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Escribir sobre un escritor de reconocido prestigio es todo un reto, pues se ha escrito tanto sobre él, que se corre el riesgo de no aportar nuevos enfoques o simplemente, caer en lo ya dicho. Sin embargo, la comunicadora Karly Gaitán asume ese reto con valentía y arrojo, llevándonos de la mano a los momentos mas inéditos vividos por Sergio Ramírez Mercado.

Conocí a Karly en la Universidad Centroamericana donde ella cursaba la carrera de Comunicación. Los estudiantes, en su Pensum, tenían como asignatura optativa el curso de Escritura Creativa, que estaba a mi cargo. Este estaba diseñado para leer textos motivadores y luego escribir sus vivencias. Para esos años llegó a mis manos el libro de Sergio Ramírez Mentiras Verdaderas, el que presentamos en la Universidad, para que los y las estudiantes se familiarizaran con las “triquiñuelas” literarias que Ramírez recomienda en su obra. Así fue que opté por sugerir al grupo en el que estaba Karly, su lectura y posterior comentario. En realidad con eso tenía la mitad del curso hecho.

También recomendaba la lectura de dos o tres libros completos de narrativa. Catalina y Catalina fue uno de las lecturas sugeridas al grupo y a Karly le gustó mucho; desde entonces no ocultaba su admiración por el autor.

Eso lo relata ella someramente al inicio de su libro y fue realmente reconfortante para mi saber que de alguna manera había marcado una vocación que hoy vemos expandirse plenamente, porque la autora de Cita con Sergio Ramírez demuestra un manejo ágil del lenguaje y del género mismo: la entrevista. Karly nos lleva a introducirnos en el mundo complejo de Ramírez, a quien nos devela como estudiante aventajado, discípulo de Mariano Fiallos Gil; sus primeras experiencias literario-periodísticas dirigiendo Cuadernos Universitarios y posteriormente la revista literaria Ventana, que permiten al lector comprender la vida estudiantil de los años 60 y la precoz inclinación de Ramírez por la literatura.

La entrevista revela que Gaitán realizó un trabajo exhaustivo, pues incluye una anécdota que desconocía por completo: para mí fue una gran sorpresa saber que Sergio Ramírez fue director de una escuela nocturna fundada por Mariano Fiallos Gil. De allí que, cuando él tuvo la oportunidad, se interesara por impartir cursos libres de escritura, que inició en la Universidad Centroamericana, donde por dos años consecutivos impartió talleres literarios que repitió después en universidades mexicanas y de otros países.

Un aspecto muy interesante es la indagación de cómo Ramírez hizo amistad con los grandes narradores y poetas latinoamericanos. Así, menciona a Julio Cortázar, Carlos Fuentes, García Márquez, Vargas Llosa, Laura Esquivel, entre otros. Es enriquecedor conocer esas experiencias, porque las relaciones literarias nutren la vida de un escritor.

De mucho interés es la entrevista ¡TOQUE SU TAMBOR!, en la cual, la hábil Karly va destejiendo el entramado del ensayo El tambor olvidado, título que Sergio toma de un poema del poeta Luis Alberto Cabrales, que inicia con los versos: “Tambor olvidado de mi tribu/ lejano bate mi corazón nocturno…”

La autora califica este libro como un “tour histórico cultural que dura trescientos años y va desde África hasta el Pacífico de Nicaragua…” (Gaitán: 67) en el cual, Ramírez enfatiza en lo señalado por el historiador Jeffrey L. Gould en su trabajo El mito de “la Nicaragua mestiza” y la resistencia indígena, 1880-1980. (Editorial de la Universidad de Costa Rica: 1997) donde el historiador demuestra que hay lo que se ha dado en llamar “la tercera raíz”.

Es decir, destruir el mito del mestizaje español/indio, poniendo de manifiesto la presencia de la sangre africana en el Pacífico, que llegó como mano de obra esclava, tanto en los obrajes de añil, desde la época colonial, como en el posterior cultivo de la caña. Y pone el dedo en la llaga al señalar que Rubén Darío tenía sangre negra, así como otros próceres, como Larreynaga y el mismo héroe César A. Sandino.

Es que esa es una corriente etnográfica y antropológica que desde hace años recorre desde las escuelas mexicanas hasta la Patagonia, y que demuestran que el mestizaje tuvo esa tercera raíz: la africana, que se asoma en los sones de marimba, en los revoltijos de comidas, los trajes de colorines fuertes, etc.

Con mucha habilidad, Karly conduce las entrevistas que revelan los secretos literarios de Ramírez, antes y en el momento de escribir las novelas. Así sabemos que Castigo Divino se escribió tomando como base el legajo del caso legal contra Oliverio Castañeda, que Un baile de máscaras tiene elementos biográficos; las fichas y estudios para escribir La fugitiva; saca a luz una parte a veces olvidada de la obra de Ramírez: su trabajo como editor, y la más conocida: su carrera política.

Estamos ante un trabajo que revela una madurez precoz, un rigor profesional no exento de cariño y admiración hacia el escritor, y que nos permite conocer los detalles de una vida consagrada a la escritura. Al cumplirse los cincuenta años de su carrera profesional, este libro se constituye en el complemento ideal para el estudio detenido de la obra del escritor Sergio Ramírez. Imagino que Karly continuará ofreciéndonos los entresijos de esa vocación temprana y que sigue produciendo, para regocijo nuestro, una narrativa fresca y humorística que está cambiando el rostro de la novela nicaragüense.