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“Hemos tenido que limpiar todo, todo”, explica escoba en mano una dependienta de uno de los miles de restaurantes de la capital mexicana, que iniciaron ayer martes un frenético operativo de limpieza para reabrir sus puertas hoy, miércoles, tras el pico de la epidemia de gripe porcina.

“Hemos limpiado y desinfectado todo, las paredes, los platos, la cristalería, mesas y sillas”, enumera Lourdes Ramírez a la AFP, haciendo una pausa en las labores que la han tenido ocupada toda la mañana, limpiando junto a otros compañeros las instalaciones del restaurante donde trabaja.

Los restaurantes de la cosmopolita zona de La Condesa, uno de los barrios más bohemios de la ciudad, lleno de bares y de sitios para comer, estuvo cerrado estos días de emergencia sanitaria en que se prohibieron las concentraciones de personas.

La medida fue adoptada el 28 de abril y afectó a restaurantes, bares, teatros, cines, estadios y cualquier otro sitio que pudiera concentrar gente y convertirse en foco de contagio del virus, que hasta el momento dejó 26 muertos, 20 de ellos en la Ciudad de México, de 8 millones de habitantes.

Sólo unos pocos restaurantes siguieron abiertos gracias a que tenían servicio de comida para llevar, el único servicio permitido por las autoridades.

“Pero acá estuvo cerrado todos los días, y yo, en mi casa, desesperaba sin poder trabajar”, comenta Lourdes, que, como el grueso de los dependientes, abulta su salario con las propinas de los clientes.

“Mi sueldo cayó en un 75%”, se queja Emilio Serrano, mesero de otro bar y restaurante que finalmente abrirá sus puertas el miércoles, consultado por la AFP mientras limpia sillas y mesas.

“Yo trabajo hace cuatro años acá y nunca había sido tan duro como estos días”, agrega Emilio.

Junto a él, una cuadrilla de compañeros trapea pisos, limpia copas, sacude mesas o desinfecta paredes.

“Todo se limpia y desinfecta con agua, jabón y cloro. Todo: el suelo, la barra, la loza”, comenta a la AFP Eduardo Chamorro, encargado del restaurante donde Emilio y los otros meseros recibieron a tiempo su sueldo, pero no pudieron recolectar las necesarias propinas.

“Estuvimos cerrados todos estos días, sólo vinimos hoy para comenzar a hacer la limpieza”, añade Chamorro, instalado con mascarilla y guantes de látex limpiando las patas de las mesas en medio del salón, donde el olor a cloro es penetrante.

Pérdidas multimillonarias

Este martes, el ministro de Hacienda, Agustín Carstens, anunció que la suspensión de actividades económicas en México provocaría pérdidas por unos 30,000 millones de pesos (unos 2,300 millones dólares), lo que equivale al 0.3% del PIB.

En otro restaurante, donde todas las sillas están sobre las mesas y un grupo de 10 personas trabaja haciendo el aseo, Cindy explica que han hecho sólo una profundización de la limpieza habitual.

“Hoy estamos intensificando el aseo habitual”, explica a la AFP mientras limpia unos vidrios.