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A finales del 2013 me mudé a mi nueva casa. Todo este 2014 parte de mi rutina ha sido el movilizarme en interlocales hacia Managua en las madrugadas para llegar al gimnasio. En este tiempo he alcanzado a ver personas de todas las edades entrando a la capital para dirigirse a diferentes lugares para trabajar. He visto madres con niños en brazos y personas mayores todas sacrificando un poco de sueño para poder llevar el pan de cada día a sus hogares. Esto solo me sirve para reafirmar lo trabajadores que los nicaragüenses somos. Me hace pensar en los muchos sacrificios que tomamos para alcanzar nuestras metas.

Estos eventos cotidianos los podemos fácilmente traducir a nuestras metas de ‘fitness’; todos partimos de un mismo punto, todos queremos alcanzar una mejor versión de uno mismo, ya sea a través de la pérdida de peso o volviéndonos más fuertes. Hay personas que llegan a su destino más pronto que otras, pero para poder mantener los resultados a largo plazo debemos crear un estilo de vida que nos lo permita. Y si hay algo que he aprendido montado en un bus lleno de personas es que, aunque es incómodo en ocasiones, siempre encontramos la manera de alcanzar. En nuestros viajes para llegar a nuestra meta, encontraremos espacios de incomodidad, desde dejar de consumir alguna comida, hasta probar un ejercicio nuevo o empezar de cero porque todo ha fallado, pero siempre podemos salir adelante si somos pacientes en nuestros esfuerzos.

Todos tenemos dentro de nuestro ADN a ese nicaragüense trabajador. Y ya sea que esa persona salga para cumplir con un trabajo de oficina de 8:00 a 5:00 o salvar vidas desde una sala de operación o vender artículos en el mercado o bien simplemente quiere sentirse lleno de vida y saludable, está en nosotros el poder llegar a nuestras metas.

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