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En nuestro país las costumbres alimenticias y la gastronomía que se ha pasado de generación en generación tienen una gran riqueza e importancia para todos los nicaragüenses.

Muchos se preguntan por qué ahora hay que cambiar la forma de comer que tradicionalmente nuestras abuelas y madres nos enseñaron: el maduro en gloria, la inclusión de frescos altamente endulzados y otros sobre la base de cereales, el bastimento como constante en los tiempos de comida, la gran frecuencia de frituras, el consumo ilimitado de quesos y crema, la inclusión de manteca de cerdo y otras grasas y la poca cantidad de ensaladas, fibras y frutas.

La respuesta es que ya las cosas no son como antes, las personas comían pero también se movían más, había menos exposición a químicos, menos comida con alta densidad calórica (ricas en azúcares y grasas), se permanecía menos tiempo frente a una computadora, los niños corrían y jugaban al aire libre y además no había tanta influencia de otro tipo de alimentos o comida chatarra en el medio. Por esto la incidencia de enfermedades como la hipertensión, prediabetes y diabetes, alteraciones en el colesterol y triglicéridos era menor.

Actualmente debemos replantearnos la necesidad de hacer las cosas de forma diferente para mantenernos saludables. Mantener lo mejor de nuestra cultura, preferir lo autóctono a lo procesado, disfrutar sanamente de lo que el mundo actual nos ofrece. Practicar la moderación en todas nuestras decisiones, no me refiero a dejar de comer, hay que hacerlo con control de la cantidad y siendo selectivo con la calidad. Lo apetitoso y llamativo no siempre es lo más saludable. Además preocuparse por incrementar la actividad física.

Muchos temen a todo lo que se asocie a “integral”, “saludable”, “Light”, “fat free”, de hecho se cree que todos estos adjetivos se relacionan con algo feo, que sabe mal, desarrolla cáncer y solo es para los que tienen alguna enfermedad.

Esto no es cierto, por esto hago un llamado a que haya interés por aprender un poco más sobre lo que es “DESARROLLAR CULTURA NUTRICIONAL”, que quiere decir aprender sobre los alimentos, sus requerimientos, su forma de preparación y combinación, saber cómo leer etiquetas nutricionales, poder interpretar lo que las propagandas y anuncios dicen y saber hasta dónde son ciertos o no. En dos platos poder conocer y tener criterio justificado, razonable y capacidad para decidir si se debe consumir o no determinado alimento.

Los adultos y sobre todo los padres tenemos la responsabilidad de transmitir a nuestros hijos todo este aprendizaje, de esta manera ellos podrán ser más selectivos con la oferta del medio.

¡Anímese a conocer sobre los alimentos y a desarrollar un criterio sólido y veraz de lo que debe o no ingerir!!!!!!