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¿Quién ha enseñado a estudiar a nuestro hijo? En la escuela se enseña a leer a los niños, a escribir, matemáticas, historia, etc., pero ¿quién le ha explicado cómo afrontar toda esa información, cómo hacerla suya, cómo asimilarla e integrarla en su conocimiento para poder hacer una correcta exposición en un examen o utilizarla en su vida cotidiana?

Podemos decir que, por falta de conocimiento, cada estudiante “hace lo que puede”. Los menos, ya sea por intuición o una correcta orientación, consiguen encontrar una manera adecuada de estudiar: aquella que les permite conseguir sus metas. Sin embargo, la mayoría de ellos se sienten perdidos, desorientados, sin saber qué hacer.

 

Esto puede dar lugar a diversidad de situaciones:

Estudiantes que cada vez dedican más tiempo al estudio pero que no ven reflejado su esfuerzo en los resultados.

Estudiantes que se sienten desmotivados hacia el estudio.

Estudiantes que presentan problemas de concentración.

Aparición de ansiedad ante el estudio.

Bloqueos en los exámenes.

Alumnos que abandonan porque se sienten indefensos ante las dificultades.

 

En estos casos, nos encontramos ante ciclos negativos del estudio.

Buenas técnicas de estudio para los niños

Tradicionalmente se ha pensado que el estudio depende exclusivamente del cociente intelectual de la persona y del número de horas dedicadas al mismo, independientemente de la metodología.

Sin embargo, esto no siempre se corresponde con la realidad: habitualmente nos encontramos con alumnos con un historial brillante y que no parecen estudiar mucho; otros, en cambio, dedican muchas horas y no obtienen los mismos resultados; también hay estudiantes con un cociente intelectual alto pero con bajos resultados y viceversa.

Aquí tienes unos consejos para conseguir que tu hijo tenga una buena técnica de estudio:

Antes de nada es importante tener un lugar donde estudiar con un ambiente adecuado de luz, temperatura y silencio. 

 

Comenzar desde la Educación Primaria la disciplina del estudio, que los niños se acostumbren a hacer deberes y a dedicar un tiempo al día a las tareas escolares, para que lleguen a Secundaria con este hábito ya adquirido.

 

Hacer que el niño tenga una rutina todas las tardes: merendar, jugar y a una hora en concreto, ponerse a estudiar sin discusión. Si hay una pauta de estudio, conseguirás que no lleguen al día antes de un examen con la lección aún por aprender.

Trabajar con ellos hasta que adquieran el hábito de hacerlo solos, pero no se trata de hacerles los deberes, sino orientarles para que ellos den las respuestas correctas.

 

La pauta para hacer deberes es:

Primero estudiar la pregunta y repasar lo aprendido en clase y después responder a los ejercicios.

 

A muchos niños les ayuda hacer un resumen de lo que ha leído en el libro de texto para poder comprender y memorizar mejor el contenido.

 

Subrayar el contenido importante de un texto les ayudará a fijar conocimientos.

Estudiantes con buena estrategia de aprendizaje.

 

Si retrocedemos a nuestra época de estudiantes, es fácil que recordemos a algún compañero (o nosotros mismos) que, sin apenas estudiar, sacaba muy buenas notas. Esa aparente facilidad popularmente ha sido atribuida a la inteligencia: “...Es que es tan inteligente que sin hacer nada saca un sobresaliente”.

 

Sin embargo, esto no es realmente así. Lo que sucede es que este tipo de estudiantes tienen bien organizada la información en la cabeza porque realizan un correcto proceso de estudio. Son los alumnos estratégicos. El alumno estratégico, a diferencia del alumno que aprende por repetición, se conoce a sí mismo como aprendiz y planifica, regula y evalúa su propio proceso de aprendizaje, lo que le lleva tanto a aprender significativamente el contenido que estudia como a aprender a aprender.

 

Tomado de http://www.conmishijos.com