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  • The Economist

El 19 de febrero fue el “Día de las Demostraciones” para 16 empresas incipientes de tecnología en Londres. Una sucesión de aspirantes a ser el próximo Steve Job saltó a un escenario para ofrecer presentaciones de tres minutos ante capitalistas aventureros. La típica modestia excesiva de los ingleses no apareció para nada. Un equipo demostró cómo podría comprimir videos en línea 50 por ciento más que la competencia, otro cómo se podría convencer a los arquitectos de usar un sistema de realidad virtual.

En 2013 se crearon más empresas en Gran Bretaña que en cualquier año durante al menos una década. Un grupo cabildero, Enterprise Nation, estima que el número del año pasado fue incluso más alto. Muchas de estas serán empresas de un solo hombre o mujer, constructores y empleados del sector público desplazados de sus empleos habituales por la recesión y la austeridad. Cada vez más, sin embargo, las empresas están siendo iniciadas por el tipo de persona ambiciosa y bien educada que terminará creando empleos. Algunos estiman que Londres fue la escena de empresas incipientes más vibrante en Europa.

“REEQUILIBRIO”
Cuando el actual gobierno de coalición conservador/liberal-demócrata asumió el poder en 2010, era obvio que los dos motores de crecimiento de que habían dependido los laboristas, los servicios financieros y el sector público en expansión, estaban renqueando. La coalición rápidamente declaró su intención de “reequilibrar” la economía del sector público al privado, de los servicios a la manufactura y de Londres a otras partes. Como sugiere el Día de las Demostraciones, logró uno de esos tres objetivos.

El secretario de Hacienda conservador, George Osborne, redujo los impuestos corporativos de 28 por ciento a 20 por ciento y recortó la tasa máxima del impuesto sobre los ingresos para hacer parecer a Gran Bretaña más amigable con las empresas. Para alentar a los innovadores, las barreras de ingreso se redujeron en industrias como la banca y la energía.

El gobierno de coalición también trató de abordar dos grandes quejas corporativas: la renuencia de los bancos a prestar, después de la crisis financiera, y una escasez de trabajadores calificados. Vince Cabl, el ministro de empresa liberal demócrata, creó un Banco Empresarial Británico, el equivalente del famoso Mittelstandsbank de Alemania, para distribuir préstamos a pequeñas y medianas empresas. La Tesorería cambió las reglas fiscales en un intento por alentar a la gente a invertir.

RETOS
Todos los partidos principales coinciden en las virtudes de estos planes y están tratando de superarse uno a otro en hacer más promesas al respecto. El primer ministro David Cameron dijo que quiere financiar tres millones de prácticas profesionales para 2020, mientras que los laboristas han prometido crear 80,000 prácticas profesionales de “alta calidad” al año.

El gobierno de coalición también trató de dar una mano a la industria manufacturera. El financiamiento para las exportaciones es ahora más generoso. La “catapulta manufacturera de alto valor”, que suena horrible y fue establecida en 2011, incita a las empresas, a los sectores académicos y al gobierno a trabajar mejor juntos. Esto es parte de una nueva cadena de centros de tecnología e innovación de élite que tratan de cubrir la brecha entre la innovación inicial, una tradicional fortaleza británica, y la manufactura a escala industrial, una deficiencia conocida.

Sin embargo, no está claro si todo esto ha ayudado a la manufactura. Su parte del PIB ha permanecido en 10 por ciento durante los últimos años, y la poca recuperación en exportaciones que ha ocurrido ha sido impulsada por los servicios, no por los productos manufacturados.

Los hombres de negocios tienden a apoyar al gobierno, cualquiera que sea su complexión, más que a la oposición. Sin embargo, el Partido Laborista ha hecho que eso parezca intuitivo. Desde Michael Foot, a principios de los años 80, un líder laborista no ha tenido tan mala reputación entre los ejecutivos como Ed Miliband actualmente.

Mientras que sus predecesores “neolaboristas”, los primeros ministros Tony Blair y Gordon Brown, cortejaron al voto empresarial, Miliband se deleita en hacer lo contrario. Se ha enfrentado no solo a compañías impopulares, como las empresas de energía, sino también a los líderes de compañías de confianza como la cadena de farmacias Boots. Parece ansioso de intervenir en los mercados y sumar costos a las empresas. En cuanto al propuesto “impuesto a las mansiones” sobre casas costosas de los laboristas, el partido “no podía haber planteado un impuesto más calculado para irritar a los empresarios”, dijo un hombre de negocios londinense.

El menguante grupo de líderes empresariales que aún simpatizan con el Partido Laborista esperan que el ministro de Hacienda en la sombra Ed Balls y el secretario de Empresa en la sombra Chuka Umunna moderen los instintos de Miliband si llega a ser primer ministro.