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En Estados Unidos, cuando una mujer acude a su ginecólogo, típicamente le administran un examen pélvico sea o no que ella presente síntomas o inquietudes que pudieran ameritarlo. Esa es una de las razones por la cuales se llevan a cabo 63.4 millones de exámenes pélvicos anualmente, con base en estimados, en Estados Unidos.

Ahora, un creciente número de expertos se está preguntando si es necesario hacer tantos.

“Este no es el caso en otros países que obtienen mejores resultados sin practicar exámenes pélvicos de rutina”, notó la doctora Carolyn L. Westhoff, ginecóloga en el Centro Médico de la Universidad de Columbia, en una entrevista. “Yo soy una ginecóloga estadounidense, y es así como fuimos entrenadas. Me tomó varios años preguntar, ‘¿Por qué estamos haciendo esto?’”

Para la mayoría de las mujeres, los tactos de Papanicolaou actualmente son recomendados tan solo una vez cada tres a cinco años; y para algunas, ni en lo más mínimo. Sin duda muchas mujeres estarían encantadas de pasar por alto, de igual forma, el examen pélvico de rutina, mismo que muchas consideran incómodo y vergonzoso.

Una mujer que se somete al examen está desnuda debajo de la cintura. Se recuesta sobre la mesa de reconocimiento boca arriba, con las rodillas dobladas y las piernas separadas, sus pies apoyados sobre estribos y sus nalgas cerca del final de la mesa. El médico, usando un guante, inserta un dedo lubricado en su vagina y, con la otra mano, presiona hacia abajo su abdomen para revisar la forma y tamaño de su útero y ovarios.

Se le llama examen bimanual. Westhoff está entre un creciente número de expertos que desafía el valor de esta práctica, que se da por hecho cuando las mujeres llegan para revisiones ginecológicas de rutina o Papanicolaou.

“En mi experiencia como ginecólogo practicante, con frecuencia he llevado a pacientes a la sala de operaciones porque encontré algún agrandamiento durante un examen pélvico bimanual”, dijo el doctor George F. Sawaya, catedrático de obstetricia en la Universidad de California en San Francisco, quien ha escrito sobre el uso excesivo de dicho procedimiento. “Después le doy seguimiento con un sonograma que muestra una masa, pero no puedo saber qué es la masa sin una exploración quirúrgica. Sin embargo, casi siempre es benigna”.

Westhoff y otros colegas escribieron en enero de 2011 en la Revista de Salud de la Mujer: “frecuentes exámenes bimanuales de rutina pueden explicar parcialmente porqué las tasas de cistectomía e histerectomía en Estados Unidos equivalen a más del doble de las tasas en países europeos, donde el uso del examen pélvico se limita a mujeres sintomáticas”.

Ella y otros dicen que las justificaciones que los ginecólogos ofrecen típicamente para hacer el examen pélvico -revisión en busca de una enfermedad de transmisión sexual y cáncer cervical, detección temprana de cáncer ovárico y la evaluación de una mujer en busca de anticonceptivos hormonales -, ya sea no requieren de un examen bimanual o no tienen el sustento de la investigación.

En un estudio entre múltiples centros con el apoyo del Instituto Nacional del Cáncer, por ejemplo, ningún cáncer en los ovarios fue detectado tan solo con un examen pélvico. El examen efectivamente arrojó a veces hallazgos sospechosos que dieron como resultado más procedimientos.

 

© 2013 New York Times

News Service