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A mi admirada y queridísima nuera

Poeta ISOLDA HURTADO.

 

Fernando Silva

Don Lino estaba allí sentado.

Siempre se acomodaba en la punta de la mesa grande, sentado sobre un sillón que tenía un rollo de periódicos como cojín. En ese lugar se sentía cómodo, dejando su brazo izquierdo descansar sobre la mesa.

Por la puerta de afuera entró su viejo amigo Felipe el botero.

-¡ Ideáy don Lino.. !.-lo saludó– qué hacía que no lo veía…

-...pues por aquí he andado como lo ve.

-No me diga… que yo lo creía a Ud. en San Carlos.

-Es que aquí me vine a sembrar unos frijoles y me quedé para mientras aquí donde doña Dina: pero no me va a creer lo torcido que estoy, tal vez por la falta de agua, que estoy notando los siembros como apachurrados.

-Ah, pues a mí me pasa lo mismo, mi amigo, porque se me acaba de ahogar un novillo…! Vea usted qué vaina…!

-Si… tiene razón, pero siéntese primero pues; si es que se va a comer algo.

-Sí, sí… gracias -dijo y se sentó.

Doña Dina: -Les traigo de comer.

-Aquí les pongo -les dijo y le pasó a cada uno su plato servido y en seguida les traigo su jicarita de tiste.

-Qué bueno –dijo Felipe… -pollito… y con papas.

-Se ve sabroso -dijo don Lino comenzando a comer.

Enfrente de los hombres quedó velándolos un gatito, pendiente de lo que estaban comiendo, esperando tal vez que le fueran a dar algo.

Don Lino se fijó en el gatito… -Velo -dijo y le tiró un hueso del pollo que se estaba comiendo -ahí tenés- le dijo. El gatito cogió el hueso como loco y empezó a rumiarlo feliz con ganas, deteniendo hambriento el hueso entre las uñas de sus patitas.

-Velo -dijo Felipe… -es listo el gatito este-.

Pero allí nomás se apareció otro gato que quería arrebatarle el hueso. El gatito le peló los dientes al otro y buscó donde irse más allá pero el otro gato lo iba siguiendo, que el gatito se salió al patio mejor; pero ni así porque el otro se le vino detrás.

En eso estaban cuando el perro de la casa se fue encima de los dos gatos y se adueñó del hueso dejando a los animalitos sin nada.

Al ratito el pobre gatito volvió a entrar y se volvió a sentar enfrente de los hombres que todavía estaban comiendo. Entonces doña Dina se vino con una escoba y le dio un escobazo al gatito volándolo.

-¡Gato carajo… Necio! -le gritó, tirando después la escoba sobre el suelo-.

-¡ Pobre el gatito…! -dijo Felipe.

-Torcido, decile más bien... -dijo Don Lino-.

-Si..sí… –repitió Felipe y levantándose un poquito, se le acercó a don Lino.

-¡Y todavía con eso más! -le dijo, señalándole la escoba que doña Dina había tirado en el suelo-.

 

Mg/12 oct. 2012.