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A sus 86 años y con más de cuarenta libros publicados, Claribel Alegría no detiene ni cambia su labor diaria. Escribiendo largas horas en su ordenadora o dictando charlas ante auditorios nacionales o internacionales, Claribel gana el pan de cada día aprovechando la capacidad instalada con la que nació y las diferentes tecnologías aprendidas desde que escribió su primer poema. Alegría es su propia fuente de trabajo y, a la par, su mejor instrumento laboral. Tanto así que además de muchos premios y distinciones de diferentes países, en 2011, el Festival de Poesía de Granada llevará su nombre. Un nombre sonoro, campana clara y alegre que tañe anunciando que a su edad, en esta poeta nacida en Estelí de Nicaragua, la vida triunfa y continúa.

Claribel atribuye sus capacidades a sus padres. “Son los genes”, dice riéndose. Además, confiesa: “no sé a lo que le digo no. Me encanta asomarme a lo nuevo. Con la tecnología, nunca dudé en que quería una computadora cuando salieron. Ahora, estoy esperando que se abran seis chotes de rosas rojas en esta macetera. No hay que perder la capacidad de asombro. Me gusta leer, trabajar, estar en contacto con la naturaleza, conversar con la gente, con la juventud. No tengo rencor o envidia, ni miedo a la muerte. Pienso que está próxima. Tal vez será una experiencia bonita. Tengo curiosidad por todo”.

Tan curiosa es, que en enero de 2010, Claribel navegó hacia Cabo de Hornos. Quería conocer el albatros y las enormes olas que se forman en ese último rincón del sur de Sudamérica. Hacía menos de un mes que se había caído y dislocado algunas vértebras. Su médico le dijo que era “temeraria”. Es viajera incansable.

Envejecimiento, objeto de asamblea de ONU
El ejemplo de vida de Claribel coincide con la manera de vivir la edad consignada como reto en el Plan de Acción Mundial sobre Envejecimiento. Este contiene los principales documentos de la 2da Asamblea Mundial sobre el tema, convocada por Naciones Unidas y celebrada en abril del 2002 en Madrid, España. La recopilación, publicada por el Comité Nacional para el Adulto Mayor de Chile, plantea que “la tarea del envejecimiento y vivir una vejez activa, inserta en la comunidad social, es el gran desafío que debe enfrentar, en unidad, toda la sociedad nacional. Nadie puede restarse a este desafío porque, de una u otra forma, a todos nos afecta”.

El informe mundial, presentado en dicho evento en España por Kofi Annan, entonces Secretario General de Naciones Unidas, anuncia un aumento poblacional mundial que cuadriplica los seiscientos millones de personas que existían en 2002, a casi dos mil millones en 2050, “habrá en el mundo, por primera vez en la historia, más personas mayores de sesenta años, que menores de 15”. Agregó que el aumento en el número de adultos mayores se incrementaría en los países en desarrollo y la reducción de la población económicamente activa impactará en las pensiones y en la atención médica de los jubilados. ¿Quiénes son estos jubilados? Los que nacieron en 1985 y ahora tienen 25 años serán los viejos del 2050.

Quizás Claribel Alegría sea un paradigma no alcanzable para muchos de sus pares en edad, pero lo fundamental para triunfar sigue siendo la actitud ante la vida. Esta chispa puede verse en los ojos de Marina López, quien, a los 82 años, editó sus memorias que fueron ilustradas con dibujos suyos. Era su primer libro. Madre de cuatro hijas, viuda, Marina es pilar de la Fundación Universitaria de la Tercera Edad.

“Soy maestra de la Normal de Josefa T. de Aguerri y psicóloga de la primera promoción de la UNAN, en 1972. En la tercera edad aprendí a pintar y vendo mis cuadros. La tercera edad es un reto que me ha cambiado la visión. Ahora me conozco más, sé que tengo derecho a divertirme y que el envejecer puede ser social pues el entorno influye mucho”, explica Marina, quien recientemente estudió un diplomado en Gerontología, vía internet, de la Universidad Católica de Chile.

