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  • AFP

Un silencio ensordecedor reina en el inmenso matadero de Haji Shadab, donde las máquinas han dejado de funcionar debido a la ofensiva de Uttar Pradesh, el estado más poblado de India, contra la industria de la carne de vacuno.

"Hemos dado vacaciones a nuestro empleados porque no recibimos bastante carne fresca. La fábrica ya no funciona", explica el director de este establecimiento de Meerut, en el norte de India, mientras recorre los pasillos desiertos.

Un nuevo Gobierno local de este estado de 220 millones de habitantes, dirigido por un religioso hindú radical, lanzó al llegar al poder este mes una campaña para proteger a las vacas -un animal considerado como sagrado en el hinduismo- que amenaza a la industria de la carne de vacuno, que suele estar en manos de los musulmanes.

Los equipos del jefe de Gobierno de Uttar Pradesh, Yogi Adityanath, un hombre de 44 años que luce la cabeza rapada y ropa de color azafrán, aseguran que sólo quiere cerrar los mataderos que no dispongan de las autorizaciones necesarias. Pero sus críticos consideran su decisión como un ataque contra una fuente de subsistencia de la comunidad musulmana, que representa a una quinta parte de la población del estado.

Las fuerzas de seguridad han empezado a cerrar los mataderos considerados como ilegales, aunque en algunos casos lleven varias décadas abiertos. Y los ganaderos han dejado de entregar sus mercancías por temor a la policía y a los extremistas hindúes, que acusan a los mataderos de matar vacas, lo cual está prohibido según la ley estatal. La carne de "ternera" consumida en India suele ser, en realidad, carne de búfalo.

La medida aprobada por el Gobierno local ha paralizado la industria de la carne de vacuno en Uttar Pradesh, principal proveedor de este producto del que India es el mayor exportador mundial.

Restaurantes vacíos

Unos días después de la investidura de Yogi Adityanath, elegido por el primer ministro Narendra Modi y su partido nacional-hinduista, tres carnicerías regentadas por musulmanes fueron incendiadas en la ciudad de Hatras.

Muchos carniceros iniciaron una huelga en la región donde mataderos como el del señor Shadab, que exporta cada día 70 toneladas de carne de búfalo hacia Asia y Oriente Medio, afrontan perturbaciones sin precedentes. "Ya no aceptamos nuevos pedidos de los clientes mientras no se aclare la situación", explica este empresario, que mandó a sus 1.500 empleados a casa.

"A largo plazo, los compradores se dirigirán hacia otros países si ya no podemos producir", lamenta.

La penuria de carne ya se nota en los restaurantes de la capital regional, Lucknow, que ya no pueden servir los legendarios kebabs que le dieron buena reputación a la ciudad.

"Usted mismo puede comprobar el impacto que tiene [la escasez de carne]. Ya casi no tenemos clientes", dice Yahaya Rizwan, gerente de un establecimiento de la marca Mubeen's, totalmente desierto.

Hasta el zoo local tuvo que resolverse a alimentar a los leones y los tigres con carne blanca, al no poder adquirir carne de búfalo.

El sacrificio de vacas no sólo está prohibido en Uttar Pradesh, sino también en otros estados de India, donde ese delito puede acarrear condenas a cadena perpetua.

Las autoridades insisten en que el cierre de los mataderos no va dirigido contra ninguna comunidad específica y que sólo sancionarán a los comercios que no cumplan las reglas.

En una calle de Meerut, decenas de carniceros musulmanes esperan todo el día delante de unos puestos vacíos y limpios, con los cuchillos guardados. Todos muestran sus permisos de trabajo con orgullo.

"Todo iba bien hasta que Yogi (Adityanath) llegó al poder", dice el carnicero Riyaz Babu Qureshi. "Nunca hemos visto una situación como ésta. Es terrible".