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La “Ciudad de las Brumas” parece tener bajo control la plaga de la basura, ya que la Alcaldía cuenta con suficientes vehículos para recoger y depositar los desechos sólidos producidos a diario por la población, sin embargo, las autoridades lamentan que el problema de insalubridad esté relacionado con el mal hábito de algunos ciudadanos que, desde los buses de transporte colectivo --tanto urbanos como rurales-- tiran desechos por las ventanillas.

Alfredo Chamorro, Director de Servicios Municipales de la Alcaldía de Jinotega, manifestó que se está gestando una Ley para que todas las instituciones del Estado se involucren, y este problema no sea una carga solo de las alcaldías.

“Nosotros nos encargaremos de la parte operativa, y la parte financiera será tarea de las demás instituciones”, dijo Chamorro, respecto de cómo enfrentarán el problema de la recolección y de la eliminación de la basura.

La comuna jinotegana cuenta con siete camiones recolectores de basura: cuatro  tipo volquete y tres compactadores, con capacidad para recoger 1,860 metros cúbicos de desechos por semana.

“Si comparamos lo que producimos (de basura) en la ciudad, que son 1,179 metros cúbicos, quiere decir que tenemos capacidad para satisfacer las necesidades de la población”, explicó el funcionario municipal.

El problema es que, si bien los camiones pueden recolectar 680 metros cúbicos más de basura, en la realidad y de momento solo trabajan cuatro de los siete vehículos, y estos recogen hasta el 85% de los desechos que hay en la ciudad de Jinotega.

Tres de los camiones están en mal estado, y para repararlos la comuna necesita invertir C$600,000. “Presumimos que dentro de unos diez días estarán funcionando los siete (vehículos)”, comentó Chamorro.

Retos
Pese a los logros, las autoridades municipales ven con preocupación el mal manejo que los dueños de huertas y de cafetales dan a los desperdicios, y que terminan contaminando directa o indirectamente ríos y quebradas, al tirar cerca de las fuentes de agua los envases vacíos de productos tóxicos (plaguicidas), así como las aguas mieles de los beneficios.

De momento, diferentes instituciones interesadas en cuidar el medioambiente, elaboraron el “Plan de acción comunitaria de desechos sólidos para prevenir enfermedades en la familia”, cuyo propósito es reducir al máximo los efectos que causa la basura en la salud de la población jinotegana, pero los resultados aún son incipientes.
23 familias viven en basurero

Al botadero municipal Los Pinos, ubicado a tres kilómetros al sur de la ciudad, se han trasladado a vivir 23 familias de diferentes comunidades del departamento de Jinotega, las que sobreviven de la recolección de desechos reciclables.

Uno de esos recolectores es Carlos Alberto Real, quien resiente la competencia que le hace “la mayoría de los camioneros (que) también reciclan, por eso estamos recogiendo menos, pero aun así recolectamos diario por familia unos 15 kilos de botellas, 20 libras de hierro, dos libras de aluminio, y, con suerte, alguna libra de cobre”.

Las familias del vertedero viven en casas de plástico y no cuentan con servicios básicos. “Quemamos las llantas para alumbrarnos por las noches, y a la vez aprovechamos para sacarles el alambre que traen en su interior. Para obtener agua, caminamos diario más de un kilómetro, y un ciudadano nos regala de su propiedad”, explica.

Santos Isidra Meza vive desde hace siete años en el basurero con 11 miembros de su familia, siete son niños, pero la mayoría “churequea” para sobrevivir, “con excepción de cuatro de mis hijos, a los cuales, con lo que saco de la venta de basura, los mando a estudiar a la ciudad”, explica.

Meza cuenta que trabajan “todos los días de siete de la mañana a siete de la noche, doce horas bien jaladas recolectando, clasificando y empacando el material”.

Proyecto para reciclar
Por ahora, ninguna institución gubernamental tiene establecido un sistema de tratamiento de la basura. Solo existe un edificio acondicionado, en las nuevas instalaciones del Mercado Municipal, que servirá para eso. Además, hay una iniciativa de una empresa española para poner a funcionar este lugar de tratamiento, pero se necesita el aval del Ministerio del Ambiente, Marena, para ejecutar el proyecto.

Una vez avalado, la empresa podrá funcionar y los pobladores de la ciudad de Jinotega y de los municipios cercanos, como San Rafael del Norte, La Concordia y Yalí podrán venir a depositar los desechos difíciles de eliminar, como llantas y aceite negro, entre otros, para disminuir la contaminación del ambiente.

Basura es dinero
Los colectores de basura sacan provecho a todo lo que se a reciclable. Las botellas plásticas las venden a C$5 por libra, y los desechos de plástico sólido (baldes, sillas, cajillas) a C$4.  El aluminio a C$13 por libra, el bronce a C$35 y el cobre a C$60 por libra.

Barrios saludables
El doctor Renato Quintero, director del Centro de Salud “Guillermo Matute”, afirma que cuentan con solo seis técnicos especializados en el área de salud ambiental, dividida en dos secciones: Higiene y Epidemiología.

A ellos les corresponde trabajar en los 47 barrios de la ciudad y en las 170 comunidades del municipio de Jinotega. “Es muy difícil darnos abasto, sobre todo en la parte rural; por eso trabajamos de la mano con las demás instituciones”, enfatizó Quintero.

“La basura, al acumular vectores, provoca una serie de enfermedades. Por eso, nuestra línea de acción es de prevención y asistencia técnica a las comisiones y subcomisiones, sean estas municipales, territoriales o en los barrios”, explicó.

El Minsa tiene la tarea de visitar mes a mes los lugares donde hay mayor acumulación de basura, de vectores y mosquitos transmisores de dengue, priorizando los barrios según los niveles de riesgo.

Los barrios más afectados en la ciudad de Jinotega son el “Carlos Rizo” 1 y 2, ubicados en la parte noreste; el “Germán Pomares” en la parte este; así como Linda Vista Sur y los barrios aledaños al mercado municipal, como el “Camilo Ortega”, Sandino, Gracias a Dios y “Alfredo Alegría”.

“Enseñamos a la gente qué es lo que debe botar, porque a veces prefieren botar la rama verde de un árbol y dejan la lata llena de agua.

Hay que enseñarle a la gente que se desprenda de las cosas que son nocivas para su núcleo familiar”, comentó Quintero.

El barrio San Antonio, ubicado en la periferia norte de la ciudad, era uno de los que presentaba más acumulación de desperdicios, tanto que hasta se dio un caso de leptospirosis, pero la población ha colaborado y ahora es un barrio ejemplar, según la valoración del Minsa.

“La gente nos llama por teléfono para avisarnos si alguien está tirando basura, eso denota que ya ellos están comprometidos con este problema”, concluyó el médico.