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La sonda europea Rosetta de la Agencia Espacial Europea, ESA, y su módulo Philae fueron reconocidos el viernes pasado como uno de los diez “Descubrimientos del Año” 2014 por la revista científica estadounidense “Science”.

Entre la lista de los principales hallazgos científicos durante este año también incluye avances en medicina, robótica, biología sintética y paleontología.

En un cometa

Después de un largo viaje de 10 años, Rosetta llegó en agosto reciente al cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko con el objetivo de estudiar por primera vez la superficie de un cometa que, considerados como cápsulas del tiempo de los orígenes del sistema solar, puede arrojar luz sobre los misterios de la formación del Universo.

En noviembre, después de varios meses de misión, desplegó su módulo Philae que, tras un accidentado aterrizaje, logró posarse en el cometa y comenzó a transmitir información científica sobre las condiciones de su superficie y su composición.

“El aterrizaje de Philae fue una hazaña impresionante”, señaló Tim Appenzeller, director de noticias de “Science”, quien destacó que “toda la misión Rosetta es el descubrimiento”, puesto que está aportando a los científicos “un asiento de primera fila sobre cómo se calienta, respira y evoluciona un cometa”.

Otros destacados

El hallazgo paleontológico del año fue el cálculo correcto de la antigüedad unas pinturas de animales en una cueva en Indonesia que se creía que fueron realizadas hace 10,000 años, pero en realidad tenían entre 35,000 y 40,000 años, lo que apunta a que los humanos en Asia produjeron arte simbólico a la par que los europeos.

Science también valoró un experimento que demostró que el factor GDF11 de la sangre de ratón joven puede rejuvenecer los músculos y el cerebro de ratones más viejos, y que ha llevado a un ensayo clínico en el que pacientes de alzhéimer están recibiendo plasma de donantes jóvenes.

En el área de neurociencia, destacaron los primeros chips “neuromórficos” que imitan la arquitectura del cerebro humano y están diseñados para procesar información de la forma más parecida a cómo lo hacen los cerebros vivos.

Dos investigaciones pioneras que desarrollaron dos métodos diferentes para cultivar células que se asemejan a las células beta --las células productoras de insulina del páncreas-- también fueron reconocidas por su valía para dar a los investigadores una oportunidad “sin precedente” para estudiar diabetes.