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  • EFE

Muchos padres evitan hablar de sexualidad con sus hijos hasta llegada la pubertad. Sin embargo, Nora Rodríguez, defiende la necesidad de tratar el tema cuanto antes y aboga por una educación en sexualidad “integral y permanente”.

Pedagoga y ensayista, durante más de dos décadas ha impartido conferencias y formación en el ámbito de la educación. Asimismo, ha dedicado su carrera al estudio de la violencia escolar y a la defensa de los Derechos de la Infancia.

Su último libro, “Atrévete a hablar de sexo con tu hijo” (Ed. Ediciones B), trata de servir de guía para educar la sexualidad desde la infancia temprana, haciendo un recorrido por etapas desde los 4 a los 17 años.

Según Nora Rodríguez, “hay una relación directa entre la falta de información sobre sexualidad, el rechazo al propio cuerpo y la aceptación de relaciones abusivas entre los más jóvenes”.

Pero, ¿por qué es necesario comenzar a hablar antes de sexualidad con los hijos? Su respuesta es contundente: “tu hijo aprende sobre sexualidad mucho antes de preguntar”.

Un niño que está frente al televisor en horario de tarde recibe en un año más de 14,000 mensajes sobre sexo que incorporará a su sexualidad, pero de los cuales solo 167 son reales.

Así es como Nora Rodríguez trata de alertar a los padres sobre por qué esperar para hablar de sexo en la pubertad es “llegar mal y tarde”, pues los niños acceden a una increíble cantidad de información sexual en la mayoría de casos “distorsionada y casi siempre proveniente de los desinformadores anónimos“.

Según indica, muchas investigaciones demuestran que “antes de los 9 años los niños ya han recibido algún tipo de información relacionada con la pornografía”.

La sexualidad en cada etapa, según Nora Rodríguez

Cada capítulo del libro está dedicado a una etapa evolutiva pues, según Nora Rodríguez, “se trata de comprender que en cada etapa evolutiva se suceden grandes cambios en relación a la sexualidad y, por tanto, los hijos necesitan mensajes diferentes”.

De los 3 a los 4 años

Los niños de tres años están “increíblemente motivados para hacer preguntas en relación con las diferencias corporales y desnudarse”.A las puertas de la pubertad será cuando comenzarán las transformaciones físicas. /Cortesía

Ante dichas preguntas es fundamental que los padres den respuestas naturales, llamando a las partes del cuerpo por su nombre.

Es muy importante aceptar su curiosidad, así como entender que los niños de estas edades se desnudan no porque quieran mostrar su cuerpo, como lo haría un adulto, sino simplemente porque han aprendido a vestirse y desvestirse.

Ésta es la mejor etapa para enseñarles el sentido de privacidad y el respeto por el propio cuerpo.

Aunque tenga solo tres años, “el niño entiende mucho más de lo que el padre cree debido a su gran habilidad para leer el lenguaje emocional y gestual”. Por ello, responder con naturalidad es esencial.

De los 5 a los 6 años

En esta etapa los niños “se permiten indagar más abiertamente sobre temas relacionados con la sexualidad”.

Algunas de las cosas que los hijos necesitan saber en esta etapa es:

  •     Que el cuerpo cambia cuando se crece.
  •     Hay que poner en práctica algunas normas relacionadas con la privacidad y la desnudez.
  •     Explicaciones adaptadas sobre cómo crecen los bebés dentro del vientre y sobre el nacimiento.
  •     Conocer las funciones corporales básicas (incluyendo la función de sus genitales).
  •     Inculcarle que no debe hablar con desconocidos.
  •     Darle unas primeras enseñanzas para la prevención del abuso sexual.

De los 7 a los 9 años (inicio de la pubertad)

A las puertas de la pubertad será cuando comenzarán las transformaciones físicas más importantes y, con ello, un gran desajuste emocional.  Así pues, estar atentos a estos cambios resultará vital en estos momentos.

En esta etapa, “el gran cambio que los padres ven en su hijo o hija es el distanciamiento de este o esta”.

De entre los nuevos sentimientos que surgen, los padres deberán aceptar que nos encontramos ante una etapa en la que los hijos:

  •     Se muestran reacios a mostrar su desnudez frente a su familia (pese a que antes lo hiciera con naturalidad).
  •     Desee cerrar la puerta de su habitación para mantener más intimidad.
  •     No saben qué implica desear a otro y experimentan una sensación de confusión.

