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Lejos de la costa francesa, las gaviotas han impuesto su presencia en París desde hace tres décadas, anidando en los tejados para disgusto de algunos vecinos hartos de sus estridentes graznidos.

En otro tiempo, "en primavera, oíamos los gorriones. Era la señal para levantarse, muy agradable. Y ahora... ¡son esos graznidos roncos los que nos molestan!", se queja Anne Castro, psicoanalista y vecina de Belleville, barrio del noreste de la capital francesa frecuentado por estas aves.

"¡Es infernal! Escucharlas chillar, llorar.. es una catástrofe", se desespera Rodolphe Ghelfi, agente de seguridad y residente en el mismo vecindario.

La gaviota es un pájaro "vocal", cuyos graznidos tienen en cada caso una función particular. Su famoso "clamor", el que exaspera a tantos parisinos, puede oírse entre marzo y agosto, el periodo de anidamiento. Después, se vuelve silencioso.

En invierno no dudan en viajar varias decenas de kilómetros para alimentarse en vertederos . AFP/END

Pese a todo, la población de estos pájaros de la familia de las láridas, que comenzaron a reproducirse en París a principios de los años noventa, es reducida, aseguran los especialistas.

Para Jean-Philippe Siblet, ornitólogo del Museo Nacional de Historia Natural, París alberga "medio centenar de parejas reproductoras", la misma cifra que en 2013.

Se trata "en total, de unos cien adultos que producen (por pareja) de media tres crías por año". Las cuales abandonarán el lugar de anidamiento cuando crezcan y se hagan autónomas.

En su opinión, no se puede hablar de invasión de gaviotas: "hay un aumento innegable desde hace quince o veinte años pero (...) se mantienen en proporciones bastante razonables", nada que ver con lo que ocurre en "zonas costeras como Le Havre", puerto normando sobre el que planean aves marinas de todo tipo o Trouville, estación balnearia cuyo ayuntamiento hace algunos años tuvo que recurrir a drones para combatir la proliferación de nidos.

"Sinvergüenzas"

Porque las gaviotas molestan hasta el punto de ser llamadas "sinvergüenzas" en Marsella (sureste) en un comunicado oficial en el que por orden de la prefectura se autorizaba el sacrificio de esos animales.

La población de estos pájaros de la familia de las láridas, que comenzaron a reproducirse en París a principios de los años noventa, es reducida. AFP/END

Para Siblet, la creciente escasez de su alimento en el litoral, cuyo ecosistema se ha visto perturbado por las actividades humanas (ocio, negocio inmobiliario, etc), explica en parte por qué se han instalado en la región parisina. Estos pájaros omnívoros encuentran en lugares como París "comida relativamente abundante" en los desechos de los seres humanos.

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"En invierno no dudan en viajar varias decenas de kilómetros para alimentarse en vertederos a cielo abierto en las inmediaciones de la ciudad, allí se alimentan en abundancia, sufren menos mortalidad y regresan, más numerosas, al año siguiente", señala, recordando que la ausencia de depredadores en la región, fuera de los gatos y algunos zorros.

En todo caso, el ornitólogo no cree que la región vaya a asistir a una "explosión de gaviotas" en París. Y aunque su número aumentase, "su graznido es infinitamente más agradable que otras molestias" sonoras de la ciudad, arguye, aludiendo a "sirenas, gritos" o incluso la taladradora del vecino.