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 él acabó ciego… -dijo la mujer que estaba a mi lado hablando con otra junto al estante del supermercado. No supe más que eso que oí, aunque por alguna razón me interesó eso, de tal manera que me quedé esperando qué más decían; pero la otra mujer dio la vuelta a un lado dando por terminada la conversación.

Así que yo me quedé raramente interesado… ¿por qué? - esa pregunta me la hice varias veces y lo que entendí de ciego, era lo que realmente me interesaba… -¿quién acabó ciego?

-¡Vaya!.. -me dije. Sobre eso podría inventar muchas cosas. Poner ciegos a diferentes individuos inventando diferentes tipos y maneras de ser… etc... ¿Qué se yo..? Pero sigamos el caso; yo estaba… ese era el asunto, interesado en esa tontera…

-¿Quién carajo tenía que estar ciego?, pues...

Ahí iba entonces… dándole entrada en mi mente para empezar a ver si podía hacerlo ajustado al interés raro que me había cogido.

De esa manera decidí que mi ciego escogido sería un violinista.

¿Por qué razón…? …la que fuera.

La cuestión estaba en que yo tenía ya al personaje en mi escrito y sobre ese personaje iba a hablar enseguida.

Algo que me motivó fueron mis recuerdos… principalmente mi tiempo encantador de lo que fue ma belle época en Paris.

Venía yo pues, esa vez caminando por uno de los grandes pasadizos que cruzan por dentro los metros en el corredor de la Estación CHATELLET. A la orilla del muro estaba parado un violinista ciego, con su sombrerito negro sobre el suelo para limosnas y con su violín tocándolo dulcemente.

Con disimulo me paré a su orilla y noté, claro, que el violinista sintió mi presencia porque se inclinó a un lado simplemente; entonces yo me animé y primero dejé caer algunos monedas sobre el sombrerito; y luego le dije -...Permítame quedarme a su lado… -él solo movió el hombro…

-Es que me gustó mucho oírle tocar su violín -le dije… -él me dijo: –bueno.

-Hay algo -le empecé a decir, iniciando ya una conversación–, es que yo admiro… y me llena de admiración, que EL VIOLÍN es el único instrumento musical que se acaricia poniéndole la mejilla encima como acariciándolo con amor… -le dije.

El dejó un ratito su violín y se sonrió, moviendo la cabeza afirmativamente, mientras volvía a seguir tocando en la misma forma amorosa.

De vuelta a mi casa me acordé que yo tenía apuntado sobre ese asunto algo en una de las páginas vacías de un mi libro viejo… y ahora lo copio… ¡a ver…!

Las ideas en la mente de uno se dan como imágenes. Son las imágenes el cuerpo liviano que va sobre la línea del pensamiento. Esas cosas forman los objetos. Es así como se ve y se oye. De esa manera imaginativa suceden pues, los fenómenos de relación; de tal manera que es con ideas que se pasa de la vista al oído y es en el oído donde se recogen los sonidos verdaderos que son los sonidos que marcan las ideas.

La palabra entonces cuenta así con sus propios elementos de poder decir; pero esto no es tan simple, siendo que existe siempre como unidad, apareciendo de esa manera el origen puro de lo que es la nota musical.

Después de tener estos pensamientos volví por los largos corredores del metro de CHATELLET, y me acerqué al ciego que estaba tocando su violín junto al muro. Tomé unas monedas y se las eché al sombrerito que tenía en el suelo, lo cual hizo que el ruido de las monedas le llamara la atención, dejando él de tocar en ese momentito. Entonces yo le dije: -¡es admirable cómo usted al tocar su violín repite el momento cuando lo acaricia poniéndole su mejilla encima!

Él volvió su cara a mi lado; entonces yo seguí: –sin embargo, ese instrumento que es para usted amoroso también es un instrumento de trabajo: -¿ N ´ est pas? -y para congraciarme le dije: -ce devient dans l’experience du miracle poetite-

Él volvió su mirada a mi lado y levantado el violín me dijo:

-C ´est ma vie.

Y volviendo a tomar el violín exclamó como hablando solo:

-… Au your pour your.

 

20/09/2012