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HERMOSILLO, México / AFP

El número de niños muertos, de entre tres meses y cuatro años, llegó el domingo a 41, mientras la vida de otros 12 pende de un hilo, luego de un incendio registrado en una guardería de la ciudad de Hermosillo (noroeste), en el estado mexicano de Sonora.

“En las últimas horas se han agregado tres fallecimientos más, teniendo una suma de 41 fallecidos hasta hoy (domingo) en la mañana”, dijo en conferencia de prensa Raymundo López, Secretario de Salud del estado de Sonora, al que pertenece Hermosillo.

El viernes, día del incendio, murieron 29 niños, y en los días siguientes la cifra fatal fue creciendo hasta llegar a 41 el domingo por la mañana, mientras otros 12 están muy graves. Entre los últimos niños que fallecieron está uno que tenía muerte cerebral y que fue desconectado.

El funcionario añadió que otros 22 menores heridos en el incendio, provocado por causas aún desconocidas, “siguen hospitalizados y (también) cuatro adultos”.

De los menores internados, “12 están sumamente graves y 11 han sido trasladados a otras ciudades; igual ha ocurrido con un adulto”, precisó.

Dos de los niños heridos fueron trasladados a Sacramento, California (Estados Unidos), a un hospital especializado en quemaduras.

El papa Benedicto XVI expresó este domingo que está “profundamente entristecido por la noticia de ese grave incendio”, y eleva “fervientes plegarias por el eterno reposo de los difuntos”, escribió el cardenal Tarvisio Berton, Secretario del Vaticano, en un telegrama dirigido al Arzobispo de Hermosillo, monseñor Massiac Salces.

Al visitar el sábado un hospital en Hermosillo, el presidente Felipe Calderón señaló que “ha sido una tragedia muy dolorosa para todos los mexicanos”, y luego visitó a algunos niños y “los animó para que logren su pronta recuperación”.

El inmueble del siniestro era un gran bodegón antes de ser una guardería que cuidaba sobre todo a niños pobres, ubicada en una calle sin asfalto, y que tenía sólo dos puertas, una de las cuales nunca se abrió. Además, contaba sólo con cinco ventanas en lo alto de sus muros, según la prensa local.

Hasta el momento, lo único que se sabe es que el incendio pudo haber sido originado en un depósito contiguo, rentado por la Secretaría de Hacienda estatal, al mismo dueño que operaba la guardería, concesionada por el Seguro Social mexicano.

En ese inmueble lindante a la guardería se observaba tras el incendio infinidad de papeles quemados, así como tres vehículos calcinados.

El sábado, en medio de escenas de llanto e incrédula desesperación, algunos menores fallecidos fueron sepultados.

La crudeza de la tragedia en algunas familias fue doble, como el caso de una madre de 21 años, que perdió a una hija, mientras que otra, tuvo que ser trasladada a Guadalajara (oeste) en estado grave.

El cortejo partió al cementerio sin la madre, que viajaba Guadalajara para estar con su hija de cuatro años, un año mayor que la que murió.

El incendio se registró el viernes durante la hora de la siesta de los niños, quienes quedaron atrapados entre el humo y las llamas que devoraron los pequeños colchones de cunas y camas altamente inflamables.

En ese momento, en la guardería había 142 menores.

En respuesta a los gritos de auxilio de las cuidadoras de la guardería, que lograron salir del centro infantil, un hombre de 40 años fue el primero en llegar y derribó a mazazos una pared.

Otro joven con su automóvil abrió boquetes en otro tramo de las paredes del jardín de niños para intentar oxigenar el lugar y salvar a los menores.

Algunos de los niños murieron al derribarse el techo de la guardería en el área de cunas.

El centro infantil ABC fue inspeccionado en mayo, y según el gobierno estatal contaba con todas las medidas de seguridad necesarias, como extintores, salidas de emergencia y rutas de evacuación.