En definitiva, en esta etapa, los hijos deberán lidiar con “comprender qué les ocurre así como aprender a tomar decisiones sobre su cuerpo, sobre sí mismos y sobre cómo quieren relacionarse con los demás”

De los 10 a los 12 años

Ya son visibles los primeros cambios físicos en los hijos. Se encuentran en un momento de cambio personal y social. Los demás los ven mayores e integran en un nuevo contexto, la educación secundaria. Sobre ellos se ciernen riesgos como el alcohol, drogas o las relaciones sexuales.

Empiezan las fantasías, descubren sensaciones nuevas, el sentido de la intimidad e investigan sobre los actos sexuales. El mutismo se impone y se encierran en sus habitaciones. Los hijos se niegan en rotundo a hablar con sus padres en esta etapa y éstos dejan en manos de la pandilla la información sobre las primeras experiencias, mientras que las hijas comienzan a sentir la necesidad de mostrarse atractivas.

De los 13 y los 15 años (adolescencia temprana)

En este período los hijos descubren el sexo, pese a que no sea el momento más oportuno. En esta etapa, los cambios hormonales que se producen afectan muchísimo a los estados emocionales de los hijos. Los hijos buscan desvincularse de sus padres y éstos tienen que entender que esta desvinculación es necesaria.

La rebeldía y la inaccesibilidad por parte de los hijos se hace muy presente en esta etapa. Los chicos se vuelven menos comunicativos, más competitivos y más impulsivos. Por su parte, las chicas se refugian en sus grupos de amigas y son más comunicativas ya que suelen estar más acompañadas (desde su ginecóloga hasta sus propias madres y otras mujeres de la familia). Los chicos están mucho más solos, cuenta Nora Rodríguez.

Hay muchos mitos que son importantes de desterrar en esta etapa con argumentos como:

  •     “La pornografía no es el sexo real. El sexo es un aprendizaje”.
  •     “No hay que apresurarse para mantener relaciones sexuales como si se tratara de conseguir un pase para hacerse rápidamente mayor”.
  •     “El orgasmo no es necesario ni obligatorio para que una relación sexual sea satisfactoria”.
  •     “Aunque se trate de la primera vez que se mantienen relaciones sexuales, si no hay protección hay riesgo de que la chica se quede embarazada o de contagio de enfermedades de transmisión sexual”.
  •     “La marcha atrás no es un método anticonceptivo”.

Las claves para sincronizar la comunicación con los hijos pasan por ayudarles a reflexionar sin juzgar, no mostrarse ante los hijos como un ejemplo a seguir (lo cual puede inhibirle o hacerle sentir rabia hacia ti), no escandalizarse oigas lo que oigas, buscar momentos de exclusividad para él o ella y, sobre todo, recordar que tu hijo ya no es tan niño.

Asimismo, en el caso de las hijas, Nora Rodríguez aconseja ayudarlas a “desenredar los mitos del amor romántico” y tratar de frenar el “neomachismo” que circula cada vez con más fuerza por las redes.

El ciberbullying y el acoso sexual en la red también deben ser cuestiones a tratar en esta etapa educativa a fin de que los hijos sepan qué hacer si se encuentran en una de estas situaciones.

De los 15 a los 17 años

En esta etapa, el trabajo de los padres consistirá en “aparentar desinterés sin dejar de darles nuevas herramientas”, o lo que Nora Rodríguez denomina llevar a cabo un “pacto de silencio“.Las claves para sincronizar la comunicación con los hijos pasan por ayudarles a reflexionar sin juzgar ./Cortesía

No obstante, mientras los hijos sean menores, “los padres deben inmiscuirse en la vida de sus hijos”.

Los peligros relacionados con el consumo de alcohol y drogas pueden aparecer en esta etapa. En relación al sexo, lo importante ante esto es transmitirles a los hijos que:

  •     “Si se desea practicar buen sexo, lo que nunca deben hacer es tomar alcohol o drogarse”.
  •     “Corren el riesgo de no recordar si han usado preservativo o no” y, por tanto, se arriesgan a embarazos no deseados o a contraer enfermedades de transmisión sexual.

Enseñar a decir “no quiero”, que el sexo es algo que se aprende y que en todo encuentro las dos partes son responsables, le ayudará en su paso hacia el mundo adulto.

En definitiva, la sexualidad de los hijos necesita mensajes claros y adecuados a cada una de las etapas de su crecimiento y de unos padres que, por supuesto, estén dispuestos a educar sin complejos.