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El estrés es un estado clínico que sufre nuestro organismo como consecuencia de la enorme carga de responsabilidades y exigencias a la cual es sometido, día a día. Es alarma biológica que nos prepara ante el peligro y nos da las armas para defendernos; sin embargo, cuando este estado es permanente o constante, produce un descenso patológico de nuestras reservas de energía, provocando un desequilibrio en nuestro organismo.

La Organización Mundial de la Salud, OMS, define el estrés como “el conjunto de reacciones fisiológicas que prepara al organismo para la acción”. Esto conlleva a un estado no placentero y cargado de negatividad; se eleva la presión arterial, signos gastrointestinales, disminución de la función renal, trastornos del sueño, del apetito, agotamiento físico y mental, incapacidad de sentir placer, etc.

Hemos visto cómo día a día el estrés se ha ido apoderando de la sociedad en general, provocando un factor serio en la alteración de la sexualidad y la intimidad.

El sexo o coito es el efecto de una necesidad de comunicación física y sicológica que va más allá de la mera unión de los cuerpos; es la necesidad de sentir placer, de sentirse arrullado, protegido, amado y deseado.

Como un ciclo vicioso, el estrés disminuye la libido (deseo sexual), lo que aumenta más el estrés; y por otra parte, se ha demostrado que el sexo mejora el estrés. Paradójico, ¿no? Pero como les digo a mis pacientes en la consulta diaria, el sexo, como el hambre y otras necesidades fisiológicas diarias del ser humano, inicia en el cerebro y se satisface en otro órgano.

Lo que menos desea una persona patológicamente estresada es tener sexo; con una mente revuelta y complicada por múltiples preocupaciones, es casi imposible entregarse al placer del sexo.

Se ha visto en diferentes estudios que los hombres reaccionan ante el estrés con una respuesta defensiva o evasiva; en cambio, la mujer reacciona, enfrenta el problema o busca ayuda con otra mujer o familiar cercano.

Lo importante es que una vez detectado el estrés, hay que determinar qué lo causa, abordarlo en pareja y que sirva de punto de partida para reforzar la unión de pareja y de esta manera ayudar a la sexualidad.

En casos de trastornos de sexualidad en pareja por estrés, les recomiendo variar su rutina e inercia de vida, cambiando patrones ya establecidos y hacer cosas nuevas y que les guste a ambos; por ejemplo, perderse un fin de semana lejos de casa, sin hijos si es posible, tratando de buscar un reencuentro en la sensualidad, la privacidad y la sexualidad en pareja y sin otra responsabilidad que la de estar juntos el uno para el otro.

Si esto no fuese posible por limitación económica, pueden planear una noche romántica en casa, poner música que les traslade a los inicios de su relación, preparar en conjunto una comida que a ambos les guste, conversar e intimar hasta llegar al sexo.

Es importante hacer énfasis en que la base de una satisfactoria, duradera y madura relación de pareja es la comunicación; pareja que no se comunica, pareja que fracasa. Parte de la comunicación es la confianza, la tolerancia, las muestras diarias de afecto de manera verbal, física y espiritual.

No solo es sexo la relación de pareja, sobre todo en un mundo competitivo y que nos roba horas extras de casa y familia para poder mantener nuestro estilo de vida y guardar para el futuro; esto tiene un alto costo, el estrés permanente y sus efectos en la sexualidad y la relación de pareja.

Cómo podemos luchar contra el estrés y cómo podemos vencerlo no es tarea fácil, por lo cual debemos comprometer a nuestra pareja y si es posible al resto de la familia en esta lucha y realizar cosas en común:

 

Practicar ejercicio; esto renueva tu energía y te hace compartir tiempo útil en pareja.

Comer sano en cantidad y calidad; busca consejería nutricional.

Organiza tu agenda y día de trabajo y así poder tener tiempo útil y de calidad con tu pareja y familia.

Haz de tus fines de semana días inolvidables para ti, tu pareja e hijos al menos una vez al mes.

Róbate a tu pareja de los quehaceres del hogar, hijos y su vida profesional y vayan a bailar y compartir con sus mejores amigos o solos.

No dejes de hablar, no calles ni guardes en tu mente los problemas que te agobian; a veces el solo hecho de compartirlos con tu pareja los hace más llevaderos.

Déjate mimar por tu pareja y mímala a ella con flores, caricias, miradas y abrazos que produzcan ese efecto de protección y soporte.

Escucha música y hará el sexo más placentero, asócialo con unas copas de vino o de licor como relajante.

 

Estas son solo recomendaciones generales para poder mantener la llama del amor, la pasión, el deseo y la sexualidad encendida y viva. Ahora bien, si a pesar de poner en práctica todas estas y muchas más que puedas crear o innovar, la relación no mejora, la sexualidad no progresa y el sexo no funciona, es el momento de buscar la ayuda de un sicoterapeuta especializado en este tipo de problemática sexual por estrés no compensado. No te automediques y menos uses ansiolíticos o antidepresivos, ya que estos afectarán aun más tu vida sexual.