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Ha sido el corazón culpable de tenerme rendida

entre la estepa y la poca lumbre de este tiempo ventoso.

He ido a tientas palpando el color de la risa

tal vez así culmina la tierna manera del sol de ocultarse.

Va lenta la mañana de temores y agonías

marchando al compás de un tambor olvidado.

 

Cantar elevados los brazos implorantes

suscita un temblor apenas perceptible tras la rendija de un dolor.

Color amarillo el vestido de la virtud

de amarte sin marcha atrás

Fue una alegre tarde de abril de agitada carrera de ardilla

subida en lo alto del árbol.

Allá la rosa otra vez la rosa roja brilló

y su aroma en el aire dejaba al caer la llovizna.

 

II

¡Ah! la tierra nacía se hacía de arcilla

moldeaba su forma dejaba su rastro solo

tras vos de mí, de nosotros .

Poblaba colinas montañas tocando la nube del mar

antes de la tormenta mientras pasa la fila

la mansedumbre cabizbaja sin nada.

 

Un placer efímero suele acontecer al espectáculo

una tristeza antojadiza resbala como caricia sobre mis ojos húmedos.

 

Es sólo el comienzo de la jornada del campeonato

Se avanza de uno en uno

se desconocen se hieren se ofuscan

El salto cuida el músculo de la sonrisa

Prueba tras prueba disminuye el tono del esfuerzo

aunque aumenta el ritmo del corazón

palpitando feroz.

 

Isolda Hurtado