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He leído con entusiasmo y agrado de lector atrapado entre las páginas del relato, la novela Miraflores (2012) de la escritora Rosario Fiallos Oyanguren (León, 1938), conocida como Rosario Aguilar e identificada como la “narradora pionera” de Nicaragua. Es una obra de ficción escrita con lenguaje fluido y llena de imprevistos, en los que ineludiblemente quedaremos sorprendidos ante la expectativa de lo que vendrá después.

Un adelanto fue incluido en la revista “El Hilo Azul” en su edición No.3 (2011), dedicada a la autora de Primavera sonámbula, quien fue la primera mujer miembro de número de la Academia Nicaragüense de la Lengua.

La novela asumió el nombre del pueblo en el cual se desarrolla la trama, y es que el asunto no son los acontecimientos a los que se refiere, sino el escenario sociocultural que crea y recrea todas las tramas posibles, dando origen a los personajes que surgen y evolucionan sin dejar de ser.

Narra con precisa sencillez los sucesos cotidianos y extraordinarios; los conflictos sociales y personales de un pueblo llamado Miraflores, que pudiera ser cualquiera de los nuestros, en donde las cargas de viejos recuerdos y comportamientos se juntan o esperan juntarse irremediablemente con los nuevos. Los viejos males convergen con los modernos padecimientos de la vida social con sus interminables conflictos. Se debaten los intereses y costumbres, las traiciones y compromisos, la vida rural y tradicional que atrapa y la distancia que lleva a olvidar o huir; el conflicto de las tierras agropecuarias y mineras, los linderos y herencias; el ganado y los ganaderos; los caballos y jinetes; el negocio y las venganzas; el delito y las deudas por cobrar; los resentimientos, las buenas y malas intensiones; la devoción y la mentira.

El personaje alrededor del cual transcurre el relato es Crisanto Flores, terrateniente. Ronda la sombra de una mujer que trastoca los acontecimientos: Eloísa Loaisiga, a quien envuelve el misterio. A ella, a pesar de los antecedentes del marido, le fue fiel hasta que a los 58 años, treinta y cuatro de casados, murió y lo dejó con un profundo vacío.

Crisanto estaba comprometido desde siempre con Virginia Zapata, unirían las extensas propiedades familiares. José Ruiz, un joven de fuera, con antepasados en Miraflores, contraerá matrimonio con Eloísa Loaisiga. Las invitaciones para ambas celebraciones han sido enviadas. Para Crisanto, es “la mujer más delicada y enigmática y deseable del mundo”, “le hierve la sangre al tener frente a sí a aquella muchacha que lo perturba tanto con su aire de misterio”.

Las parejas de novios, junto a muchos huéspedes, en la víspera del 15 de enero cuando celebran al Señor de los Milagros, se alojan en la propiedad de los Flores. En la noche ella llega a la habitación de Cristanto; es “como una aparición divina”, empuja la puerta y dice: “vengo dispuesta a ser tuya… probame que sos hombre”.

Nadie imaginó nunca que el seducido fuera él. Se amaron, en la mañana huyeron, los encontraron, decidieron romper sus compromisos anteriores en medio del escándalo, fueron obligados a “casarse a punta de pistola”. Eusegio, recién llegado a la parroquia, los confesó y casó. Quedó en silencio enamorado de “la devota Eloísa”, “su feligresa preferida”.

El nieto, Dagoberto Flores, hijo del mandador y su hija Rosa Eloísa, a quien crió como su hija; una mañana, creyendo que es el abuelo quien sale, lo sigue y cae en una emboscada en donde muere su padre biológico. El muchacho mata a Gregorio Casco, enemigo del abuelo, quien preparó para Crisanto aquel final, y éste, prevenido, envió al mandador sin sospechar que su querido nieto se involucraría en el lamentable hecho. Logra que absuelvan al muchacho de dieciocho años por actuar en defensa propia; queda la “deuda de honor y de venganza” de los descendientes de Casco.

Unos años después el nieto vuelve a ser emboscado, logra matar a uno de los asaltantes pero queda lesionado de la columna. El abuelo, con la complicidad del médico, su amigo Francisco Gámez, simula su muerte y entierra en su lugar al desconocido. Lo envía, para protegerlo de futuros atentados, a Estados Unidos, donde su madre.

El sacerdote, Eusegio Pinedo, su otro amigo, honesto y sencillo, se debate en sus dudas de hombre y religioso, se molesta al enterarse del engaño; guarda silencio por esta y otras cosas que llegan al confesionario, y dice: “el mundo ha sido siempre una cadena de traiciones”. Crisanto especula sobre quien está detrás del atentado, no logra las pruebas que busca insistentemente.

Una mujer llega donde el abuelo. Dice que su hermana fue contagiada de sida por su nieto. Dagoberto, al final de su enfermedad decide regresar, a pesar de la oposición familiar, en la festividad del Señor de los Milagros, para cumplir una promesa. Al muchacho parapléjico, en silla de ruedas, le dan poco tiempo de vida; asiste a la celebración solemne en donde acude todo el pueblo y muchos visitantes, incluso los Cascos y los Zapatas. El abuelo lo acompaña.

Todos llevan escondidas sus armas a pesar de las prohibiciones que el sacerdote insistentemente recuerda. Al concluir, el nieto se retira con el chofer de confianza; sobre la carretera encuentra a los nietos de Gregorio Casco, quienes lo amenazan. Un disparo inesperado que según la policía no vino de los presentes, pone fin a la vida de Dagoberto.

Se revela en la historia la constante de ciertos factores culturales en este típico territorio mesoamericano, “La Región más transparente”, como diría Fuentes, tan colonial y patriarcal, en donde la ley es relativa y la fuerza, las alianzas, intereses y arreglos convenientes, son condición necesaria de sobrevivencia. ¿Cuántas verdades se esconden y pueden ser dichas desde la ficción? He allí la virtud de Miraflores.

Rosario Aguilar se reconoce como “una escritora privilegiada”, porque su casa “era una universidad constante”. Hija del Dr. Mariano Fiallos Gil (1907–1964), Magnífico Rector, Padre de la Autonomía Universitaria. Le agrada el “silencio absoluto”, es delgada, sencilla, de aspecto tímido y actuar reservado; se libera en sus escritos, cuidadosa en los detalles. Confiesa que esta novela “es una nueva etapa”, en donde incorpora “pasión y pistolas”. Desde una prosa amable, hay algo de realismo social, pasiones amorosas mezcladas con tragedias, rasgos costumbristas entre violencia, mafias, policías y tribunales. Podríamos decir, en el género cinematográfico, casi un “western”, pero con algo más.

Managua, 11/10/2012.

TOME NOTA:

Miraflores, la nueva novela de Rosario Aguilar, será presentada este martes 16 de octubre a las 6:30 p.m. en el Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica, en el reparto Las Colinas, Managua. Entrada libre.