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Primera parte

 

Hay que entender la vida sexual del ser humano como algo flexible, cambiante y en permanente proceso de transformación. La sexualidad no tiene una sola función, ni es algo particular de un periodo de la vida del ser humano. No es algo rígido desde que nacemos hasta nuestra muerte. Cada etapa de nuestra vida tiene sus peculiaridades y la sexualidad no es ajena a esta realidad. Por ello, una visión positiva, enriquecedora y responsable de las bondades del sexo permite disfrutar de lo bueno de nuestra sexualidad en cada uno de los periodos de la vida.

La infancia, a la que se ha considerado un periodo asexuado de la vida tiene, por el contrario una gran importancia en la formación del ser sexuado. Al nacer, la niña y el niño tienen un patrón de conducta sexual poco diferenciado, a excepción de los órganos genitales, distintos en cada sexo, el comportamiento motor y sensorial es prácticamente igual en ambos.

Este periodo, que se prolonga desde el nacimiento a la adolescencia, se produce una serie de cambios físicos y psíquicos que constituyen el desarrollo. Para comprender esta etapa como génesis de la sexualidad humana hay que tener en cuenta los siguientes aspectos:

 

El ser humano nace con unas estructuras centrales activas que son determinantes de la frecuencia, la forma y la orientación de la conducta sexual. estas estructuras se relacionan y adaptan a la realidad externa y al sujeto.

El desarrollo sexual es fruto de la persona y de su modo de actuar, de la relación con su medio y de las circunstancias que de este surgen.

A la par de los aspectos biológicos con los que nacemos, comienzan a influirnos una serie de determinantes externos al sujeto y cambiantes en el tiempo, entre ellos podemos hablar de factores culturales, religiosos, ideológicos y sociales. Se manifiestan a través de las pautas de crianza y criterios educativos referidos al dimorfismo sexual (el hecho de que en la especie animal humana hay dos sexos, el femenino y el masculino), con una marcada influencia en la diferenciación psicosexual entre niñas y niños.

 

Características propias de esta etapa

La sexualidad infantil tiene una serie de características que la hacen diferente a la de otras etapas de la vida:

La sexualidad en las etapas posteriores de la vida tendrá su base en la sexualidad infantil.

Lo genital no tiene importancia en esta etapa.

Los aspectos sociales y afectivos asociados a lo sexual tienen una gran relevancia.

Los juegos sexuales de este periodo se basan en la enorme curiosidad y la tendencia a imitar que le son propias.

Las expresiones de la sexualidad en esta etapa reflejan las necesidades del propio desarrollo.

Que se puedan establecer vínculos afectivos satisfactorios en este periodo facilitará un referente para un desarrollo armónico en la edad adulta.

Las preferencias sexuales no están determinadas.

 

Primer año de vida

En este periodo la relación entre el bebé y su madre tiene un efecto de enorme importancia. Hay autores que hablan de que la vinculación en el contacto, el apego y la separación constituirá el núcleo de la personalidad y la sexualidad del sujeto en el futuro.

De los 2 a los 6 años

En esta etapa de la vida del niño y la niña hay una serie de cambios fundamentales (motores e intelectuales) para su desarrollo en general y que tendrán un significado especial para el desarrollo sexual.

El control de esfínteres y el modo de enfrentar los padres estas circunstancias que los rodean pueden influir en el desarrollo ulterior de la sexualidad del adulto.

Los problemas de celos y su superación les va a permitir ver el mundo de las relaciones de modo menos egocéntrico y aprender que compartir no es perder, sino ganar.

La curiosidad que siente en esta etapa se hace extensiva también a su sexualidad; de ahí que podamos hablar de curiosidad informativa hacia el mundo que le rodea, curiosidad por lo físico y lo emocional, y también en el plano sexual.

El niño explora su propio cuerpo y las sensaciones que va percibiendo. Aquí se corre el riesgo de que la actitud de los adultos no sea colaboradora. Deben evitarse los gestos de desaprobación, los silencios o la incomodidad, porque se convierten en un cúmulo de mensajes para los niños y las niñas que influyen de manera notable en la percepción que tendrán sobre su cuerpo. Es evidente que el niño o la niña van a sentir curiosidad por el otro u otra.

Querrán investigar en las diferencias físicas; aparecen conductas que se pueden denominar como voyeuristas (mirar) y exhibicionistas (mostrarse). Comienzan los juegos en los que los/as niños/as imitan conductas de marcado carácter sexual, que ven en su entorno, en la televisión, etc., incluso en los últimos años de esta etapa comienzan las actividades autoexploratorias y autoestimulatorias que pueden generar angustia en los mayores y provocar reacciones reprobatorias hacia el menor si no se contemplan como naturales y no se juzgan ni se intentan corregir. En esta etapa tiene una especial importancia el proceso de identificación e imitación de modelos de conducta sexual, que comienzan a definir las actitudes ante la sexualidad y los modos de relacionarse en los planos erótico y afectivo.

La próxima semana abordaremos la sexualidad de los 7 años a la adolescencia y todo lo que implica para nuestros hijos y para nosotros como padres, médicos, educadores y la sociedad en general.