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Con el tiempo, todos los dramas prolongados, desde “Dr. Who” hasta “Downton Abbey”, llegan a sentirse como una fórmula. Así sucede con la saga de la deuda de Grecia y el euro. Durante cinco años, ha seguido un guión agotadoramente familiar de deudas sin pagar, reformas abortadas y compromisos de última hora que permiten al país tambalearse dentro de la moneda única.

Esa historia ha arrullado a muchos hasta esperar el desenlace habitual en la última lucha entre el gobierno griego de Syriza y sus acreedores europeos. Sin embargo, esto está pareciendo cada vez menos probable. A menos que Syriza capitule repentinamente, Grecia incumplirá el pago a sus acreedores. Si eso sucede, su salida del euro estará a solo un paso de distancia.

Grecia ya reestructuró sus deudas una vez, en 2012. Ahora debe dinero principalmente a otros gobiernos europeos, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional. Estos acreedores oficiales han reducido las tasas de interés y extendido los vencimientos, pero no lo suficiente. Con un volumen de deuda de 175 por ciento del PIB, Grecia necesitará más alivio. La mayoría de los políticos europeos aceptan silenciosamente esto.

Medidas desesperadas
El peligro radica en un incumplimiento de pago caótico nacido de una política arriesgada. El gobierno griego tiene cuentas por pagar y nada de dinero para pagarlas. Está recurriendo a medidas desesperadas. Hace pocas semanas, el primer ministro Alexis Tsipras ordenó a organismos de gobiernos locales el traslado del efectivo adicional al Banco Central. Eso podría ayudarle a ganar tiempo. Al final, sin embargo, Grecia no podrá pagar a sus retirados, ya no digamos a sus acreedores, sin un acuerdo con sus pagadores europeos que libere nuevos préstamos.

Eso parece cada vez menos improbable, por tres razones. La primera, es una profunda pérdida de confianza de parte de los acreedores de Grecia. La zona del euro siempre ha tenido solo una versión débil de la solidaridad que caracteriza a una verdadera unión. Desde que Syriza llegó al poder, sin embargo, se ha debilitado más. Las acciones arriesgadas y tropiezos del inexperto gobierno de Grecia son un factor, pero el mayor problema ha sido la poca disposición de Syriza a mencionar, ya no digamos poner en práctica las reformas que emprenderá a cambio de su próxima entrega de dinero. Antes, los acreedores de Grecia podrían haber aceptado promesas generales, pero ahora quieren detalles específicos.

Segundo, actualmente a los europeos les preocupan menos las consecuencias de mercado de una “Grexit”, una salida de Grecia del euro. Gracias a la reestructuración de 2012, los efectos directos de otro incumplimiento de pagos griego serían más fáciles de manejar porque los bancos de Europa, el eslabón débil en cualquier ataque de pánico, están ahora más aislados. Conforme han menguado los temores de un contagio financiero, también lo ha hecho el apetito de los acreedores europeos por el compromiso.

Tercero, las restricciones políticas a ambos lados dificultan la negociación. Syriza fue elegido con base en una promesa de frenar la incesante austeridad requerida por sus rescates. El Gobierno tiene sus propias facciones que controlar, entre ellas a parlamentarios de la izquierda dura, poco dispuestos a hacer concesiones sobre las privatizaciones o las pensiones.

Referendo o elección
Tsipras podría necesitar un referendo u otra elección para conseguir un mandato para retroceder, aun cuando quisiera hacerlo. Los votantes en los países acreedores están cansados de pagar por Grecia, y los políticos en lugares como España, que también ha estado experimentando la austeridad, están endureciendo su postura.

Los pagos a los prestamistas de la zona del euro no vencen hasta después de 2020. Si se suman todos estos elementos, sin embargo, es difícil ver cómo los griegos puedan llegar a un acuerdo que les permita cumplir con sus deudas más inmediatas con el BCE y el FMI.

Es menos claro si ese incumplimiento de pagos debe conducir a la salida de Grecia del euro. Las dos cosas no van necesariamente juntas: Después de todo, Grecia incumplió pagos a acreedores del sector privado en 2012.

No obstante, dejar de pagar a inversionistas privados con el apoyo de la zona del euro es diferente del impago unilateral a acreedores oficiales. Las decisiones del BCE, que mantienen a flote a los bancos de Grecia, serían cruciales. El BCE no quiere ser el actor que precipite la Grexit retirando su apoyo, y las agencias calificadoras amablemente han dicho que un pago no hecho a un acreedor oficial no constituiría un incumplimiento de pagos.

Impago afectaría a los bancos

PREVISIÓN • Sin embargo, si Grecia no pagara al propio BCE, sería difícil dar más plazo. La falta de pago también deprimiría el valor de las tenencias de deuda gubernamental a corto plazo de los bancos griegos y alentaría la fuga de depósitos. Eso dejaría a los bancos con la necesidad de más apoyo de liquidez de parte del BCE, exactamente cuando se cristalizaran las dudas sobre su solvencia. Es improbable que el BCE les ayude entonces.

Hay maneras en que Grecia puede aplazar el desastre. Pudiera salvar la moneda dura emitiendo pagarés, un tipo de vale, en lugar de pagos a sus ciudadanos. Sin embargo, esa sería una invitación abierta a los griegos para que retiren sus euros restantes de los bancos, de manera que el Gobierno pudiera imponer controles de capital. Chipre los ha tenido durante dos años sin abandonar el euro, pero eso lo hizo de común acuerdo con sus socios.

Si Grecia llegara alguna vez a esta etapa, con una moneda paralela en circulación, la imposición de controles de capital y la retención de fondos de rescate, la diferencia entre el incumplimiento de pagos y la salida sería en verdad mínima.