• |
  • |

Los miembros del equipo curatorial de la Octava Bienal de Artes Visuales Nicaragüenses hemos considerado pertinente en esta oportunidad formular cambios en la forma de operar que tradicionalmente ha seguido la Bienal con el fin de movilizar actualizaciones, tanto en las bases que sostienen el evento como en las proyecciones que hasta hoy ha alcanzado.

El mundo entero repite inercialmente que hay movimientos y cambios que exige la llegada del nuevo siglo, como si el cumplimiento del calendario por sí mismo implicara la aparición de un ánimo renovado y el cierre de ciclos vitales. Lo cierto es que estamos en un mundo radicalmente distinto desde que se aceleró la revolución cibernética en las últimas décadas del siglo XX y desde que el espacio virtual empezó a ganar un poder tan autónomo, que lo ha hecho sentir casi corpóreo, sin que los programas entre los cuales se desempeña nuestra cotidianeidad hubieran cambiado en proporción adecuada a los escenarios que se han abierto. El hecho de que nos hubiéramos dotado masivamente de computadores, bases de datos, celulares y aparatos digitales, así sean sofisticados, no comporta un desplazamiento realmente significativo.

Las cientos de dinámicas y propuestas que surgen cotidianamente con las oportunidades que abren los nuevos sistemas rebasan con fuerza las estructuras con que contamos, aun cuando se consideren modernas o de reciente aparición.

Hay una eclosión de posibilidades y de formas de acción que no se puede resistir diseñando penalidades o formas de espionaje y persecución para quien rebase o quebrante las que hasta el momento han sido las fronteras legítimas. Los sucesos que han cambiado tanto el panorama al que estábamos habituados requieren mucha observación atenta y relacional en aras de plantear inclusive otras condiciones éticas y otras maneras de habitar el planeta.

El atraso en el que nos encontramos en cuanto al reemplazo de programas y planteamientos no es un asunto cualquiera y, en tanto, tiene que ser atendido con dedicación y urgencia.

Pero antes de que la cibernética tomara forma masiva, el mundo ya se había convertido en otro, que ni siquiera se hubiera podido imaginar, desde que inició la odisea en el espacio y se empezó a soñar con extender la conducta colonial mucho más allá de este planeta, el cual, a pesar de recorrido, fotografiado y pretendidamente analizado, aún permanece revelando magnánimos secretos. El espacio ha crecido hacia adentro y hacia fuera en proporciones que están más allá de los recursos de elucidación con los que contamos, no obstante su novedad, diferencia, multiplicidad y potencia.

Entre los cientos de cambios importantes que le heredó el siglo XX al presente quizás los más abarcadores sean estos que se mencionan porque debido a su envergadura y dimensión tuvieron que involucrar y articular en sus proyectos los demás adelantos y conocimientos maravillosos que se lograron en el mismo período. Pero no sólo los involucraron y articularon sino que les exigieron rendir mucho más en su desenvolvimiento y así aceleraron la ruptura de todo tipo de fronteras, aún sin proponérselo.

Mientras todo ello sucedía eran muy pocos los que sabían y creían que la física, que ya había cambiado tan revolucionariamente del espacio y tiempo absolutos de Newton al relativo de Einstein, tenía que moverse de ese lugar al cuántico; algo inentendible y absolutamente extraño en lo que ha trabajado un equipo de físicos dotados, hace casi ya cien años, sin que sus proyectos e investigaciones fueran merecidamente difundidas.

Hoy, a pesar de que física cuántica permanece siendo algo complicadísimo y difícil de asimilar, es un tema en constante mención en los medios, aliado a una tarea educativa seria, dirigida fundamentalmente a niños y jóvenes, pues en el espacio ampliado de la virtualidad y en el mundo satelital y orbital del que dependemos, ya pasamos a la realidad cuántica.

Sin esa mecánica y sin esa matemática no tendríamos la cantidad de ventajas de las que estamos gozando. Y ante ellas, las estructuras pasadas se han hecho no sólo obsoletas sino inútiles.

Aunque para muchos las imágenes y ejemplos que explican la física con que hoy se entiende la aparición y funcionamiento de este universo no dejen de verse como un real absurdo no hay más remedio que dedicarse a entenderlas, puesto que física es el punto de partida de todas las demás áreas del conocimiento. Si ella se replantea, se replantea en consecuencia todo lo demás. El arte no escapa a esa reubicación. Por el contrario, por ser el líder en la concepción de la imagen tiene uno de los mayores compromisos de observación y entendimiento.

Entonces, las estructuras de todos los sistemas se tienen que reformular, no porque cambiamos de siglo, sino porque la comprensión de lo que somos es mucho más amplia hace mucho tiempo y el aparato con el que seguimos funcionando no corresponde con ello.

En lo que se refiere al arte, la comprensión, producción y circulación de este campo está inserta en uno de los más anacrónicos mecanismos y, en esa medida, su actualización exige movimientos muy drásticos.

