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En marzo pasado, recreó la caída del monumento ecuestre del “Somoza” para la IX Bienal de Artes Visuales Nicaragüenses, Bavnic, ganando uno de los primeros lugares del evento, lo cual le ameritó una plaza en la Bienal del Istmo Centroamericano; y recientemente estuvo un mes en Argentina para una de las residencias educativas de artistas URRA, en Buenos Aires.

El trabajo de este joven nicaragüense varía en temas, formas y colores. Entre algunas de sus obras está "Malabarismo Monumental", que trata de intervenciones de su cuerpo sobre monumentos públicos, y también están las "Máscaras", que son una serie de cambujes hechos a mano, trabajados partir de residuos de telas, hules, tejidos, cueros, lonas, hilos y más. A continuación, te ofrecemos una breve ventana en la vida y en la forma de pensar de Alejandro de la Guerra, un notable artista nacional.

Entraste como alumno en el Espacio para la Investigación y Reflexión Artística, EspIRA, en 2006 y también estudiaste diseño gráfico en la Upoli, pero ahora sos docente en EspIRA y en la UCA, mientras seguís explorando proyectos artísticos personales. ¿Qué pensás de ese giro?

En este cuatrimestre no soy más profesor, porque tuve que viajar, pero pasar de alumno a profesor es un cambio muy interesante: uno aprende de ambos procesos. Es interesante también situarme de nuevo como alumno en otras circunstancias, en talleres, en algún posgrado o en residencias educativas. Ser profesor y alumno a la vez es un fortalecimiento de los procesos de aprendizaje.

Hacés performance, instalaciones, construcciones plásticas (pinturas, máscaras, etc.). ¿Alguna de estas vertientes del arte prevalece sobre las demás en tu vida? ¿Disfrutás más haciendo alguna?

No, normalmente me engancho con una idea, y el medio o lenguaje está implícito, adherido a la idea, pero hay ideas que van a funcionar mejor desde lo performático, en sonidos, videos, en una pintura o una acción relacional, y si mi idea le aporta al lenguaje plástico, mejor.

Recientemente volviste de Buenos Aires, Argentina, donde estuviste en una de las residencias URRA. Hablanos un poco de ello, de tu experiencia, de tu aprendizaje.

URRA es una de las mejores residencias de Suramérica y ha cobijado a artistas de la talla de Patricia Belli. Yo estaba acostumbrado a participar en residencias educativas, pero la de URRA es de otro formato, es para artistas con trayectoria, pero que se mezclan con artistas jóvenes. Además, la diversidad de medios en los que los artistas trabajamos es muy amplia y eso es importante en una convivencia de artistas, para que esta no se encasille en un solo medio.

¿Qué veremos pronto de Alejandro de la Guerra, producto de esta jornada en el extranjero?

Surgieron en mi cabeza varios proyectos. Uno (está) casi cocinado, que es un programa de televisión que trabaja con artistas de diversas áreas, y estamos en proceso de buscar financiamiento. Además, quisiera poner una maquila.

¿Guardaste contactos de este viaje? ¿Qué tanto ayuda mantener contacto con colegas artistas de otras latitudes?

Pienso que la diversidad cultural es muy importante, pero las fronteras son un gran negocio.

¿Por qué?

El concepto de frontera tradicional es una empresa que genera dinero a los gobiernos, las empresas de viajes y empresas de turismo. Los ciudadanos pedimos circulación libre por los países, poder visitar a familiares, conocer las diversas culturas y el planeta donde nos ha tocado vivir en este corto período, que es la vida. Pero somos parte de un aparato económico y político que opera en la frontera y en el cual si atravesamos un límite sin pagar, somos enjuiciados política y moralmente.

En el arte, se hace indispensable la convivencia con diversas culturas y personas de diversos lados, pero todo eso tiene un gran costo económico.

Tomando en cuenta tu obra en la IX Bavnic y tu obra “Malabarismo Monumental”, se puede leer un fuerte interés por las urbes, por la ciudad. ¿Qué representa una ciudad, una capital para vos? ¿Y qué buscás con modificar sus monumentos/esculturas/estatuas?

Me interesa investigar sobre la estética del poder, trabajar desde los simbolismos y los códigos que representan un poder: los monumentos, edificios, las calles con nombres de coroneles, el color, las banderas, etc. Los monumentos son esfinges y fantasmas que fueron enterrados en nuestro paisaje cotidiano, entre los dedos, sin permisibilidad de tocarlos. Son como los santos, no nos pertenecen a nosotros, le pertenecen a los gobiernos que quieren sembrar poder a nivel simbólico. En lo particular, me interesa jugar con eso, construir nuevas narrativas, hacer arte, introducirme en la historia y en la memoria colectiva como un virus, crear pequeñas historias y modificar la historia de esos símbolos, humanizarlos. Sin monumentos no hay héroes ni villanos.

Este año ha sido muy cargado de actividades para vos. ¿Cuál es tu balance del 2014?

Muy bueno, espero que sigan surgiendo proyectos interesantes desde Nicaragua. En estos momentos estoy trabajando en una expocolectiva en Madrid, en la Galería T20.

¿Qué esperás para el 2015?

Ufff… ¡Que caiga un meteorito! Pero esta vez quiero verlo, ¡porque cuando ocurrió el anterior estaba dormido!

 

26 años tiene este artista plástico, cineasta y docente.