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Ninguna región geográfica es igual a otra y son muchas las diferencias que se encuentran al interior de una de ellas. Ese es el caso de Centroamérica, siete países con algunas cosas en común y con una enorme diversidad que da pie para que los estudiosos de las culturas, en sus distintas manifestaciones, la aborden y la piensen en relación con su historia y su complejidad.

En el año 2012, la editorial FyG Editores publicó (Per)Versiones de la modernidad. Literaturas, identidades y desplazamientos, editado por las críticas literarias Beatriz Cortez, Alexandra Ortiz Wallner y Verónica Ríos Quesada, quienes reunieron los ensayos de veinte intelectuales centroamericanistas que piensan las manifestaciones culturales en la región desde muy diversas posiciones teóricas. Este es el tercer tomo de la serie denominada Hacia una historia de las literaturas centroamericanas, cuyos primeros tomos los conforman Intersecciones y transgresiones: Propuestas para una historiografía literaria en Centroamérica editado por Werner Mackenbach y Tensiones de la modernidad: Del modernismo al realismo, editado por Valeria Grinberg Pla y por Ricardo Roque-Baldovinos.

El arte es una fuente de conocimiento de las sociedades que lo ven nacer. Desde esta perspectiva, una novela, una pintura, una instalación, un ritmo musical, dan cuenta de un mundo social y de una historia que los anteceden y posibilitan. Este tercer tomo de estudios literarios y culturales supone esta forma de pensar y en él se escoge como material para sus reflexiones una periodización histórico-cultural que los y las autoras definen como “posguerra”, en referencia a las guerras de insurgencia y contrainsurgencia, así como los cambios culturales que padeció Centroamérica en el marco global de la guerra fría y las consecuentes transformaciones en las sensibilidades de finales del siglo XX e inicios del siglo XXI que emergieron. Es decir, la “posguerra” de la que se habla aquí comprende más o menos los últimos treinta años, tiempo en el cual las políticas neoliberales han dominado los diversos escenarios nacionales y a las heridas abiertas resulta difícil llamarles cicatrices.

Una actitud, la desilusión afectiva vivida por los defensores de las tendencias izquierdistas una vez que cayeron el llamado socialismo real, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y las utopías socialistas, marca buena parte del análisis de los autores. Esta actitud definida como “desencanto” y que viene acompañada por el cinismo o la desvergüenza en las conductas y en el pensamiento, el desinterés y la poca importancia que se le da a los ideales políticos, se estudia y destaca también como conformacion de determinadas estéticas, principalmente en una serie de novelas de autores como Rodrigo Rey Rosa, Horacio Castellanos Moya, Jacinta Escudos, Claudia Hernández, entre otros, que de alguna forma han sido presentados en los últimos años como parte de un “nuevo” canon literario centroamericano. Las obras de los nicaragüenses Sergio Ramírez Mercado y Gioconda Belli y de los costarricenses Anacristina Rossi y Carlos Cortés, así como también las de Manlio Argueta, Javier Payeras, Tatiana Lobo, Franz Galich, Dante Liano y otros también son estudiadas aunque no siempre se ubican en los mismos registros.

La novela urbana, la violencia estructural, la memoria, la producción de suplementos culturales, el llamado multiculturalismo, el testimonio como género literario, la narración histórica y ficcional entendida como elaboración del trauma social, los efectos y la crítica al neoliberalismo, la novela negra y la novela policíaca, el machismo, el racismo, los desaparecidos, son todos temas que despiertan el interés de los autores y que se problematizan desde muy diversos ángulos teóricos, desde los cuales siempre se vinculan la historia social de la región y las diversas manifestaciones artísticas.

Este libro está dividido en cinco capítulos que llevan los siguientes subtítulos La ficción en la posguerra, Las dinámicas del campo literario y cultural, Memoria, subjetividades y espacio urbano, El multiculturalismo, el transnacionalismo y las identidades nacionales, El texto, la imagen y el cuerpo. Centroamérica es pensada como una unidad múltiple y compleja, como una sola región con diversas posibilidades que la conforman, dicho de otro modo, Centroamérica es pensada como muchas Centroaméricas y esto implica al menos dos cosas, su diversidad histórica, geográfica y social y las muy diversas formas mediante las cuales se le puede pensar y nombrar, incluida naturalmente, las diversas formas de pensar sus estéticas.

Dicen las editoras en su introducción: “La producción cultural de la actualidad representa un reto a la modernidad, crea nuevas versiones de la misma, y cuestiona, subvierte o abandona a la nación liberal, al sujeto homogéneo de esa nación, al territorio nacional y a la forma tradicional de comprender la estética y las formas estéticas. Así, parte de los artículos que conforman las cinco secciones presentan un retrato de la violencia que marca el período de la llamada transición a la democracia y la paz; muestran una mirada reflexiva sobre el espacio privado y un énfasis en la experiencia urbana y en el desplazamiento por dicho espacio. Además, se genera un discurso que encuentra y crea prácticas alternativas de diseminación, muchas de ellas propias de la actual fase de globalización.”

Belice City, Livingston, Bluefields, Puerto Limón, el Caribe hondureño, probablemente tengan poco en común con las ciudades y los puertos de la costa pacífica en Centroamérica o del Valle Central en Costa Rica. De igual modo, la historia y la vivencia actual de los pueblos mayas en Guatemala, la violencia y la discriminación sufridas, su utilización para discursos internacionales formales y vacíos, puede que poco tengan en común con las zonas que el libre comercio ha abierto en Panamá o con los cayos turísticos que se ubican al noreste de Belice. Asimismo, la llamada “posguerra” no se vive igual en Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua que en Costa Rica, sencillamente porque la guerra tampoco se vivió igual. Todas estas diferencias, todas estas realidades diversas, hacen de Centroamérica un lugar complejo y fértil para la producción de ficciones y para los estudios literarios y culturales en la actualidad.

En literatura no sólo los contenidos permiten relacionar mundo social y ficción, la forma y los géneros literarios también dan señales de lo que ocurre en una época. El testimonio como género literario que a su vez es fuente historiográfica, la novela histórica como punto de encuentro entre dos narratividades y también como pretensión literaria de totalidad, la novela de contenido urbano que expone con detalle todo aquello en lo que se han convertido las siete capitales de la región, la novela policíaca y la novela negra, que entre otras cosas, muestran los empleos que adquieren los excombatientes de las guerras civiles una vez decretada la “paz”. La perspectiva femenina y homosexual en la narración del cuerpo. Todas estas posibilidades de la ficción abren avenidas para los estudios literarios que no se quedan en los textos, que de uno u otro modo dirigen su mirada al campo social que por muchas razones en el caso centroamericano, podemos llamar con Michel Foucault, como campo de batalla, a pesar de lo que dicen los acuerdos de paz debidamente suscritos por las partes.

(Per)Versiones de la modernidad. Literaturas, identidades y desplazamientos, abre todo un mundo para la investigación de los especialistas, invita al lector a pensar Centroamérica de otro modo, evidencia la necesidad de la perspectiva multidisciplinaria a la hora de abordar teóricamente los estudios culturales.

Los seis tomos de “Hacia una Historia de las Literaturas Centroamericanas”, editado y publicado por F&G Editores, Guatemala. “(Per)Versiones de la modernidad -Literaturas, identidades y desplazamientos-” es el tercer volumen de la serie.