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El pasado lunes, después de la final de la Copa del Mundo, para mi sorpresa, a las 5:30 a.m. solo había dos vehículos estacionados fuera del gimnasio. Esto me sorprendió porque generalmente los lunes el gimnasio se llena a todas horas. Debo admitir que, aunque muchas personas se quejan de que no van a un gimnasio, yo creo que esta atmósfera es un objeto de motivación, y ese día me hizo falta la energía que transmite. Definitivamente, hay ciertos límites y ya en ocasiones he mencionado mi sentir por aquellas personas que solo llegan a ocupar espacio, mientras se sientan en una máquina y se ponen a utilizar sus celulares.

Una de las muchachas que entreno, comentaba el otro día que el entrenar con otras muchachas le estaba ayudando a mantenerse motivada y lo entretenido que se hacía la sesión, a pesar de que su entrenamiento en ciertos días estuviese pesado. Es un muy buen punto, porque no hay nada mejor para seguirse esforzando que ver a otra persona que también está dando lo mejor de sí para completar una sesión. A veces aquel ejercicio que detesta, puede ser el objeto de desprecio de otras para dar un plus esfuerzo y animar al resto de personas. Esto lo veo en mis grupos, tanto por la mañana como por la tarde; asimismo, lo veo con las personas que ya son regulares a ciertos horarios, cuando crean amistades con otras personas y se dan ánimos entre sí.

Ánimo continuo

Ahora bien, cuando comparo esto contra las personas que entrenan desde sus casas, debo decir que lograr ciertas metas se vuelve más complicado. Y no es que no sea posible, porque conozco múltiples casos de personas que han seguido ciertos vídeos de entrenamiento y han logrado sus metas; no obstante, son una minoría. El problema cuando uno entrena en casa es que requiere de mucha disciplina y concentración para bloquear una hora para hacer sus rutinas, donde no haya que salir a hacer compras al súper, ni contestar llamadas por teléfono o cualquier otro distractor. Otro detalle es la limitante cuando siguen vídeos porque, por lo general, los vídeos llevan metas ligadas a tiempo, 60 días, 30 días, 90 días etc. Por tal razón, muchas personas no sabrán qué hacer al siguiente día que termine su programa.

Ahora, lo de la súper comunidad que yo he logrado acompañar con las muchachas en el gimnasio, no solo se puede lograr ahí. Cuando salgo de mi casa hacia el gimnasio por las madrugadas, alcanzo a ver a varios grupos de personas que salen en bicicletas por Carretera a Masaya. También alcanzo a ver corredores y ya hay lugares para entrenamientos al aire libre. Aunque siempre hay excepciones y hay personas que prefieren andar por su cuenta, tal vez a usted eso sea lo que le hace falta: un compañero de entrenamiento, un grupo, algo que le dé ese empujoncito y que le rete a dar un mejor esfuerzo, y a no darse por vencido cuando sienta que ya no puede más.