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  • The Economist

El inicio del planeta de los smartphones ocurrió en enero de 2007, cuando el director ejecutivo de Apple, Steve Jobs, de pie frente de un público extasiado de seguidores de Apple blandió un bloque de plástico, metal y silicio no mucho más grande que un chocolate Kit Kat. “Esto cambiará todo”, prometió.

Por una vez no fue una exageración. Solo ocho años después, el iPhone de Apple simboliza a la tecnología que define al siglo XXI.
Los smartphones importan en parte debido a su ubicuidad. Se han vuelto los dispositivos de más rápida venta en la historia, superando el crecimiento de los teléfonos móviles sencillos que les precedieron. Superan en número a las computadoras personales en cuatro a uno. Actualmente, alrededor de la mitad de la población adulta posee un smartphone, y para 2020 lo hará el 80 por ciento.

Los smartphones también han penetrado en todos los aspectos de la vida. El estadounidense promedio está metido en uno durante más de dos horas al día. Al preguntarles cuál medio extrañarían más, los adolescentes británicos seleccionan a los dispositivos móviles por encima de los televisores, las PC y las consolas de juego.

Casi 80 por ciento de los dueños de smartphones verifican mensajes, noticias y otros servicios dentro de los primeros 15 minutos después de levantarse. Un 10 por ciento admite haber usado el dispositivo durante las relaciones sexuales.

Enriquecer vidas
La alcoba es solo el principio. Los smartphones son más que una ruta conveniente en línea, así como los autos son más que motores sobre ruedas y los relojes son más que un medio para contar las horas.

Como lo hicieron en su tiempo el auto y el reloj, así hoy el smartphone está destinado a enriquecer las vidas, reformar industrias enteras y transformar sociedades, todo ello en formas que los adolescentes que utilizan Snapchat no pueden empezar a imaginar.

El poder transformador de los smartphones proviene de su tamaño y conectividad. El tamaño les convierte en las primeras computadoras verdaderamente personales. El smartphone toma el poder de procesamiento de las supercomputadoras de ayer --incluso el modelo más básico tiene acceso a más capacidad de análisis de cifras que la NASA cuando llevó al hombre a la Luna en 1969-- y lo aplica a interacciones humanas comunes.

Como la transmisión de datos es barata, este poder está disponible en movimiento. Desde 2005, el costo de ofrecer un megabyte inalámbricamente ha descendido de 8 dólares a unos cuantos centavos de dólar. Sigue cayendo. La aburrida vieja PC colocada sobre su escritorio no sabe mucho sobre usted, pero los smartphones se desplazan con usted. Saben dónde está, qué sitios web visita, con quién habla, incluso cuán sano está.

Muchas preocupaciones
La combinación de tamaño y conectividad significa que este conocimiento puede ser compartido y agregado, uniendo los ámbitos de los bits y átomos en formas que son profesionales y personales. Uber conecta a choferes disponibles con pasajeros cercanos a precios más baratos. Tinder pone a la gente en contacto con potenciales citas. En el futuro, su smartphone podría recomendar un cambio de carrera o reservarle una cita con el médico, para que atienda su soplo cardiaco antes de que sepa que algo está mal.

Como con todas las tecnologías, este futuro conjura una veintena de preocupaciones. Algunas, como el riesgo del “dolor de cuello por enviar mensajes de texto” –encorvarse sobre un smartphone causa tensión en la columna vertebral– seguramente es pasajera. Otras, como la dependencia, son una medición tanto de utilidad como de adicción: los usuarios de smartphones exhiben “nomofobia” cuando resulta que se encuentran con las manos vacías. Después de todo, la gente también odia quedarse sin sus neumáticos o su reloj.

El mayor temor concierne a la privacidad. El smartphone convierte a la persona a su lado en un potencial difundidor de sus momentos más privados o embarazosos. Muchos vendedores de aplicaciones, que saben mucho sobre usted, venden datos sin revelarlo adecuadamente, y las políticas de privacidad móvil rivalizan rutinariamente con “Hamlet” en su longitud.

Si los documentos filtrados son correctos, GCHQ, la agencia de inteligencia de señales de Gran Bretaña se las ha ingeniado para hackear a un gran vendedor de tarjetas SIM para poder escuchar las llamadas de las personas. Si espías en las democracias están haciendo este tipo de cosas, puede estar seguro de que aquellos en regímenes autoritarios también lo están haciendo. Los smartphones darán a los dictadores un alcance sin precedente para espiar y acorralar a sus súbditos rebeldes.

Conectar a millones
Sin embargo, hay tres beneficios que compensan estas amenazas a la privacidad.

Para empezar, los autócratas no las tendrán todas de su lado. Los smartphones son el vehículo para conectar a miles de millones de personas al Internet. El más barato de ellos ahora se vende en menos de 40 dólares, y los precios probablemente caerán más.

Los mismos teléfonos que permiten a los gobiernos espiar a sus ciudadanos, también registran la brutalidad de los funcionarios y difunden información y opiniones disidentes. Alimentan la demanda de autonomía y ayudan a convocar a movimientos de protesta. Un dispositivo que da tanto poder al individuo tiene el potencial de desafiar al autoritarismo.

El segundo beneficio son todos esos datos personales a los cuales las compañías son tan afines. Las ciencias sociales convencionales se han visto frenadas por los conjuntos de datos limitados que pueden reunir. Los smartphones son tomadores de censos digitales, creando una visión más detallada de la sociedad que nunca antes y haciéndolo en tiempo real. Regidos por las regulaciones adecuadas, los datos personales anónimos pueden ser usados, entre muchas otras cosas, para optimizar los flujos de tráfico, evitar la delincuencia y combatir epidemias.

El tercer beneficio es económico. Algunos estudios sugieren que, en los países en desarrollo, cada 10 teléfonos móviles extras por cada 100 personas incrementan la tasa de crecimiento del PIB per cápita en más de un punto porcentual, digamos, atrayendo a la gente al sistema bancario.

Los grandes cambios que impulsarán los smartphones

AVANCE • Los smartphones reformarán industrias enteras y a velocidad desconocida anteriormente. Uber es un nombre conocido, que opera en 55 países, pero no ha celebrado aún su quinto aniversario. Whatsapp fue fundado en 2009 y ya maneja 10,000 millones más en mensajes al día que el sistema de mensajes de texto mundial SMS.

El smartphone es una plataforma, de manera que las empresas incipientes pueden crear de manera barata una aplicación para probar una idea, y luego rápidamente lanzarla mundialmente si a la gente le gusta. Esa es la razón por la cual desencadenará la creatividad a escala planetaria.

Por su naturaleza, las tecnologías trascendentales formulan preguntas difíciles a la sociedad, especialmente conforme la gente se adapta a ellas. Los smartphones no son diferentes. Si los ciudadanos no están protegidos de los ojos entrometidos, algunos sufrirán y otros volverán la espalda.

Las sociedades tendrán que desarrollar nuevas normas y las compañías tendrán que aprender cómo equilibrar la privacidad y las utilidades. Los gobiernos tendrán que definir lo que es aceptable.

En ocho breves años, sin embargo, los smartphones han cambiado al mundo y apenas han empezado.

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