Muy seguramente hacerlos costará fuertes enfrentamientos, debido quizás a que las jerarquías de poder y mercado están muy imbricadas y establecidas en las viejas formas y éstas siguen dando frutos jugosos a pesar del desfase de sentido en el que subsisten. Cambiar este sistema exige un replanteamiento desde la fuente, es decir desde la comprensión misma de lo que significa la palabra y la opción arte.

Un cambio como el que se ha propuesto en la Bienal de Nicaragua, aun cuando ha causado reacciones de incomodidad y críticas, para muchos no deja de ser, por las razones aquí expuestas, muy pequeño comparado con la tarea que le sigue. Por lo mismo, se dispuso, antes que pensar en la producción de obra, un ejercicio de reflexión y de meditación, así como uno de revisión de las necesidades personales y de las del contexto en que se habita, en los términos más amplios y más reducidos.

Se ha propuesto también repensar, con ojos actuales, la historia del arte y la obra de grandes clásicos del pasado y de los años más próximos, con el fin de entender con profundidad qué hace eterno al verdadero arte y cuáles son los puntos coincidentes en los que los grandes han abrazado la atemporalidad.

El hecho de que el arte se sometiera, como ha sucedido, a la especulación del valor en los grandes y pequeños mercados, con el amparo del poder comunicacional y el de los eventos internacionales centrales, ha generado distorsiones gigantescas, temores, confusiones y anuencias, cuyo reparo exige programas y proyectos tan juiciosos y concentrados como novedosos y responsables.

No se puede salir del círculo vicioso de la especulación sin fortalecer una comprensión distinta, animada por una crítica sincera, desinteresada y con una instrumentación argumental suficiente e inteligente.

Por esa misma razón, como curadores del evento artístico más importante de un país pequeño como Nicaragua, hemos apreciado oportuno aprovechar las nuevas circunstancias mundiales para proponer el giro desde lugares que alcanzan visibilidad y en los que paralelamente se trabaja en proporciones manejables.

Los eventos establecidos en los espacios centrales del planeta se enfrentan a dificultades superiores, debido precisamente a su solidez y a las expectativas de continuidad que los sostienen. Quizás por esas mismas razones no puedan llegar a ser protagonistas de significativos replanteamientos como tenemos la ocasión de hacerlo acá.

De otra parte y en la misma lógica, entendimos como un valor agregado, proponer la diferencia desde un escenario, como este con el que contamos, en el que se trabaja con recursos limitados y bajo la marca de problemáticas y carencias históricas. Tenemos el convencimiento de que las oportunidades se incrementan en el panorama actual para quienes se han mantenido con menores oportunidades en los estrechos más frágiles y complejos.

Muchos ejemplos en el mundo están mostrando que en ellos están naciendo pautas ejemplares. Pensamos entonces que nosotros podríamos trabajar juntos (artistas, curadores, gestores y sponsors) generando una de esas propuestas.

El simple hecho de que el arte latinoamericano hubiera ganado la visibilidad que se le ha otorgado, con importantes revaloraciones en la última década, es una prueba de ello. Sus potencias comenzaron a ser apreciadas después de que por décadas la producción artística de América Latina estuvo condenada al clisé y a la marginalidad. Hubo entretanto, un tiempo de maduración y reflexión por fuera de las urgencias del mercado, que suelen ser tan simplificantes y reductoras y tan capaces de marchitar aún la más fértil de las fuerzas creativas. Ahora el reto es salir de ese lugar legitimado que tanto se añoró ocupar, para volver a erigir una lectura del mundo y del entorno sin las condiciones homogeneizantes de lo establecido y reconocido y sin los complejos de la marginalidad.

Con ese objetivo en mente es que hemos, además de modificado la convocatoria, promovido la organización de charlas y talleres con los artistas, aclarado -desde presentaciones individuales- la línea de trabajo y pensamiento de cada curador, y sostenido distintas charlas individuales con cada artista en su proceso.

Nos ha parecido que la simple selección de propuestas para su posterior instalación no es pertinente ya. Por tal razón, hemos extendido en el tiempo el proceso y solicitado de cada artista un compromiso dialogado con su trabajo.

Estamos convencidos de que en esta oportunidad se podrá visualizar tan solo un primer movimiento, en el cual será absolutamente preciso insistir y profundizar con otras herramientas y muy probablemente, con mayor tiempo presencial común. Éste lo estamos ideando como un primer paso hacia otro tipo de evento y otro tipo de relación de los artistas y curadores con él.

TOME NOTA:

La presentación de los proyectos de la Octava Bienal de Artes Visuales Nicaragüenses se realizará en la Alianza Francesa de Managua a partir del 1o. de noviembre. La inauguración será a las siete de la noche. Entrada libre.

Los curadores

María A Iovino. Autora de este artículo. Curadora e investigadora independiente. Ha sido profesora de Historia del arte contemporáneo, moderno y latinoamericano en distintas universidades de su país, Colombia.

María José Chavarría. Curadora del Museo de Arte y Diseño Contemporáneo de Costa Rica.

Emiliano Valdés. Curador independiente, Guatemala. Ha formado parte del equipo curatorial de la más reciente Documenta de Kassel, en Alemania.