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Presentación

Hay quienes dicen –más bien sotto voce porque, según creo, nadie se ha atrevido a imprimirlo en una cuartilla, menos aún en una hoja de periódico o de revista- que la narrativa de Sergio Ramírez es “impersonal”. Se trata de una tímida reconvención que, con demasiada frecuencia, proviene de los detractores políticos locales del autor, que no obstante suelen admitir su incuestionable talento y la indiscutible calidad literaria de su obra.

Pero, más que reproche, la endeble muletilla de que “en sus narraciones Ramírez nunca se muestra a sí mismo”, además de falsa en muchos aspectos, es un ingenuo e involuntario elogio a una de sus mayores destrezas: el pleno y absoluto dominio del instrumental narrativo, del cual hace alarde en cada uno de sus relatos de ficción. Se trata también de la admisión despistada de una de las mayores cualidades que debe poseer un narrador moderno: la inagotable capacidad de experimentar técnicamente, ocultando o camuflando con variable y creativa habilidad, la focalización narrativa central de un relato, para luego diluirla naturalmente a través de un dominio magistral del lenguaje o los lenguajes que le requieren al autor las diversas estrategias auto-impuestas en cada obra.

“Si yo no hubiera existido –dijo una vez William Faulkner-, otro cualquiera hubiera escrito en mi lugar… El autor carece de importancia, lo importante es lo que ha creado”. Más tarde, el norteamericano reiteraría esa idea al recibir el Premio Nobel de Literatura en 1949, aclarando en su discurso de aceptación que tal recompensa no le había sido otorgada a él como hombre, sino a su obra.

Basta esa noción del trabajo literario, del esfuerzo narrativo cuando es concebido como arte verdadero, para obviar los reproches de “impersonalidad” a la obra de Ramírez. Y es precisamente esa cualidad (entre otras como la disolución de fronteras entre realidad y fantasía, entre historia y ficción) la que he pretendido destacar en este ensayo, que por tal razón he titulado Ejercicios de estilo. Porque, como Faulkner, Ramírez no ha dejado de ser nunca un gran experimentador, un ejercitador de lenguajes.

Técnicamente, pocas obras suyas logran asemejarse entre sí demasiado. Tanto en sus novelas como en sus narraciones cortas, es notable el constante afán de experimentar con nuevas o distintas voces, lo cual revela su maestría para sacar suficiente partido de la riqueza inagotable del lenguaje y sus diversas variantes idiomáticas, así como de los constantes cambios de estilo a los que permanentemente éste se somete.

Este trabajo es el fruto de la reunión probablemente armónica de una serie de apuntes, reseñas, artículos, entrevistas y breves ensayos (algunos publicados, otros hasta ahora no) acumulados entre mis papeles a lo largo de cierto tiempo. Una primera versión bastante más breve fue publicada por primera vez en la revista Encuentro (No. 82), de la Universidad Centroamericana (UCA), en Managua, luego que fuera seleccionada como finalista en el Certamen Latinoamericano de Ensayo convocado por esa revista en el año 2009.

Ahora está en las manos del lector esta nueva versión, enriquecida con otros apuntes, en ocasión de los cincuenta años de carrera literaria y setenta de vida de Sergio Ramírez. Mis parabienes.