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Estudiosos en diferentes áreas de la salud, tanto reproductiva, sexual, endocrina, etc., han demostrado que el buen sexo protege del infarto, evita los trastornos de la memoria y la concentración, es un antidepresivo natural y ayuda a mantener joven el cuerpo y la mente.

Aunado a lo anterior, una alimentación adecuada, vida activa, control de la ansiedad y el estrés, son una manera ideal para vivir más y mejor.

La sexualidad está íntimamente ligada a la satisfacción de sus necesidades básicas, así como el deseo de interrelacionarse, intimar, expresarse adecuadamente, con el placer, la ternura y el amor.

Previo al coito hay una cascada de eventos bioquímicos que desembocan en el coito per se. Se disparan las hormonas sexuales, la adrenalina estimula la circulación sanguínea, se liberan las endorfinas (responsables del placer y la satisfacción durante el orgasmo).

La culminación de una relación sexual es el orgasmo, un clímax que produce una sensación de liberación repentina y placentera de la tensión acumulada desde el momento en que se inicia la fase de excitación. Es en ese momento en que se generan una serie de espasmos musculares intensos que resultan altamente agradables, a lo que ayuda la liberación de endorfinas que se produce de forma simultánea.

El orgasmo es una experiencia de corta duración, de no más de diez o doce segundos, con una intensidad difícil de explicar en palabras. Que las mujeres no tengan la facilidad de tener orgasmos que sí tienen los hombres, no tiene nada que ver con el tipo, la manera, o el modo de obtenerlos.

Las mujeres experimentan el orgasmo de maneras diferentes, aunque por lo general este se caracteriza por el hecho de que la aceleración del ritmo cardíaco, la respiración y la presión sanguínea alcanzan su cota más elevada y la vagina, el útero, el ano y los músculos pélvicos se contraen entre cinco y diez veces a intervalos de menos de un segundo. No obstante, algunas mujeres pueden sentir el orgasmo en todo su cuerpo e incluso orgasmos múltiples.

En el caso de los hombres hay que tener en cuenta que eyaculación y orgasmo no son lo mismo. De hecho, se puede eyacular sin experimentar el orgasmo. Al igual que en las mujeres, con el orgasmo, el ritmo cardíaco, la respiración y la presión sanguínea se aceleran al máximo y se producen contracciones musculares del área de la pelvis, así como de la próstata y las vesículas seminales para producir la expulsión del semen.

El orgasmo apenas dura unos instantes y después se entra en lo que se conoce como fase de resolución en la que se produce una relajación general de todo el cuerpo, la normalización de la circulación sanguínea y la respiración, y con ello una sensación de gran placidez, cansancio e incluso somnolencia.

La sensación subjetiva de orgasmo está centrada -en la región pélvica- en el pene, en la próstata y en las vesículas seminales en los hombres y en el clítoris, en la vagina y el útero de las mujeres.

La falta de control sobre la eyaculación, como es el caso de la eyaculación precoz, puede hacer que el hombre no pueda alcanzar el orgasmo. Del mismo modo, muchas mujeres confiesan no alcanzarlo de forma habitual e incluso nunca. Es muy importante que la pareja hable de ello, pues la experimentación y la información podrán mejorar su práctica sexual y aprender a controlar la eyaculación en el caso del hombre y a potenciar su excitación en el de la mujer. La terapia de pareja puede ser una buena opción para resolver esta disfunción sexual.

Estimulaciones

De hecho, la incapacidad de alcanzar el orgasmo durante el coito, a pesar de una respuesta plena ante otras formas de estimulación sexual, constituye la queja más común de las mujeres que buscan ayuda de los terapeutas sexuales.

Los orgasmos femeninos pueden ser obtenidos acariciando el clítoris o la zona aledaña a él. Para ello, debemos advertir que lo que conocemos por “clítoris”, es apenas la parte visible y palpable de un órgano muy complejo y extenso, que directa o indirectamente, tienen intervención del clítoris.

Para estimular el punto “G”, apoye el dedo suavemente y de una forma acompasada sobre el punto descrito, modificando el ritmo según el resultado obtenido.

Este tipo de caricia requiere de mucho tacto ya que el hombre puede acelerar o disminuir, aumentar o reducir la presión y con ello hacer variar el grado de excitación de su pareja.

Se recomienda que para efectuar este tipo de caricias las manos estén completamente limpias, las uñas bien cortadas y limpias, y no estaría de más utilizar un poco de crema o aceite lubricante a fin de hacerlas más suaves si cabe.

Las sensaciones obtenidas serán de menor intensidad que las del orgasmo clitorideo, pero permitirán un orgasmo más rápido y mayor número de repeticiones, que pueden ser simultáneas con la estimulación del clítoris y otras zonas erógenas.