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  • The Economist

Los automovilistas británicos en la A414 en Essex se han acostumbrado recientemente a una escena curiosa. Todos los días de 7 a 9 de la mañana, y de nuevo de 4 a 7 de la tarde, un hombre con un quepí se trepa a una sillita al lado de la carretera de dos carriles, sonríe hacia el tráfico que se acerca y hace a los conductores una seña con el pulgar en alto.

"Uno tiene que mirarlo a los ojos", explicó Robert Halfon, el parlamentario conservador de Harlow en Essex.

Muchos de los conductores regresan el gesto del pulgar en alto y hacen sonar la bocina.

"¡Halfon, sí!", gritó un hombre, asomándose por la ventanilla de su camioneta mientras pasaba velozmente.

Halfon no es un parlamentario común. Se ha ganado admiradores en todo el espectro político librando una serie de campañas sobre temas del consumidor, desde los impuestos a las salas de bingo hasta los recargos en las cuentas de la electricidad. Es mejor conocido por convencer al gobierno de coalición conservador-liberal demócrata de cancelar todos los aumentos planeados al impuesto sobre el combustible desde 2010.

IDEOLOGÍAS
El parlamentario se refiere a su forma de política "conservadurismo de camioneta blanca", referencia a los votantes de clase obrera con aspiraciones (estereotipados en el Reino Unido como los "hombres de la camioneta blanca", N. del T.), que hacen de ciudades como Harlow, al noreste de Londres, barómetros tan cruciales. Votaron por Margaret Thatcher en los años 80 y Tony Blair en 1990, pero en la actual campaña electoral británica están resultando especialmente difíciles de atraer.

Los conservadores pueden destacar una economía en recuperación y un líder cada vez más popular en el Primer Ministro David Cameron. A una semana de la elección general del 7 de mayo, sin embargo, están empatados con el opositor Partido Laborista, como lo han estado a lo largo de la campaña.

Para formar otra coalición con los liberales demócratas, los conservadores deben retener casi todos sus escaños en la Cámara de los Comunes. Extrañamente, el mayor desafío a su continuo dominio no proviene directamente de los laboristas: Durante el curso de este Parlamento, pocos votantes se han pasado del campo conservador al laborista o viceversa.

El verdadero problema de los conservadores es el populista Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP, por su sigla en inglés) y su fuerte atractivo para el hombre de camioneta blanca. Más de una de cada 10 personas que votaron por los conservadores en 2010 han dejado el partido desde entonces por el UKIP, que detesta a la Unión Europea y la inmigración. Los desertores son típicamente varones, blancos y de clase obrera. Lynton Crosby, el jefe de campaña de los conservadores, estima que el votante potencial típico del partido gana unos 23,000 dólares al año, 40% menos que el promedio nacional, lee The Sun --tabloide derechista-- los domingos y valora la seguridad económica y nacional sobre todo lo demás.

Este análisis tiñe a toda la campaña conservadora. En una entrevista el 6 de abril, Cameron instó a los votantes del UKIP a "llegar a casa". En el lanzamiento del manifiesto del partido el 14 de abril, describió a los conservadores como "el partido verdadero para la gente trabajadora". Dos semanas después le llamó el partido de "los trabajadores y los techadores y los minoristas y los plomeros". Habla incesantemente sobre la seguridad.

Los conservadores han cortejado al hombre de la camioneta blanca en su manifiesto y en las promesas que han hecho en la campaña. El primer ministro ha prometido crear 50,000 nuevos puestos de aprendices, ampliar las guarderías gratuitas y excluir del impuesto sobre el ingreso a quienes ganan el salario mínimo. Incluso promete legislar contra cualquier aumento en los principales impuestos de recaudación de ingresos hasta 2020.

Hasta ahora, sin embargo, la estrategia del hombre de camioneta blanca de los conservadores no está funcionando lo suficientemente bien.

El partido no ha logrado la largamente esperada "mezcla" con los laboristas en los sondeos, principalmente porque no ha ejercido la suficiente presión al UKIP. El partido insurgente sigue en alrededor de 12%, por encima del apenas 3% en 2010. Matthew Goodwin, un experto del UKIP, estima que el partido pudiera costar indirectamente a los conservadores alrededor de 30 escaños. Los laboristas deben reunir unos 40 escaños ingleses para encabezar el próximo gobierno.

La mejor explicación es que muchos votantes aún dudan de que los conservadores comprendan sus vidas e intereses. Cameron no se esfuerza por ocultar su elegancia, y en ocasiones el partido ha ayudado a reforzar esta sensación: desde su reprimenda a un policía, supuestamente llamándole "plebeyo", hasta la económicamente sensata, pero políticamente masoquista decisión de recortar el impuesto sobre la renta a quienes más ganan en el "totalmente desordenado" presupuesto de 2012.

Más perjudicialmente, los votantes de bajos ingresos no se están sintiendo mejor que en 2010. Aunque el desempleo ha caído significativamente, esto es en parte el lado malo del trabajo inseguro y los salarios estancados. Los conservadores protestan, con razón, que los salarios bajos son mejor que nada, y que al menos las cosas no están retrocediendo.

Sin embargo, se les puede perdonar a los conductores de camionetas no sentirse abrumados por la gratitud ante el gobierno en turno. Como demuestra la vigilia al lado de la carretera de Halfon, convencer a esos votantes de que los parlamentarios conservadores están verdaderamente de su lado puede requerir de esfuerzos extraordinarios.

 

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