ayuda a resolver tus problemas en el amor, contra envidia, mala suerte, estudio, trabajo y negocios. Lectura del tarot y las cartas del trabajo. Amplia gama de productos esotéricos de efecto verdadero. Atiende de lunes a sábado de 9 de la mañana a 6 de la tarde, en el barrio Santa Ana, de la iglesia de Santa Ana, ½ c. abajo, casa #2010. Teléfonos:2266-2262 Celular: 8699-0842

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