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El cáncer de pene es poco frecuente, representa aproximadamente el 1% de los tumores que afectan al hombre. Pero su incidencia puede aumentar de forma considerable en aquellas regiones con elevada tasa de población rural, bajo nivel socioeconómico y con hábitos de higiene muy precarios.

Al momento del diagnóstico, el 58% de los pacientes presentan adenopatías inguinales palpables. De estos, entre el 17 y el 45% tienen metástasis ganglionares. La probabilidad de compromiso bilateral es considerable debido a la rica comunicación subcutánea y linfática del órgano. Cerca del 20% de los casos que no presentan ganglios palpables tienen micro-metástasis ganglionares. La profundidad de la invasión, la invasión del cuerpo cavernoso, el grado tumoral, el compromiso linfático y ganglionar y el patrón de crecimiento son factores de riesgo relacionados con la presencia de estas metástasis.

En el 50% de los casos la localización del tumor primario es en el cuerpo del pene propiamente dicho; el tumor aparece en el prepucio en el 23%, en ambos sitios en el 11% y en el surco o hendidura coronal en el 8%.

La sobrevida a los 5 años es del 55%, que varía desde 70% en pacientes sin compromiso ganglionar, hasta 30% en aquellos que lo presentan.

Los tumores del pene se desarrollan con frecuencia a partir de la piel que lo recubre y de la mucosa que envuelve al glande. Se pueden observar algunos de tipo benigno, los cuales son los producidos por el virus del papiloma humano (VPH), cuyas lesiones son como verrugas, que se las puede confundir con un cáncer. Se estima que alrededor del 20% de estas lesiones que se dejan evolucionar son capaces de transformarse en tumores malignos.

La enfermedad comienza como una placa de color rojizo, dura y que no produce molestias en el hombre; y luego empieza a crecer como una masa sólida (similar a una verruga). Una complicación frecuente es que se forme una úlcera, la cual se puede infectar y emitir un olor desagradable. En su crecimiento invade los tejidos vecinos, tanto en superficie como en profundidad, y puede dificultar la micción por invadir la uretra.

Además, por lo general los hombres afectados concurren al médico cuando el tumor suele tener un año o más de evolución. Por eso es conveniente consultar a un especialista en caso de tener cualquiera de los siguientes problemas: lesiones en el pene, aparición de algún líquido inusitado en una lesión en el pene (secreción anormal) o si eeste sangra.

Como en todo tipo de cáncer, existen factores de riesgo que favorecen padecer la enfermedad y otros que parecen ser “protectores”. Por ejemplo, el estar circuncidado es un factor protector. Cuando la misma se realiza en la infancia el riesgo de padecer cáncer de pene es muy bajo, pero cuando se la practica en la pubertad o en el adulto joven el efecto preventivo, si bien existe, es menos claro. Debe quedar claramente diferenciada la circuncisión como tratamiento de la fimosis como enfermedad, de la circuncisión neonatal profiláctica rutinaria.

Algunos estudios sugieren que los bebés no circuncidados tienen más riesgo de desarrollar infecciones del tracto urinario y luego de la pubertad algunas enfermedades de transmisión sexual (incluyendo el VPH y el VIH), balanopostitis, fimosis y luego cáncer de pene. Si bien la relación es causal, el número necesario a tratar sería de alrededor de 900 circuncisiones para prevenir un solo caso de cáncer invasivo de pene.

Enfermedades predisponentes

Existe una serie de enfermedades que se consideran predisponentes, como la fimosis, que es la estenosis del orificio del prepucio. Esta condición es considerada fisiológica en los menores de 2 años (80% de los recién nacidos). La piel del prepucio se encuentra fusionada con la superficie del glande protegiendo al mismo y al meato de las ulceraciones amoniacales. Al cabo de los tres años la incidencia de fimosis es solo de un 10%, y a los 17 años es del 1%.

La fimosis manifiesta más allá de los seis o siete años deberá ser corregida quirúrgicamente, excepto que por ser puntiforme y ocasionar obstrucción urinaria requiera una solución más temprana.

