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“Desde que existe la mujer existe la henna”, comenta una marroquí, al lado de una “tatuadora” que asalta con una jeringuilla rellena de henna a las turistas que se pasean por la Alcazaba de los Udayas de Rabat.

US$2.69 son suficientes para estampar rápidamente un florido dibujo en las manos o en los pies de las clientas a quienes se les cuentan al oído lo afortunadas que deben sentirse porque se están llevando a casa la “baraka o suerte” tatuada en su cuerpo. El dibujo durará unas cuantas semanas.

Los dibujos de Fez, cuya complejidad se compara con el arte de tejer, son los más apreciados entre las marroquíes. Sin embargo, desde los años 90 el estilo de los países del Golfo se ha impuesto con fuerza a pesar de que sus motivos resultan bastante más burdos.

En acontecimientos tan importantes como el bautismo, la circuncisión, las fiestas religiosas, las bodas o los funerales, la henna está presente. A veces se muestra en todo su esplendor decorando la totalidad de las manos y pies, otras tan solo rodea un único dedo. Todo depende de los gustos.

Antes del día de la boda, es tradición que la futura esposa, normalmente ataviada de verde, y las mujeres más allegadas, consagren una jornada entera entre cánticos al rito de la henna.

vida y muerte

Cuando el marido muere, cuarenta noches deben pasar para que la mujer se quite el luto. Será ese mismo día en el que se reunirá con sus seres más queridos, y en un simbólico acto se pasarán la henna, a veces en forma de bola o simplemente en polvo, como símbolo del fin del desasosiego.

Su uso es destacado también en la vigésimo séptima noche de Ramadán, denominada la “noche del destino”, por ser aquella en la que por primera vez Dios reveló al profeta Mahoma el Corán. Antes de la llegada de la noche es habitual ver a mujeres y niñas pequeñas en los centros de belleza preparándose para este gran evento.

Pero su práctica es tan popular que muchas llevan este arte impreso y no tienen necesidad de acudir a una tatuadora. Simplemente, compran en uno de los muchos puestos de los zocos de las ciudades las plantillas de los dibujos que les permiten a ellas mismas hacérselos con facilidad en sus casas.

Otras se complican todavía menos, y recurren a trucos caseros como colocar en una olla con agua caliente la henna, e introducen unos centímetros el pie en el interior para que se quede parte de éste teñido.

La democratización

En la actualidad, llevar “tatuados” los dibujos es algo muy normal, pero antiguamente representaba cierta posición social porque significaba que la mujer gozaba de tiempo para los cuidados de su cuerpo.

Porque el ritual de la henna no solo consiste en grabar en la piel un dibujo, después se debe introducir en un bol un poco de limón y ajo que una vez mezclados se esparcirán con un pequeño algodón sobre el “tatuaje”. El dibujo se cubrirá luego con un calcetín o cualquier otro elemento que lo proteja hasta la mañana siguiente, momento en el que se hidratará con aceite.

aceptada por el islam

En las uñas, donde el uso de la henna es muy común, las jóvenes prefieren ponerse un esmalte por debajo que les permita quitársela con facilidad. Hay que tener en cuenta que a diferencia de cualquier maquillaje en el rostro o esmalte en las uñas, que el islam obliga a quitar durante las abluciones porque impiden la purificación, la henna sí que está permitida.

Y por ello a las ancianas les gusta teñirse las uñas con la henna y dejarla sin problemas estampada durante meses.

Las virtudes de la henna están exclusivamente ligadas a los secretos de la mujer marroquí, y sus mayores defensoras han llegado a utilizar incluso de crema bronceadora.

2.69 dólares cuesta realizarse un tatuaje hecho a base de henna.

La henna es perfecta para el cabello, siempre que se mezcle con un poco de aceite. También es utilizada en el hamán (baños públicos) con el fin de suavizar la piel.