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“Aquí no se habla de cultura, sino de política”. Escuchar esta constatación desde mi llegada a Managua, me intrigó. Le pregunté a Jennifer Marshall, Coordinadora general del Centro Cultural Batahola Norte, y a Sonia Olivares, coordinadora del Área de formación del mismo centro, lo que pensaban.

“Es verdad que los medios consagran mucho más lugar a la política que a la cultura” precisa Sonia Olivares. Éstos se centran sobre todo en las manifestaciones culturales de envergadura. “Sin embargo, la cultura me parece esencial aquí” -considera Jennifer- y particularmente expresiva.” La Directora del Centro Batahola lo confirma a diario, entre sus paredes donde resuenan las marimbas y golpean los pasos de danza.

Sonia Olivares evoca también la importancia del muralismo y de la pintura primitivista. “De todos modos, como derecho humano, la cultura es una parte de la política. Y un derecho completamente particular, dado que permite el desarrollo de otros derechos.”

Desde hace treinta años el Centro Cultural Batahola Norte promueve el desarrollo a través de la pintura, la danza, la música o el teatro. Por ejemplo, trabajando con la policía, con el personaje de la víctima; tematizando las relaciones de género durante un curso de danza, o tejiendo redes… “Venir a tomar sus clases, es salir del aislamiento en el que se encuentran algunas mujeres, por ejemplo.”

“No hay espacios de crítica cultural al alcance de la población”, agrega Jennifer, aunque ésta permite medir la calidad de distintas producciones artísticas, y sobretodo estimularlas.

Pero los medios no son los únicos en tela de juicio. Uno de los impedimentos de la visibilidad de la cultura es que ésta “funciona por filiaciones, como la política”. “Y es muy difícil modificar esta lógica para permitir a otros grupos, notablemente desfavorecidos, tener acceso a la creación artística”, señala Jennifer, quien recuerda la importancia de la producción local. Musical por ejemplo.

“Numerosos grupos de heavy metal, rock o de canciones de protesta nacen. Pero mueren igual de rápido, por falta de lugares donde producir.” Por ello, el centro ofrece algunos espacios de exposición y sobre todo una formación de base. El centro ha servido de trampolín para una buena cantidad de jóvenes que actualmente encontramos profesionalizándose en otros espacios artísticos formales. Una prueba de que existe demanda: hace seis años el Centro acogía a alrededor de 400 alumnos, entre el sector artístico y técnico, combinados. Actualmente son más de mil, provenientes de más de 140 barrios.

La cultura juega también un papel de conservación. El Centro Cultural propone por ejemplo talleres de danza folclórica o da a conocer la cultura caribeña. Pero reunir la tradición, para Batahola, también es volverla a poner en juego, para que sea transformada por la realidad actual. Es también como la memoria de una comunidad cuya cultura merecería ser más visible, estiman las dos coordinadoras.

El Centro conserva, de esta manera, una de las pinturas murales supervivientes de los años ochenta, una “joya” muy visitada, pintada por el Colectivo “Boanerges Cerrato”, quien crearía el Funarte de la ciudad de Estelí (Fundación de Apoyo al Arte Creador Infantil).

Desde hace dos años, el Centro es objeto de reconocimiento público, puesto que recibe una pequeña subvención del gobierno. Entre otros apoyos está también el de la cooperación Suiza, que apoya el desarrollo de la cultura en Nicaragua y ayuda a financiar la formación artística de niñas y niños, la orquesta, el coro y la biblioteca. Este año, esta ayuda permitirá asegurar la accesibilidad (barandillas, baños) del Centro Cultural Batahola Norte, a todos.

Tome nota
Este lunes 17 de diciembre a las 6:30 pm, los alumnos del Centro presentarán su trabajo al público durante una gran fiesta. Será un concierto navideño abierto al público. El Centro Cultural se encuentra en el propio centro de Batahola Norte.