Una encomiable fundación
El prestigioso psiquiatra y ex Rector de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, Dr. Humberto López, encaró el asunto desde joven participando en reuniones internacionales sobre la vejez. Sus colegas eran importantes científicos que le llevaban hasta treinta años. Entonces inició el proyecto de la Fundación Universitaria de la Tercera Edad, Funite, que es ya un movimiento latinoamericano, según dice con orgullo. En ella, el Doctor López y unos 500 afiliados, como Marina, trabajan por el empoderamiento de los viejos.

En su restaurante de sopas, que sus amigos llamaban El Mondongo del Rector, en Belmonte, Managua, López unió grupos de personas que tenían ya cuatro décadas vividas para que socializaran como “los cuarentones” y según iba envejeciendo él mismo, se convirtieron en los cincuentones, sesentones y sucesivamente. A los 75 años es nuevamente catedrático, vive plenamente y mantiene una apretada agenda como psiquiatra.

“Muchas veces la sociedad no acepta la vejez porque no hay una cultura de viejos y empiezan a descalificarte, o te descalificás usando el concepto de viejismo. Éste es peyorativo de la vejez. La persona empieza a excluirse, a decir: “ya eso no es para mí. Yo ya no estoy para eso. Ya pasó mi tiempo”.

Explica López que una persona debe mantenerse mental y físicamente ejercitada, socialmente activa y productiva, según sus intereses. “Muchas veces la persona mayor se margina hacia lo negativo. No nos atrevemos a continuar con la vida social, científica, cultural, etc., que hemos tenido. Muchos viejos recuerdan el pasado con nostalgia, con tristeza y no con gozo. Añoran lo perdido y no lo ganado, porque a medida que envejecemos acumulamos pasado”.

López aconseja el envejecimiento exitoso para salir de esa espiral de negatividad. En el mismo, es importante seguir la alimentación adecuada, tener actividad mental, física, y contactos sociales, amistades.

Esta propuesta coincide con parte de las conclusiones en 2005 de un informe de término medio del BID, que, tres años antes, empezó a administrar $750,000 del Fondo Especial Japonés y $330,000 en especie de algunas filiales (Argentina, Chile, Perú, Uruguay) de la red de adultos mayores Tiempos, contrapartes del proyecto. El objetivo general es reducir la pobreza y mejorar la calidad de vida en los adultos mayores de bajos ingresos. Según el BID, los resultados obtenidos “demuestran que el camino de empoderar a la sociedad civil de adultos mayores, puede llevarlos a la inserción socioeconómica y ciudadana y aumentar su participación directa en la tarea de propiciar y pactar con el resto de la sociedad, el Nuevo Contrato Social Intergeneracional que exige la nueva etapa del desarrollo y situación demográfica actual”.

Educación y tecnología básicas para empoderarse y reinsertarse
Ser una escritora como Claribel Alegría implica empeño en su oficio. Cierto es que nació poeta, pero ha trabajado cada verso desde entonces. La excelencia implicó para ella haber leído todos los libros que pudo desde niña, así como trabajar su escritura durante años bajo la férrea dirección de Juan Ramón Jiménez, el poeta español, premio Nobel, que llegara a nuestra educación a través de su famoso Platero y yo. Alegría finalizó en 1948 su licenciatura en Filosofía y letras de la Universidad George Washington, en Washington, D.C., Estados Unidos, y continuó adiestrándose con sus lecturas en español, inglés y francés. Claribel está integrada a la tecnología a través de su moderna computadora con la que escribe, navega y se comunica con hijos, amistades, lectores, agentes literarios, universidades del mundo.

La licenciada Natalia Barillas, Rectora de la Universidad Juan Pablo II, en Nicaragua, imparte diplomados en gerontología y cursos de emprendedores de negocios para adultos mayores, quienes luego inician empresas familiares. Dolores Ruiz, una de ellas, sabe que reinvertir es básico para la compra y venta. “Reinvierto y lo último es mi ganancia”, dice. Barillas agrega que “el adulto mayor también puede cumplir con muchas tareas para reinsertar en la sociedad a otros adultos mayores y, además, promover su respeto, porque así tiene voz y voto en su familia, y no se le arrincona”.

