Silvia González
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A dos años de las elecciones municipales calificadas como las más fraudulentas en la historia del país, ¿cuál es la legitimidad que tienen los gobiernos municipales electos bajo esas sospechas?

Para contestar esa pregunta, el Centro de Estudios y Análisis Políticas (CEAP), miembro de la Red Nicaragüense por la Democracia y el Desarrollo Local, realizó un estudio en 27 municipios, 22 donde hubo denuncias de fraude y cinco donde no la hubo, lo cual significó 7,600 personas encuestadas.

Los resultados fueron recopilados en el libro “Legitimidad municipal. Origen y desempeño de los gobiernos electos en 2008”, el cual será presentado mañana en el auditorio central de la Universidad Americana, UAM. Sin embargo, el director del CEAP, Silvio Prado, habló con EL NUEVO DIARIO sobre los principales hallazgos del estudio.

Cuando hablan de medir la legitimidad de los gobiernos municipales, ¿qué se entiende por legitimidad?
En este estudio comparamos la legitimidad de origen --que es la que se otorga en las elecciones--, con la legitimidad de desempeño de los gobiernos. Los gobiernos funcionan con dos legitimidades, la que reciben en las urnas y la que obtienen todos los días con la ciudadanía. Entonces, para nosotros, es esa cualidad que reciben las autoridades de parte de la ciudadanía por dos vías: por una vía política en las elecciones y con la aprobación o desaprobación que merece su gestión.

¿Cuál fue el punto de partida para decidir medir la legitimidad de los gobiernos municipales?
Fue esencialmente que las elecciones de 2008 arrojaron un saldo preocupante sobre la legitimidad de gobierno, gobiernos sometidos a mucha duda, con sospechas de fraude. Entonces, como municipalistas nos preguntamos: ¿Qué pasa con estos gobiernos que fueron electos bajo las sospechas de fraude? ¿Hasta qué punto estos gobiernos, haciendo una buena gestión, están recuperando una legitimidad que perdieron de inicio porque los eligieron de forma poco transparente, o hasta qué punto están confirmando esa ilegitimidad? El cálculo es que hay más o menos un 47% de la población que está conviviendo con gobiernos electos bajo serias dudas, es decir, unos 40 gobiernos municipales, y eso es una preocupación para la gobernabilidad de este país.

¿Pero realmente la población piensa en que está viviendo con un gobierno que no fue electo legítimamente?
Nos hallamos que no en todos los municipios donde hubo acusaciones de fraude la gente considera que hubo fraude; y no en todos los municipios donde no hubo sospecha de fraude, la gente está de acuerdo con eso. ¿Qué nos indica eso? Que aun en aquellos casos donde aparentemente la elección fue justa, hay dudas… El desempeño de las elecciones tan irregular ha manchado la credibilidad en los procesos electorales y hay dudas en la población.

La gente se acuerda del fraude, acepta que hubo fraude, y hay sitios donde este reconocimiento es altísimo, como el caso de León, pero hay sitios donde además de que la gente lo reconoce, se acuerda de esto. En el municipio de Ometepe un señor nos dijo: “Ni que pavimenten el Lago Cocibolca de oro se nos va a olvidar el fraude”.

¿Estos gobiernos se están legitimando a través de su gestión o están calando en su ilegitimidad funcionando partidariamente?
No es blanco y negro. Hay algunas alcaldías electas de forma fraudulenta que han logrado enmendar su gestión. El caso de Managua es el más claro, la opinión que recibe la gestión de la alcaldesa no es mala. Además de encuestas, hicimos entrevistas a informantes calificados, y te dicen que hay barrios donde está haciendo una buena gestión a pesar de lo criticada que ha sido. En Managua la gente dijo: “Hubo fraude”, y te dan ejemplos; le pedimos a la gente que nos dijera qué tipo de fraudes hubo y nos dieron 14 tipos de conductas de fraude.

Las gestiones donde responden de forma exclusiva las alcaldías, ahí hay una buena aprobación por parte de la población. Donde la gente ve más clientelismo es en aquel tipo de políticas o de programas que llegan a la Alcaldía, pero que son del gobierno central, la gente se queja de que se está haciendo clientelismo porque dicen: “Se están entregando sólo a gente del Frente Sandinista”. Ahí tienen un problema, porque esta gestión de bienes y servicios llegados del gobierno central no les ayuda, más bien arruina la imagen de las alcaldías.


Pero a fin de cuentas, ¿un gobierno municipal se puede legitimar a través de su gestión?
Hay casos donde los gobiernos han hecho una gestión más universal, donde no han sido tan excluyentes, y están recuperando su legitimidad. En Managua, donde la percepción estaba dividida, se está recuperando. En el caso de Masaya hay una buena valoración de la gestión, lo cual le está ayudando para lavarse la cara. En Sébaco, la gente dice: “Aquí hubo fraude, pero se está haciendo una buena gestión”. Además, que ahí la gente está haciendo contraste con los gobiernos anteriores que habían sido deficientes.

Pero eso no quiere decir que se olvide (el fraude). Hay municipios donde la actitud hacia las alcaldías es más doctrinaria, es menos racional y dicen: “Hace una buena gestión, pero somos liberales de cepa”, o como dicen en Santo Tomás, Chontales: “Nos acostamos con un alcalde y nos levantamos con otro, aquí se la robaron y no le vamos a perdonar esta jugada”. No es tan claro siempre, pero es evidente que hay lugares donde la actitud de la gente que se acuerda del fraude es mucho más fuerte.


¿Cuál es la lección que deja el fraude en cuanto a legitimidad de los gobiernos municipales?
La legitimidad política, la de las urnas, importa muchísimo, porque la principal queja de la gente está en el tema político. Una lección importante es que la legitimidad política no es menospreciable para la gente frente a sus necesidades. Una lección importante es que un buen desempeño es fuente de una buena valoración.

Otra es que la gente no acepta las figuras políticas que interfieren en la gestión de los alcaldes, y concretamente una constante en las quejas de la población fue el papel de los secretarios políticos, que cuando no son alcaldes actúan como los verdaderos alcaldes. Por ejemplo, decían algunos concejales: “De nada sirven las discusiones en el Concejo si todo se decide en la casa del Frente”; y la gente: “De nada sirve las consultas del presupuesto si ya todo viene cocinado”.

Está pendiente el debate de qué es más importante para la población, el bienestar o la democracia. Les preguntamos si votarían por las actuales autoridades si se vuelven a presentar (a las elecciones), y hay un alto porcentaje que dijo que sí, pero te dicen con otra forma de gestión, con otra forma de incorporación de la ciudadanía a la gestión de los asuntos públicos, y ahí te deja la enseñanza de que no es cierto que la gente se traga todo lo que le resuelva los problemas, porque la forma como están resolviendo los problemas o atendiendo a la gente en muchos aspectos es excluyente.


Las alcaldías donde el gobierno fue electo bajo denuncias de fraude, ¿funcionan con líneas partidarias?
No sólo eso, sino que funcionan como agencias del gobierno central, es decir, funcionan sin autonomía, cosa que ya sabíamos. Nosotros le preguntamos a la población: “¿A quién escucha la Alcaldía: a toda la población, a los allegados al partido de gobierno o a lo que dice el gobierno central?”, y la mayor respuesta que obtuvimos fueron estas dos últimas.