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  • EFE

Investigadores y científicos mexicanos hicieron hoy un llamado para promover el uso de cultivos transgénicos en México, así como regular con base en evidencia científica el uso de los también llamados organismos genéticamente modificados (OGM).

El doctor Francisco Bolívar Zapata, miembro del Comité de Biotecnología de la Academia Mexicana de Ciencias, aseguró que tras poco más de 1.800 investigaciones científicas, no se ha comprobado que los OGM sean dañinos para los humanos.

"Hemos concluido que no hay evidencia científica relevante de daño documentado a la salud, al medioambiente y a la biodiversidad por el consumo y uso de los cultivos transgénicos y sus productos, a diferencia de los dañinos insecticidas bioquímicos", señaló.

Estas investigaciones se encuentran publicadas en el libro "Transgénicos: grandes beneficios, ausencia de daños y mitos", el cual fue presentado este jueves en la Ciudad de México.

De acuerdo con Bolívar Zapata, investigador del Instituto de Biotecnología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), los alimentos transgénicos se han consumido por más de 20 años y, por ejemplo, en Estados Unidos más de 90 % del maíz, la soya y el algodón que se consumen son genéticamente modificados.

Indicó que, de acuerdo con las investigaciones realizadas por los coautores del libro, "no existen diferencias importantes o cambios relevantes en las moléculas que integran los metabolismos de los OGM, por lo que es erróneo e infundado decir que tienen daños a la salud".

En ese sentido, el doctor Luis Herrera, integrante del Laboratorio Nacional de Genómica para la Biodiversidad, aseguró que una de las ventajas de los OGM es que pueden ser modificados para tener bioinsecticidas, lo que evita que necesiten químicos contra las plagas.

"Las plagas de cultivos de maíz en México son encabezadas por el Spodoptera frugiperda, contra el que se usan 3.000 toneladas de insecticidas químicos. El maíz transgénico posee genes de resistencia a plagas de insectos, lo que reduce el uso de los dañinos insecticidas", dijo.

Lamentó que la legislación en México bloquee la siembra de maíz y soya genéticamente modificados.

"Son los agricultores, pequeños y grandes, quienes deben tener la libertad de elegir si les conviene o no emplear esos cultivos, y negarles esa libertad es negarles un derecho", sostuvo.

El investigador, adscrito a la Unidad Irapuato del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), explicó que el hecho de que apoyen este tipo de tecnología no quiere decir que estén en favor de las empresas trasnacionales.

"Apoyamos el desarrollo de plantas transgénicas propias con propia tecnología", apuntó Herrera, quien ha desarrollado este tipo de productos que contienen bioinsecticidas.

Dijo que estas prohibiciones han frenado el desarrollo de la tecnología mexicana y que "podría haber un programa de biotecnología para desarrollar productos transgénicos".

"Pero cuando se habla de este tipo de productos siempre la respuesta es no", lamentó.

Señaló que el costo de desregular un producto transgénico, como la soya y el algodón para comercializarlo, es de entre 30 y 50 millones de dólares, "lo cual es imposible de alcanzar por los agricultores mexicanos".

En México la Ley de Bioseguridad prohíbe sembrar maíz transgénico, pero otorga algunos permisos para la siembra comercial de soya y algodón transgénicos.

Por último, el doctor Xavier Soberón, investigador del Instituto Nacional de Medicina Genómica y del Instituto de Biotecnología de la UNAM, pidió a las autoridades de salud cambiar la regulación con base siempre en evidencias científicas.

"Requerimos una regulación congruente que nos proteja del uso incorrecto de esta tecnología y nos ayude a impulsar sus beneficios", concluyó.

En la publicación participaron investigadores y científicos de instituciones como la UNAM, el Cinvestav, la Universidad Autónoma Metropolitana, la Universidad Autónoma de Querétaro, la Universidad Autónoma de Nuevo León y diversos institutos.