Todo niño que presente fimosis debe tener resuelto su problema y ser capaz de higienizarse el glande con el comienzo de la pubertad. La presencia de fimosis no tratada luego de la época puberal, actúa como factor predisponente del cáncer de pene en la adultez. La fimosis predispone a infecciones balanoprepuciales o balanopostitis y cáncer de pene, ya que no permite la higiene del glande. Su asociación con el cáncer de pene ha sido atribuida a la irritación provocada por el esmegma retenido e infectado.

Hasta el 90% de los pacientes que consultan por cáncer de pene presentan fimosis, que debe ser considerada una enfermedad preneoplásica.

La higiene personal es sumamente importante, ya que al mejorarla se pueden reducir la irritación peneana y las enfermedades locales.

La raza es otro factor que predispone, por ejemplo en los Estados Unidos este tipo de cáncer predomina en la raza negra (las tasas en los afroamericanos pueden ser cuatro veces más altas que en los blancos).

Los factores pronósticos más firmemente asociados con la tasa de sobrevida son la presencia de ganglios linfáticos positivos, su número y localización, y el compromiso ganglionar extracapsular. No existe indicación para la realización de técnicas por imágenes o histológicas si los ganglios linfáticos no son palpables. Si se observan factores de mal pronóstico en el tumor primario se recomienda realizar la estadificación histológica de los ganglios.

Hasta el 50% de los ganglios inguinales palpables al momento del diagnóstico son reactivos y no metastáticos. Por el contrario, el 100% de los ganglios agrandados que aparecen durante el seguimiento sí lo son. Por este motivo se sugiere que los ganglios regionales sean evaluados unas semanas después de haberse realizado el tratamiento del tumor primario para que pueda disminuir la reacción inflamatoria. Debería realizarse diagnóstico histológico mediante biopsia por aspiración con aguja fina, biopsia tisular o biopsia abierta, de acuerdo con la preferencia del especialista.

Tratamientos

El tratamiento, depende del avance de la enfermedad y de la localización del tumor.

Cuando el tumor está localizado en la piel del prepucio consiste en la extirpación local de la lesión, pero cuando está localizado en el glande, se debe hacer una amputación parcial de la parte afectada por el tumor y en caso de que el tumor haya invadido gran extensión del pene, se puede realizar la amputación total o “penectomía”.

Cuando el cáncer está muy avanzado, por lo general, es necesario hacer una penectomía total con creación de una uretrostomía, es decir para formar un nuevo orificio uretral que permita al enfermo orinar.

El tratamiento con radioterapia, no es muy seguro, ya que presenta una elevada tasa de reaparición del tumor, después de finalizado el tratamiento además de efectos secundarios como pérdida de apetito, fatiga, lesiones rectales o cistitis.

La quimioterapia, es decir el uso de medicamentos que son veneno para las células cancerosas, también es utilizada para el control del cáncer de pene. Este procedimiento si bien es efectivo, tiene efectos secundarios, por lo que el enfermo debe permanecer bajo vigilancia médica, sobre todo durante las primeras dosis.

Hoy en día puede curarse cerca del 80% de los pacientes con cáncer de pene. La cirugía conservadora del pene permite una mejor calidad de vida que la penectomía, y deberá considerarse cuando sea factible. La sexualidad y fertilidad tras el cáncer de pene y su diagnóstico temprano y cirugía conservadora ha demostrado que un mayor número de pacientes logran sobrevivir a largo plazo tras el cáncer, a la disfunción sexual y la infertilidad, las que se reconocen cada vez más como consecuencias negativas que afectan a la calidad de vida.

Mutilación sexual, recidiva y muerte:

En la actualidad, casi el 80% de los pacientes con cáncer de pene se cura. La experiencia en el tratamiento de este tumor infrecuente resulta útil. Se recomienda la derivación a centros con experiencia. El apoyo psicológico es muy importante en estos pacientes. La cirugía con conservación del pene depara, evidentemente, una mejor calidad de vida que la amputación del pene y debe contemplarse siempre que sea posible.

Es recomendable para padres y/o tutores de los niños reconocer al nacer y primeros meses de vida si el prepucio es fácilmente retraible sobre el glande, si no es así realizar dilatación del anillo o circuncisión.