•   Alepo, Siria  |
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Va vestido de amarillo de pies a cabeza desde hace más de 36 años. Con su indumentaria Abdelhamid forma parte del paisaje de Alepo, la ciudad del norte de Siria conocida por su ciudadela medieval y el antiguo zoco.

Este septuagenario fuera de lo común sueña con entrar en el libro Guinness de los Récords.

"Me visto de amarillo desde 1983 (...). Todas mis cosas son amarillas: mi ropa, teléfono, almohada, relojes", confiesa este exfuncionario conocido como Abu Zakur.

Abu Zakur forma parte del patrimonio de Alepo.  AFP/END

En cuanto llega a la céntrica plaza Saadalá al Jabiri, decenas de personas se arremolinan en torno a él para charlar pero sobre todo para tomar fotos.

"Necesito más de dos horas para cruzar un barrio de apenas un kilómetro, por lo mucho que me solicitan los transeúntes", explica él.

Hasta para comer es fiel a su color preferido: una mazorca de maíz.

Convertido en personaje ineludible de esta gran ciudad siria, este viudo vive solo en un pequeño apartamento. Sus tres hijos residen en el extranjero. 

Su piso también es monocromo: tiene ropa interior -amarilla cómo no- secando en el balcón y dentro, los zapatos, sillas y cuadros son de color limón. 

"Tengo un centenar de prendas amarillas, pantalones, boinas, camisas, gafas y bufandas (...)", explica mientras abre las puertas del armario.

"Tuve que superar muchas dificultades para juntar todo esto y creo que nadie podría hacerlo como yo", afirma orgulloso este jubilado. 

 El "Trump de Alepo" 

Es excéntrico y discreto a la vez. Se niega a revelar los motivos de su elección. Es un "secreto", pero asegura haberlo plasmado en su testamento.  

 Abdelhamid sufrió por la guerra que asuela el país desde 2011. AFP/END

Su reputación es tal que el propietario de un restaurante decidió incluir una estatua en el interior de su local. 

"El Trump de Alepo", escribió en árabe encima de la estatua, en referencia al color del cabello del presidente estadounidense Donald Trump.

Cerca de la estatua hay un retrato del conocido cantante sirio Sabah Fakhri. Y una fotografía de la ciudadela medieval de Alepo, incluida en el patrimonio mundial de la UNESCO.

"Abu Zakur forma parte del patrimonio de Alepo, por eso lo hemos colocado cerca de los símbolos de la ciudad", explica Majid Sharshakji, el propietario del restaurante. 

Cuando Abdelhamid entra en él, los clientes se precipitan para sacarse una foto.

Al igual que esta ciudad, destruida entre 2012 y 2016 por combates encarnizados, Abdelhamid sufrió por la guerra que asuela el país desde 2011.

Hasta para comer es fiel a su color preferido: una mazorca de maíz. AFP/END

En 2013 -cuenta- unos hombres armados de la oposición lo detuvieron y humillaron. Le acusaban de ser un agente de "la inteligencia por cuenta de las autoridades sirias".

En un vídeo que circuló por aquel entonces en las redes sociales se le ve en el interior de un coche, rodeado de combatientes que le interrogan e insultan. 

Incluso durante ese periodo se mantuvo fiel a su color. "No me quité la ropa amarilla (...) y me la seguiré poniendo hasta la muerte".