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Desde la vista panorámica que ofrece el Malecón de Masaya, al lado norte de la laguna de esta ciudad, se observa cómo cae al recurso acuático una cascada de aguas servidas acompañada de basura.

La razón de esta contaminación es que “hace falta una planta de tratamiento que cuesta alrededor de 20 millones de dólares”, expresó la vicealcaldesa de Masaya, María Elena Velásquez.

Y es que este problema es de nunca acabar, pues en la temporada lluviosa los desechos sólidos de esta cabecera departamental y de los municipios La Concepción, Masatepe, Nandasmo y Nindirí son arrastrados por las corrientes hasta caer al manto acuífero.

“Se han realizado estudios y se han hecho proyectos de drenaje pluvial para evitar que la basura caiga en la laguna. Se ha hecho un esfuerzo, pero las personas no dejan de botar desechos en los cauces. Toda la orilla de la playa de Venecia está llena de desechos, donde botellas plásticas y bolsas flotan en la superficie”, reconoció la vicealcaldesa.

Hay que buscar fondos

Esta situación está matando a la Laguna de Masaya, que es una de las reservas de agua más importantes del departamento.

Para la funcionaria, no todo está perdido. “Hay que unirnos y encontrar fondos para tratar las aguas negras y pluviales. De nosotros depende que nuestros nietos tengan esta reserva acuífera. Todavía se puede hacer algo”, comentó la segunda al mando de la comuna.

No atienden advertencias

En Masaya se han instalado rótulos que advierten a la población que si botan basura en lugares indebidos deberán pagar multas de C$500 a C$5,000 en dependencia de si se trata de una persona natural o jurídica.

Sin embargo, cuando se ha aplicado la ley contra los que tiran basura, estos se declaran en bancarrota.

“Cómo vamos a multar a las personas si cada vez que son sorprendidas nos dicen lo mismo, que con costo tienen para comer”, manifestó Velásquez.

La Alcaldía de Masaya limpia dos veces al año el cauce principal, de más de cinco kilómetros, que desemboca en la laguna. En algunos puntos, la limpieza se hace de forma manual, pero en otros se utiliza la maquinaria pesada con la que cuenta la comuna.

Rosario Mejía, habitante de Villa Guadalupe, pidió a las autoridades que pongan mano dura contra las misceláneas, ya que muchos dueños de estos negocios no les importa echar los desperdicios a los cauces.

“No comprenden que los únicos perjudicados somos nosotros mismos, porque toda esa cochinada cae en la laguna y no tenemos conciencia del daño ambiental que provocamos”, aseguró la pobladora.

EL NUEVO DIARIO intentó conocer la versión de Manuel Rocha, delegado de Enacal en Masaya, sobre la planta de tratamiento, pero nos informaron que andaba en Managua en una reunión.