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Son una minoría, pero están ahí: las mujeres muy delgadas que desean engordar. Tienen una herencia genética que les permite metabolizar casi todo lo que comen y por eso no acumulan grasa. Sin embargo, algunos no están a gusto con su cuerpo y se esfuerzan por ganar algunos kilos. La clave está en aumentar la ingesta de aceite de oliva.

Susana Monereo, endocrinóloga, explica que las personas de constitución muy delgada “aunque tengan peso bajo, su estado nutricional es correcto y su salud es buena, otra cosa es que estéticamente se vean demasiado flacos”.

Sin embargo, aunque la mayoría de las personas muy delgadas comen de todo y hacen una vida normal, “a veces nos encontramos con personas que comen poco o que son muy nerviosas y gastan mucha energía, son personas muy activas”.

Félix Ruiloba, nutricionista, señala que aquellas personas con un Índice de Masa Corporal (IMC) menor a 18.5 (el límite entre normopeso e infrapeso según esta fórmula que relaciona talla y peso) suelen “comer poco y ser muy activos”.

Es más difícil

Advierte que, por debajo del 18.5 del IMC, se empiezan a presentar los problemas. “En las chicas puede faltar la menstruación y esta se hace irregular.

Eso quiere decir que el cuerpo no está bien, aunque un análisis de sangre les salga perfectamente. Pero si afecta a parámetros como este hay una señal de alarma” ya que a largo plazo pueden sufrir enfermedades, entre ellas, la osteoporosis.

Tanto Susana Monereo como Félix Ruiloba son tajantes en afirmar que es mucho más difícil hacer engordar a una persona delgada, que hacer perder kilos a otra con sobrepeso.