•   La Paz, Bolivia  |
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  • EFE

Cada día aparecen nuevos y sorprendentes detalles sobre la ostentación que hacía el boliviano Juan Franz Pari Mamani tras desfalcar 5,4 millones de dólares del banco estatal para llevar una inesperada vida de lujos que fue aceptada por sus familiares y su entorno de amistades sin que lo denunciaran.

Su vida marcada por su origen humilde en un barrio populoso de La Paz se transformó en un desaforado derroche de dinero en la compra de más de una docena de coches de lujo, una lancha para navegar en el lago Titicaca, departamentos, casas, terrenos, una discoteca, en fiestas exclusivas y en viajes privados en un avión alquilado.

Pari era el jefe de Operaciones de una modesta sucursal del banco estatal Unión en la población rural de Batallas (oeste), a unos 52 kilómetros de La Paz, de la que sustrajo primero bajo la ropa y luego en maletines montos de dinero entre fines de 2016 y septiembre de 2017, sin que se active ningún acto de fiscalización.

A sus 27 años, Pari llegaba a diario a su trabajo en vehículos de transporte público cumpliendo con su rutina hasta que descubrió que, sin provocar sospechas, podía quedarse con el dinero sobrante del cajero automático que funcionaba en esa comunidad del altiplano.

Quienes lo observaban relataron a los medios que de un momento a otro comenzó a llegar al trabajo con coches nuevos y guardaespaldas.

Según la Policía, el funcionario retiraba entre 1.000 y 2.000 dólares diarios, que a veces sumaban 10.000 dólares por semana, con la ayuda de su amante, una joven argentina, Luciana R.C., y su amigo Alexis C.H, actualmente detenidos en prisiones en La Paz.

También se estableció que sacaba dinero en maletines y que para ello modificaba la posición de las cámaras de vigilancia y que alguna vez estaba tan apresurado que al salir dejó caer un fajo de dinero en la calle, pero no volvió a recuperarlo de los transeúntes.

El desfalcador no cuidaba las apariencias y le gustaba grabar todo lo que hacía y difundirlo en su cuenta de Facebook.

En fotografías y vídeos aparecen muchas personas de su círculo próximo, que lo adulaban y hacían tratos con él, festejaron sus compras y otros que parecen incautos colaboradores de sus excesos.

Una grabación de vídeo muestra a Pari presume la compra de una vagoneta Mercedes-Benz GL 400 del año valorada en 150.000 dólares, que él mandó modificar para regalar algo especial a su nueva pareja por lo que era un coche exclusivo en el mercado boliviano.

"Me lo hicieron para mí, gorda. No me lo trajeron, me lo hicieron", recalca Pari a Luciana, que antes trabajaba en un club nocturno de la ciudad de Santa Cruz (este).

En otro vídeo, maneja un Mercedes-Benz diferente en La Paz a 120 kilómetros por hora en una ruta de 80 kilómetros y se burla del policía que no puede alcanzarlo y en otro conduce ebrio, pero transmitiendo las grabaciones por las redes sociales.

La psicóloga forense Guiomar Bejarano dijo a Efe que personas con el perfil de Pari parecen sanas mentalmente aunque tienen rasgos narcisistas y psicopáticos en los que sobresalen la búsqueda de reconocimiento con la desobediencia a las normas.

Un rasgo de psicopatía, afirmó la experta, es el "encanto superficial" que hace que ese tipo de personas sean aceptadas por todos y tiendan a la manipulación gracias a la "mayor capacidad intelectual" que reflejan para sus operaciones delictivas.

La Justicia encarceló a más de una decena de personas entre ellas a la madre de Pari, a su esposa, a su amante, al hermano menor, a la cuñada, a empresarios y amigos de colegio a los que convenció de que le presenten proyectos para hacer inversiones.

Las autoridades argumentaron que todos sabían que los gastos de Pari eran excesivos para sus ingresos y nunca lo denunciaron.

Este escándalo trepó hasta las esferas políticas donde la oposición reprocha a diario al oficialismo la falta de seguridad en las instituciones del Estado y en el sistema financiero.

El exministro de Economía Luis Arce causó que las críticas aumenten cuando dijo que el monto era "insignificante" lo que fue visto como un intento de minimizar el escándalo, si bien después el presidente Evo Morales pidió cárcel para todos los culpables.

El caso ha provocado que la autoridad de regulación ordene supervisiones más exigentes a todas las entidades financieras.

Las autoridades aseguran que todos los bienes confiscados tienen un valor igual a un tercio de lo robado y que de momento no hay señales de dónde podría estar el resto del dinero porque se cree que Pari no pudo gastar todo lo sustraído durante diez meses.