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Muchos corren al escuchar la palabra “grasa”. Debido al incremento de los índices de enfermedad cardiovascular y de obesidad. En los últimos años este grupo alimenticio ha sido “satanizado”.

Realmente debemos tener en cuenta que nuestro organismo requiere de la presencia de proteínas, carbohidratos y grasas en la alimentación para cumplir con todas sus funciones de forma adecuada. Específicamente las grasas son fuente de energía, precursoras de vitaminas como la D, materia prima para la formación y construcción de las paredes celulares y además indispensables para la síntesis de varias hormonas como la testosterona y los estrógenos, entre otras.

Por esto, dentro de la dieta diaria debemos consumir el 30 % de las calorías en grasas y vigilar dos aspectos importantes:

Calidad de la grasa

No todas las grasas son iguales. Dependiendo de su configuración química se clasifican en saturadas que son las que provienen de los lácteos como la mantequilla, la leche entera, los quesos, los huevos, las grasas animales (carne roja, pellejos). El peligro de estas grasas es que se depositan con facilidad en las paredes de los vasos sanguíneos ocluyéndolos y facilitando el desarrollo de infartos.

Las grasas trans, que son manipuladas químicamente, muy nocivas para nuestro corazón y que están presentes en los alimentos procesados que contienen grasas hidrogenadas. Las grasas monosaturadas como la del aceite de oliva y el aguacate, son muy saludables y tienden a no afectar el torrente circulatorio y finalmente están las polinsaturadas que se encuentran en el aceite de girasol, maíz y canola, estas son muy estables al calor y protegen el sistema circulatorio.

Cantidad de la grasa

La grasa aporta 9 calorías por gramo mientras que los carbohidratos y las proteínas aportan 4 calorías por gramo, por esto las grasas tienen una densidad calórica mayor. Así es que, al freír o agregar grasa a las comidas aumentamos sus calorías hasta 2.5 veces. Esto hace que se deba controlar la cantidad que se consuma de grasas independientemente de que sean de buena o mala calidad.

En Nicaragua se consumen muchas frituras y se cocina con exceso de grasa lo que afecta el balance energético de nuestra dieta típica.

Para usar menos grasa se deben tener dispensadores de la misma en aerosol, o espray, aplicarla con una brocha o con servilleta en sartenes antiadherentes o simplemente controlar muy bien la cantidad que se utilice.

Una alimentación saludable y balanceada da el chance de introducir 1 a 2 frituras en la semana y estas pueden hacerse con aceites de buena calidad, que tengan una temperatura suficiente para que el alimento se fría sin encharcarse con aceite y utilizar los papeles absorbentes de los que se dispone en el mercado para exprimir y quitar los excesos.

Recordemos que nuestro cuerpo requiere grasas de buena calidad y en cantidades pequeñas para funcionar adecuadamente.