• |
  • |

Muerte de mis muertes (Colección Poesía del Centro Nicaragüense de Escritores, Managua, 2009). La lectura de estos textos se me revela como la escritura de una voz poética original en su búsqueda, pero aún en construcción. Si contamos grandes aciertos, o sea, logros poéticos totales en sus inicios, pues nos quedamos con los consabidos nombres de Jean Arthur Rimbaud, Rubén Darío, Joaquín Pasos y Carlos Martínez Rivas. Estas torres de Dios, pararrayos celestes tuvieron la audacia de lanzarse al vacío con un precario paracaídas poético –aclaro, para el gusto de la época- y supieron deslumbrarnos una vez que ese hongo de aire y tela se abrió con todo su esplendor.

Y algo de esa audacia creo percibir en la propuesta textual que hace Cordero, donde de manera deliberada, consciente, osada, cobra distancia del quehacer poético de sus coetáneos (los miembros de su generación) para entregar una poesía que si bien está en proceso de construcción, no podemos obviar que está en pleno uso y posesión de una estética que seduce a base de fuerza, originalidad y extrañamiento.

Digo extrañamiento por parte del lector crítico al percibir un lenguaje poético atrapado y logrado entre un idiolecto personal donde la arbitrariedad lingüística hija de su libertad creadora produce los mayores encantamientos. No hay papilla pre elaborada ni vasitos de Gerber para el bebe lector (eso que Darío llamaba el agua chirle) sino una lectura nada fácil, que no se entrega en el primer momento y que demanda un abordaje gozoso, sereno, lúcido, crítico y de cierto buen gusto.

Irving Cordero, como los mejores poetas ha incorporado a la episteme de su poética, a las sustancias de su cocimiento, conocimiento y expresión de su escritura, por ejemplo las formas musicales contemporáneas. Quiero decir específicamente el jazz, música libre y creativa por excelencia o el rock, con toda su compleja propuesta de un mundo industrial que presagia y pervive en la post modernidad.

Ciudadano del mundo Irving Cordero, quien aunque no habita una urbe contemporánea, sí transita por el sendero del cosmopolitismo que nos indicara Darío y gran parte de su joven existencia ha vivido en carne propia las bondades y los horrores, por supuesto, de la globalización del capitalismo.

Por eso me atrevo a enunciar y acuñar en el título de esta presentación, el término barrock, buscando como aludir a la manera ascensional y en sucesivos pliegues continuos de la estética barroca en busca de la luz y a la sonoridad sincopada –aparentemente discontinua- del jazz y del rock. Una unión feliz y productiva críticamente, ya que el texto de Cordero –por su misma naturaleza barroca- me está obligando a formular hipótesis, a crear neologismos para intenten dar cuenta de esta escritura.

La síncopa, en este caso del jazz transmitida al rock, se define según la RAE, como el enlace de dos sonidos iguales de los cuales el primero se halla en el tiempo débil del compás, y el segundo en el tiempo fuerte. Esto hace como en una construcción en el vacío –troempe l´oeil- e Irving Cordero, utiliza este curioso formante estético como un perfil posible de su estilo poético.

Si tomamos el título del poemario, Muerte de mis muertes, aluden a la imagen barroco conceptista (más Quevedo que Góngora) de las muchas muertes. Es casi una tautología sincopada. También es reflexión profunda y tenaz de un hombre joven en plenitud de poderes. Creo interpretar que este título nos está sugiriendo desde su polisemia las infinitas muertes que un/una joven pueden tener en sociedades como las nuestras y en un tiempo aciago.

La muerte del amor, la muerte académica, la muerte de las oportunidades laborales, la muerte por autodestrucción o suicidio gradual a través de los vicios, la muerte de los manes familiares, la muerte de los dioses, semidioses y héroes, la pequeña muerte de la cópula sexual, en fin la simple muerte de uno. Hay una extraña y extrema conciencia y canto a la muerte por parte de los/las poetas jóvenes en Nicaragua hoy. Dejo consignado el dato.

El poemario está estructurado en tres secciones perfectamente sincopadas que establecen, para mí, una dialéctica particular para constituir un todo orgánico. Las tres secciones se intitulan: Abraxas, Parodia Evolutiva y Muerte de mis muertes.

Primera síncopa: Con Abraxas se fundamenta/se cimienta y se sementa la sexualidad, el erotismo categorizados como divinos y los ejes fundamentales del bien y el mal. Abraxas es un dios supremo y total entre las divinidades indoeuropeas. También es el título de uno de los discos de Santana, el más alto exponente del rock latino si no estoy equivocado y mi memoria no ha sido asaltada por el siniestro Doctor Alzheimer.

Segunda síncopa: la segunda sección, Parodia Evolutiva va a operar en esta dialéctica como la encarnación de la divinidad, la práctica del erotismo o la sexualidad como eventos políticos. Aquí el poeta se permite la libertad de entregarnos una visión muy irónica, suspicaz y deconstructiva de la evolución humana. La ve como una parodia, se burla de ella e ironiza sobre la parte política de estos eventos. Hoy sabemos que las relaciones afectivas, incluso las más íntimas, descarnadas, sensuales y sexuales pueden ser connotadas como ejercicios de poder entre los humanos. La dimensionan política dependerá de la posición que ocupemos en el organigrama arbóreo de los animales políticos. O en la cama al momento del ejercicio amatorio.

Tercera síncopa o sección que da el título a la colección completa. Muerte de mis muertes y se ocupa de realizar la función metapoética de reflexionar sobre el quehacer poético y la misma poesía. Si Abraxas (la divinidad) fue tesis; Parodia Evolutiva (el ser humano), es la antítesis; pues obviamente, Muerte de mis muertes será la síntesis poética.

Interesante opción la de Irving Cordero, que a sus tempranos años nos plantea a la poesía como síntesis de lo divino y lo humano, como vaso comunicante entre Dios y los hombres (viejo tema de Heidegger) quien también connota a la poesía, como la manera más humana y bella de fundar la trascendencia.

Managua, 2010-2011.