Según datos del estudioso analista económico, Adolfo Acevedo, en Nicaragua hay 364 mil personas mayores de 60 años en 2010. “El 90% de ellos no tiene previsión social”, señala la Licenciada Rafaela Morales, directora del Programa Adulto Mayor de la Universidad Politécnica, que con asociaciones de jubilados, UNAN León-Managua, UCA, UNA, UNI, Agricultura Rivas, Ucatse) y la Juan Pablo, trabajaron la ley que entrará en vigencia en septiembre para cobijar al adulto mayor.

Cifras del Instituto Nacional de Información sobre el Desarrollo señalan que en 2005, la población nicaragüense en edad de trabajar era de 4,090, 101. En ese año, la población ocupada en el sector formal y el informal, era 55.1% de hombres, 44.9%, mujeres. El índice global de desempleo era de 7.8 en hombres y de 6.1 en mujeres. En 2006, la tasa específica de desempleo abierto era 13.1 para el hombre, 7.2 para la mujer. En las personas de más de 65 años, era del 3.3 % dividido en 4.2, hombres, 1.4, mujeres (menor el de la mujer).

La cuestión Género y la pobreza
El Sistema de Indicadores con Enfoque de Género presentado en 2008 por Inide con el Instituto Nicaragüense de la Mujer, plantea que “hay evidencias que en el mercado de trabajo hay discriminación entre el hombre y la mujer.” El estudio también revela que “no se toma en cuenta que un porcentaje mayor de mujeres trabaja sin remuneración”.

El aporte de las amas de casa en sus hogares no es reconocido ni por ellas mismas y se convierte en “el trabajo invisible de la mujer”, pues tampoco se nota porque desaparece diario, aunque cotidianamente limpian, lavan, cocinan, cuidan a la familia. Las abuelas también quedan al cargo de los nietos y el trabajo del hogar para que sus hijas obtengan un sueldo. A ellas no les pagan porque “no trabajan”, como usualmente dice la mujer que cuida de su familia. Es la feminización de la pobreza y vejez.

Pero hay quienes saben que su trabajo vale y quieren ejercer su profesión. Así, tras escuchar una charla sobre la salud en Pelscam (Programa educativo, laboral, salud y cultura del adulto mayor), Dominga Obregón, Betty Miranda, y Marlene Centeno están pensando reinsertarse al mundo laboral a través de una microempresa que ofrezca su experiencia como enfermeras jubiladas. Unirse para trabajar es una oportunidad. Hay gente que requiere enfermeras para cuidar de sus familiares. A su lado, Luisa Suárez habla de su proyecto de vender comida.

Todas acuden a la Delegación Julio Buitrago, del Instituto Nacional del Seguro Social donde tanto el Presidente Nacional de la Asociación de Adultos Mayores, Licenciado Guillermo Mejía Baltodano, reconocido mercadotecnista, como el Licenciado Leoncio Varela Torres, Coordinador institucional del PELSCAM, son sumamente activos. Ellos han conseguido entrenamiento para los jubilados en computación, manualidades, etc., con diversas embajadas y el Instituto Nacional de Tecnología. Ayudarse a sí mismo
En el estudio con la red de adultos mayores Tiempos, el BID afirma que estos pueden asumir un papel activo-más allá de la denuncia y las reivindicaciones-en sus propios problemas que les daría fuerza moral para exigir y lograr más apoyo social y estatal. Uno de los puntos de la agenda propuesta es fortalecer la seguridad económica del adulto mayor, con acceso al empleo y créditos para sus iniciativas.

La conclusión es que el adulto mayor debe ayudarse a sí mismo. Por eso, aprovechando la vitalidad, capacidad de asociación y creatividad propia, podría visibilizarse con iniciativas en beneficio de la comunidad. ¿Qué tal una campaña de Nicaragua limpia y sana llevada a cabo por sus mayores, como ejemplo nacional hacia el resto de la sociedad? La unidad de los vigores dispersos que están realizando las diferentes asociaciones de adultos mayores puede ser la clave para un movimiento nacional en beneficio de la salud de Nicaragua, su autoestima nacional y la integración de sus viejos al Consejo Nacional de Ancianidad Sabia.