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Es un mito decir que los hombres dan amor para conseguir sexo y que las mujeres dan sexo para conseguir amor.

Seguramente no es una cuestión de género, sino de afectos, de tipos de personas. La sexualidad se ha utilizado como una herramienta para conseguir algo. Esto implica sexo a cambio de algo. Pero en este caso, se trata de una persona que necesita atraer a otra y lo hace facilitando el acceso a la sexualidad, con la esperanza de crear un afecto, un enamoramiento que sujete a esa persona a su lado.

Fracaso

Desde la perspectiva del mito, por ejemplo, la mujer que da sexo por amor es un error de libro. El hombre, en el caso del ejemplo, se acabará yendo. El sexo por el sexo tiene fecha de caducidad siempre. Pero el hombre se acabará sintiendo culpable, manipulador, y si tiene valores éticos, se creará una excusa para salir de la relación con la conciencia medianamente tranquila.

Claramente no es ético cambiar sexo por amor, pero no lo es para ninguno de los dos: ni para el que utiliza la sexualidad como instrumento para conseguir afecto, o para el que utiliza el afecto para conseguir sexualidad. Los dos creen que están engañando al otro y consiguiendo lo que pretenden, pero a la larga el fracaso está asegurado.