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Estuvo a punto de desaparecer, pero a base de cuotas de pesca y controles draconianos, el atún rojo del Mediterráneo ha repoblado el mar, devolviendo la esperanza sobre la preservación de esta especie, amenazada en todo el mundo.

Come casi todo lo que pasa por delante de su boca, puede pesar hasta 650 kilos, medir más de cuatro metros de largo y poner cientos de millones de huevos y, sin embargo, este portento de la naturaleza estuvo a punto de morir por culpa de la sobrepesca.  “En 2001, vivimos una crisis grave, el atún rojo (del Mediterráneo) estaba a punto de desaparecer”, recuerda a la AFP Alessandro Buzzi, experto de la oenegé World Wildlife Fund (WWF). Atún rojo

La cantidad de reproductores había caído a 150,000 toneladas en 2008. Durante la última evaluación realizada en 2013, había remontado hasta las 585,000 toneladas, y se esperaba resultados aún mejores este año. 

El objetivo de restablecimiento de la reserva de reproductores fijado para 2022 se alcanzará a partir de 2018, según Bertrand Wendling, director general de Sa.Tho.An, cooperativa del puerto de Sète, en el sur de Francia.   El atún del Mediterráneo es en realidad una parte del “Thunnus thynnus” o atún del Atlántico, que se reproduce y se pesca sobre todo en el Mediterráneo.  Este verano se volverá a evaluar la reserva de reproductores para presentar un informe ante la Comisión Internacional para la Conservación del Atún del Atlántico (ICCAT, por sus siglas en inglés) a finales de año. 

“Si la evaluación es positiva, será el final del plan de reconstitución, esto es, de las medidas de urgencia. Esto abrirá el camino a un plan de gestión a largo plazo que deberá debatirse”, dice Buzzi. 

Pero lo que parece ser una buena noticia despierta también viejos temores ya que la demanda mundial no cae, y “todo el mundo aprovecha la reconstitución de las reservas para pedir un aumento de las cuotas pesqueras”, ya sea España, Italia o Argelia, según Buzzi. 

Aunque el atún de los sushis vendidos en Europa suele ser albacora, una variedad tropical que no es atún rojo, entre el 80% y el 90% de los ejemplares pescados en el Mediterráneo se envían a Japón, donde su carne es muy apreciada, tras haber sido cebados en granjas en el Mediterráneo. 

Un producto excepcional

Los pescadores franceses no coinciden con sus homólogos de otros países. “Piden que se mantengan las cuotas y los controles”, asegura Wendling, que dice “tener mucho miedo de que el dispositivo se suavice demasiado y que se repitan los excesos cometidos hace años”. 

Además del peligro que supondría para las reservas de atunes rojos, Wendling teme que un aumento de las cuotas haga caer los precios, que hoy rondan los 10 euros por kilo, tras situarse entre uno y dos euros años atrás. 

“Algunas de las partes contratantes dirán: ‘las reservas están bien, queremos una mayor parte del pastel’”, prevé Tristan Rouyer, investigador en el Instituto Francés de Investigación para la Explotación del Mar, que considera que la pesca del atún rojo en el Mediterráneo es hoy en día “la más vigilada en el mundo”. 

“Hay que asegurarse de que los posibles aumentos de cuotas beneficiarán a quienes exploten este recurso de forma duradera”, opina Buzzi, que considera los métodos de engorde de atúnes en las granjas, especialmente las españolas, “no son sostenibles desde un punto de vista medioambiental”. 

A diferencia de los españoles, que tienen menos barcos y viven sobre todo de la acuicultura, o de los argelinos que tienen unas cuotas mucho más reducidas, los pescadores franceses tratan el atún como un producto excepcional. 

De hecho, esperan obtener pronto el sello de “primera explotación pesquera sostenible en el Mediterráneo”. “Queremos pescar menos, pero vender mejor”, asegura Wendling. 

Un laboratorio de pesca 

El Mediterráneo es el laboratorio que servirá para anticipar la gestión de la pesca en los demás mares del planeta frente a problemas globales como la destrucción del hábitat y el cambio climático, apuntan científicos italianos.

El Mediterráneo, rico en biodiversidad, se ha convertido en un

“laboratorio con el que anticipan las medidas que luego se verán en todo el planeta”, dijo Roberto Danovaro, presidente de una estación zoológica de Nápoles (sur de Italia).

En esa cuenca la sobreexplotación de los recursos pesqueros está dañando los ecosistemas junto al cambio climático, ese “enemigo invisible” de los océanos, a su vez sumideros naturales de dióxido de carbono, añadió Danovaro. Según Danovaro, el 90% de los peces viven en las profundidades del mar y, con cada vez menos recursos en la costa, la pesca se está expandiendo hacia esas zonas en las que todavía hace falta “entender mejor lo que sucede”. 

El experto comentó que ya existen iniciativas para promover el consumo de productos marinos más sostenibles como las algas o los invertebrados, en vez de comer pescados que están en lo alto de la cadena trófica y son claves para el funcionamiento de los ecosistemas. El presidente del comité científico de Slow Fish, Silvio Greco,

destacó que en la actualidad se ha reducido el número de especies disponibles en el mercado frente a la variedad que había antes, aumentando así la presión sobre los recursos pesqueros. Consideró necesaria la veda de pesca de determinadas especies como el atún rojo, que tarda años en recuperarse y cuya captura está limitada temporalmente en la Unión Europea (UE). La actual directiva europea sobre la estrategia marina establece que los países deben adoptar las medidas necesarias para lograr o mantener un buen estado ambiental del medio marino para 2020.        

Para ello se tiene en cuenta distintos indicadores como los que miden el grado de diversidad, de basura en el mar o de contaminantes en los alimentos pesqueros.  De todos ellos, apenas se tiene información de los desechos marinos, al tiempo que se necesitan más controles y programas de conservación, indicó el director general de la agencia para la protección del medioambiente en la región de Liguria, Carlo Pepe.

En la charla también participó el ministro de Políticas Agrícolas, Alimentarias y Forestales de Italia, Maurizio Martina, que llamó a proteger el mar Mediterráneo pese a toda la complejidad que entraña, así como la pesca en pequeña escala en un mundo globalizado.

“Podemos tener reglas muy rígidas pero tenemos que coordinarnos con otras regiones fuera de la UE como se está viendo en el sur del Mediterráneo”, afirmó en declaraciones a la prensa.